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La hiperactividad de los críticos de Vox no cesa y complica las negociaciones con el PP

Las negociaciones entre PP y Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León se complican por la injerencia de críticos de Vox y la supuesta influencia del secretario general del PP, Miguel Tellado

Abascal y Feijóo, durante un pleno en el Congreso

Abascal y Feijóo, durante un pleno en el Congreso / José Luis Roca

Mariano Alonso Freire

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Madrid
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Las negociaciones entre el Partido Popular (PP) y Vox en Extremadura y Aragón, donde el tiempo apremia con el límite en los primeros días de mayo para evitar una repetición electoral, y en Castilla y León, donde aún deben constituirse las Cortes, aparecen aún como una incógnita. Ni María Guardiola ni Jorge Azcón, presidentes en funciones de la Junta de Extremadura y del Gobierno de Aragón, respectivamente, saben a ciencia cierta si podrán revalidar el cargo al que llegaron hace tres años.

Pero sí hay una certeza, o dos. La de que la presencia en las negociaciones del secretario general del PP, Miguel Tellado, no ayuda, o al menos desagrada notablemente a la cúpula de Santiago Abascal, y la de que la tournée mediática de los críticos de Vox, con el ex portavoz Iván Espinosa de los Monteros y el ex secretario general y aún diputado Javier Ortega Smith a la cabeza, complica todavía más las cosas. Y ambas cuestiones no estarían desconectadas, según el parecer de Abascal y los suyos, dado que la mano derecha orgánica de Alberto Núñez Feijóo sería, siempre según la versión que traslada la formación de la extrema derecha, la mano que estaría meciendo la cuna de ese protagonismo mediático de los críticos, sobre todo por producirse, explican fuentes de Vox, en medios conservadores en los que tendría gran influencia Génova, algo negado vehementemente por la cúpula popular. "No nos preocupa tanto que esté o que no esté. Lo importante es que no incordie", señala sobre Tellado un hombre fuerte de Vox.

La semana que viene empezará con una intervención estelar, el lunes a primera hora, de Espinosa de los Monteros en los desayunos del Ateneo de Madrid, uno de los foros de moda este curso en la capital, impulsado por un grupo plural de periodistas que cubren información política y parlamentaria. Algo que viene precedido de otra entrevista, la enésima, de Ortega Smith, como la que publicó este sábado El Mundo en la que reitera sus acusaciones contra lo que considera un comportamiento "feudal" del partido, señalando que junto a Abascal son los empresarios Julio y Gabriel Ariza, padre e hijo, y el asesor áulico del presidente de Vox, Kiko Méndez-Monasterio, quienes controlarían con mano de hierro la formación, valiéndose de ella en su beneficio.

Un triángulo de intereses

Ortega Smith, entre otras cosas, reitera que Méndez-Monasterio cobraría un salario de unos mil euros al día, especie que ha repetido en diversos plenos parlamentarios el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para echársela en cara a Abascal, y que este ha negado de manera tajante. Hasta el punto de que en el último debate en el Congreso de los Diputados, el celebrado con ocasión de la guerra en Irán, el líder de Vox le espetó al jefe del Ejecutivo que le agradeciera a Feijóo el arsenal argumental con el que le iba a atacar.

Es decir, que para Vox hay incluso un triángulo de intereses que uniría subrepticiamente al sector crítico, cuyas acusaciones agitaría el PP para que finalmente puedan servir de argumento del PSOE en su contra. Dicho con el lenguaje de la sala de máquinas de Vox, que Tellado seguiría "incordiando", y eso no ayuda a que las conversaciones lleguen a buen puerto. Casualidad o no, en el último encuentro entre ambos partidos, el celebrado este pasado miércoles en Zaragoza, el número dos del PP se ausentó, y la máxima representación de la dirección correspondió a Marta Varela, diputada y jefa de gabinete de Feijóo, una figura desconocida para el grueso de la opinión pública pero clave en el engranaje interno del primer partido de la oposición. Una circunstancia que desató multitud de especulaciones, hasta que se supo que Tellado había compartido esa misma mañana con Feijóo un desayuno de trabajo con Isabel Díaz Ayuso y el Gobierno de la Comunidad de Madrid, el mismo día en que el presidente del PP se rodeó de ayusistas en un acto en Madrid para lanzar su propuesta más agresiva en materia de bajada de impuestos.

Sea como fuere, este clima no se antoja el propicio para unas negociaciones que sin embargo, al nivel puramente autonómico, no marchan por mal camino. Antes al contrario, a pesar de las discrepancias entre ambas formaciones, focalizadas en cuestiones migratorias (menos que en 2023, dado el giro imprimido por Feijóo en la materia), de agenda verde o social, esto último en referencia fundamentalmente a las consideradas despectivamente por Vox como "ideologías de género". Aunque no solo de cuestiones programáticas hay que tratar, sino del dilema quizás más esencial que tiene Abascal sobre la mesa, el de si entrar o no a formar parte de gobiernos de coalición. En 2023 decidió hacerlo para abandonarlos abruptamente solo un año después, algo que también ha enturbiado las relaciones entre el PP y Vox. Ahora solo el tiempo, cada vez más apremiante, dirá.

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