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De la política, ¿se sale? (XVIII)

Assumpta Escarp: "Me hubiera gustado cambiar algunas estructuras de poder dentro del PSC"

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La socialista Assumpta Escarp, exdiputada del Parlament y exconcejal de Barcelona

La socialista Assumpta Escarp, exdiputada del Parlament y exconcejal de Barcelona / Sandra Román / EPC

Sara González

Sara González

Barcelona
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Hace ahora justo un año que la socialista Assumpta Escarp (Terrassa, 1957) puso punto y final a una trayectoria en política institucional de más de 20 años, doce de ellos como concejal en Barcelona y, los últimos nueve, como diputada en el Parlament; aunque continúa haciendo lo que ella denomina "misiones especiales". Es decir, prestando consejo a quien se lo pide en confianza o en el Consell Assessor del Pacte per Ciutat Vella del alcalde Jaume Collboni. Y, cuando no, puede estar entrenando 'pilates reformer', cantando en una pequeña coral, o echando una mano en dos fundaciones dedicadas a la salud mental. Admite, eso sí, que recolocarse en la nueva vida como 'jubilada' le ha requerido un tiempo porque la política, aunque sea ya despojada de todo cargo, la lleva dentro.

Tenía ganas de disfrutar, de no sufrir por la gestión diaria y de hacer cosas con retorno social

"De lo que estoy más contenta es de haber tomado yo la decisión. Tenía ganas de disfrutar, de no sufrir por la gestión diaria y de hacer cosas con retorno social", relata, a sus 69 años, con un café americano humeante entre las manos. En realidad, se fue justo cuando el PSC, su partido, entraba por la puerta de la Generalitat tras 14 años en la oposición, pero "en algún momento" debía decir 'hasta aquí', y lo hizo cuando se dejaban atrás años de alto voltaje político marcados por el 'procés'. Además, no hubiera tampoco asumido responsabilidades en el Govern y si algo la caracteriza es su pragmatismo y discreción, ya sea para gestionar un asunto público o un tema personal.

De la etapa municipal al Parlament

Su trayectoria la divide en dos: la etapa municipal y la parlamentaria. En la primera, estuvo en los gobiernos barceloneses de Joan Clos y Jordi Hereu, asumiendo carteras duras como seguridad, movilidad o urbanismo, además de cuatro años en la oposición durante la etapa de Xavier Trias. "Lo peor, sin duda, es la gestión de las emergencias cuando hay afectaciones personales", asegura. La marcó muy especialmente un episodio de viento muy fuerte en el que cayó un muro en Poblenou provocando una víctima mortal. Y no tiene problema en hacer autocrítica de cómo gestionó su partido el caso Hotel del Palau. "Hubo una falta de diálogo y de empatía con Itziar González", asegura sobre la exconcejal de Ciutat Vella que denunció el escándalo de corrupción urbanística.

Hubo una falta de diálogo y de empatía con Itziar González

No se libró tampoco de ciclos convulsos en el Parlament, donde aterrizó en el año 2015, ya en plena ebullición del 'procés', que define como la etapa "más dura". También a nivel personal, puesto que sufrió un infarto en 2017. Se reincorporó, pese a que su familia le decía entonces que lo dejara. "Me costó, los plenos eran interminables y se perdía la capacidad de convivencia", asegura sobre el clima crispado de entonces en el hemiciclo.

Pero la situación dio un vuelco en las dos legislaturas siguientes, donde como vicepresidenta segunda de la Mesa hizo migas tanto con la expresidenta del Parlament Laura Borràs, con quien no ha perdido el contacto, como con la republicana Alba Vergés, con quien gestionó codo con codo la vicepresidencia del órgano y tejió una amistad. "Hay que entender al contrario y generar confianzas", defiende. De hecho, si hay algo que recomienda al Govern de Salvador Illaes "invertir muchas horas en negociar" con la oposición. "Hay que gestionar, pero también hacer política, saber explicar a la gente lo que se está haciendo. Hay que poner orden, pero ser empático", reflexiona.

Barcelona. 22 de enero del 2026. Retratos de Assumpta Escarp para la secció, De política se sale. Fotos de Sandra Roman

Escarp, durante la entrevista con EL PERIÓDICO / Sandra Román

Los deberes pendientes

Pero hay aún una tercera dimensión, que es la orgánica dentro del PSC. Porque Miquel Iceta confió en su mano de hierro en 2014 para ponerse al frente de la secretaría de organización del partido, justo en la etapa de la diáspora en la que pesos pesados del ala soberanista del socialismo rompían el carné y se encajaban derrotas electorales históricas. "Yo vengo del PSUC y del sector catalanista del PSC. Fue muy duro ver cómo se iban compañeros como Marina Geli y Quim Nadal, a quien conozco desde la universidad, y arremangarse en una época de pérdida de diputados, escisión y crisis económica en el partido", reconoce.

Yo vengo del PSUC y del sector catalanista del PSC; fue muy duro ver cómo se iban compañeros como Marina Geli y Quim Nadal

Solo fueron dos años, pero valieron por diez. "Pese a ser doloroso, Iceta hizo un trabajo extraordinario. Aguantamos la marca y los valores", sentencia. Precisamente fue Illa su sucesor en el cargo en 2016. Pero una espina sí que tiene clavada de su paso por la sala de máquinas: "Me hubiera gustado cambiar algunas estructuras de poder dentro del partido, ayudar a impulsar cambios estructurales que creo que se tienen que hacer". Deberes, pues, que considera pendientes mientras ella ya lo escudriña desde la distancia, de la misma manera que asegura que observa su querida Barcelona "como aquel jubilado que mira las obras" o "aplaude" a Illa desde el sofá cuando responde en el Parlament a Sílvia Orriols, de Aliança Catalana. "Hay que hacerlo, con contundencia, porque no todo vale", concluye.

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