PP-Vox
Santi (Abascal) y Juanma (Moreno Bonilla), dos chicos de Nuevas Generaciones cuyos caminos se entrelazan
Santiago Abascal y Juan Manuel Moreno Bonilla, con trayectorias políticas paralelas, podrían verse obligados a negociar tras las elecciones andaluzas del 17 de mayo

Santiago Abascal y Juanma Moreno Bonilla, en el año 2000, cuando el primero era el líder de Nuevas Generaciones en el País Vasco y el segundo el presidente nacional de la organización juvenil. / EFE / David Aguilar

A uno lo nacieron en Bilbao en 1976, aunque su patria chica, como dice siempre con orgullo, es Amurrio, un pequeño pueblo de Álava; al otro en Barcelona en 1970, ciudad de la que ni siquiera tiene recuerdos, pues a los tres meses su familia regresó a su verdadera tierra, Málaga. Ninguno destaca por un gran currículum académico, que apenas suma entre ambos una licenciatura en Sociología y alguna titulación menor, ni proviene de familias adineradas o de alto prestigio profesional. Sus caminos estuvieron muy estrechamente ligados durante años hasta que se separaron, pero ahora vuelven, de alguna manera a juntarse. Y nadie puede discutir, en la España de 2026, que se trata de dos de los dirigentes políticos más importantes del país, de su presente y puede que de su futuro.
Las vidas algo paralelas de Santiago Abascal Conde y de Juan Manuel Moreno Bonilla han discurrido por variados vericuetos hasta su instante actual. El primero, líder del tercer partido político de la cuarta economía de la Unión Europea (UE), el segundo presidente del Gobierno de la comunidad más poblada de ese país. Una circunstancia que, ante las elecciones al Parlamento de Andalucía convocadas por Moreno para el próximo 17 de mayo vuelve a acercarles, siempre y cuando el Partido Popular (PP) andaluz no lograse revalidar la histórica mayoría absoluta alcanzada en los comicios del año 2022, algo plausible con el crecimiento exponencial que Vox ha experimentado desde entonces y que, con distinta intensidad, se ha manifestado en las tres últimas y recientes elecciones autonómicas: las de Extremadura en diciembre, las de Aragón en febrero y las de Castilla y León del pasado día 15.
A simple vista, y como a ningún avezado observador de la política española se le escapa, se trata de dos personalidades muy distintas y, aun en el mismo ámbito de la derecha, ampliamente considerada, ideológicamente distantes. Abascal abandonó el PP en el año 2013 después de toda una vida de militancia inspirada por su padre, un histórico del PP vasco, para fundar Vox, la primera escisión por la derecha que le ha salido en toda su historia al partido conservador; Moreno es considerado uno de los representantes del ala más moderada del PP, tanto en fondo como en forma, y antagonista de otros considerados de la línea dura, singularmente la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Pero todo lo antedicho no obsta para que ambos, Santi y Juanma, hayan mantenido una relación personal cordial e incluso cercana, que les permite desde hace años hablar con franqueza en privado. Fruto, sin duda, del tiempo en el que coincidieron en Nuevas Generaciones (NNGG), la organización juvenil del PP, en la que Moreno era de los veteranos cuando Abascal empezó a despuntar. Durante los años 2000 y 2001 cohabitaron orgánicamente en los dos últimos años de Moreno como presidente de NNGG a nivel nacional, antes de ser sucedido por la hoy vicesecretaria de Políticas Sociales, Carmen Fúnez, que fueron los dos primeros años de Abascal como líder de NNGG en el País Vasco, puesto en el que permaneció hasta el año 2005.
Caminos que se separan
Sus caminos se fueron separando entonces, al tiempo que crecían sus respectivas carreras políticas, que lejos de ser fulgurantes tuvieron que ir cociéndose a fuego muy lento, y no sin dificultades y contratiempos de envergadura. Moreno se fajó como diputado en el Congreso, donde muchos recuerdan sus preguntas en las sesiones de control al Gobierno (en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero) al entonces vicepresidente tercero y a la sazón ex presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, sobre todo a cuenta del escándalo de los ERE, que ya entonces empezaba a salpicar al Gobierno socialista andaluz.
Cuando Mariano Rajoy llegó a la Moncloa tras ganar por mayoría absoluta en noviembre de 2011 pasó a desempeñarse por primera vez en el Gobierno de España, donde ejerció como secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. En su etapa, entre otras iniciativas, se impulsó la estrategia nacional contra la violencia de género, un asunto por el que ha desarrollado una gran sensibilidad en toda su carrera y que choca con lo que Vox tilda de "ideologías de género", a juicio de la extrema derecha perniciosas y contrarias a la igualdad.
Por aquellos años Abascal fue consolidando su perfil propio y gestando lo que con el tiempo sería Vox, con iniciativas como la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), en la que ya le acompañaba Javier Ortega Smith, hoy convertido en su más feroz crítico interno. Sintiéndose desplazado en su propia casa, tanto en el PP vasco como en el nacional, su voz crítica se elevó extraordinariamente cuando con motivo del congreso de 2008 en Valencia, que decidió la reelección de Rajoy al frente del partido, pese a haber perdido por segunda vez contra Zapatero, su antigua jefa de filas y estrecha amiga, María San Gil, fue orillada en su propuesta de ponencia política. En un SMS que no tardó en salir a la luz, el que luego fuera ministro José Manuel Soria, se permitió ironizar así: "María, he leído tu ponencia. ¡Arriba España!".
Sin saberlo, ni posiblemente pretenderlo, Soria acababa de encender una de las mechas que terminaría prendiendo en la creación de Vox. "He asistido atónito al proceso de elaboración de nuestra ponencia política", declaró entonces Abascal en una sonada entrevista en Libertad Digital , poniendo voz al descontento con Rajoy que por entonces muchos expresaban también, incluido el expresidente José María Aznar, hoy extraordinariamente crítico con Abascal y sus postulados.
Pese a todas estas vicisitudes, y a la suerte de cisma que supuso la creación de Vox, Abascal y Moreno no perdieron el contacto. Con franqueza han hablado de sus discrepancias, y por ejemplo Moreno le desaconsejó en 2022 que hiciera una campaña en Andalucía diseñada desde Madrid, sin apenas acento autonómico y con una candidata como Macarena Olona, hoy fuera Vox. Aunque esta última nunca fue la apuesta de Abascal como candidata, si bien esa es otra historia. Ya en 2018 Vox fue decisivo con su apoyo parlamentario para que Moreno alcanzase por primera vez la presidencia de la Junta, tras cuarenta años de hegemonía del PSOE, algo que hizo en esa ocasión en coalición con Ciudadanos, un partido que no ocultó su desprecio por Vox en las negociaciones. Ahora, Moreno y Abascal confrontarán sin duda de aquí al 17 de mayo, tanto como puede que tengan que negociar y llegar a acuerdos después.
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