Gastronomía
Ni pestiños ni torrijas: este es el dulce más típico de la Semana Santa
Se trata de una elaboración artesanal arraigada a algunas zonas como La Codosera, San Vicente de Alcántara o Alburquerque y ligada al Domingo de Resurrección

Bollos de Pascua horneados. / Jesús Vélez Martínez, cafetería Altai
El escaparate típico de Semana Santa suele estar lleno de torrijas, pestiños y otros dulces conocidos. Sin embargo, hay una elaboración que sigue siendo protagonista en muchos hogares extremeños: el bollo de Pascua, una receta tradicional que pervive especialmente en localidades como La Codosera, San Vicente de Alcántara o Alburquerque, entre otras.
"Es el dulce con el que se celebra la Pascua, sobre todo el Domingo de Resurrección", explica Jesús Vélez, dueño de la cafetería Altai, en Badajoz.
Tradición
El origen del bollo de Pascua se remonta, según la tradición, al siglo XVI. Nació como una receta de aprovechamiento, elaborada con las últimas reservas de harina antes de la llegada de la nueva cosecha. Con el tiempo, se convirtió en un símbolo festivo vinculado al final de la Cuaresma.
Además de su consumo familiar, el bollo tenía un importante valor social: era el regalo que padrinos y madrinas hacían a sus ahijados. En su versión más elaborada, incluía un huevo cocido en el centro y decoraciones de masa, evocando tradiciones similares en otras regiones españolas.
Sabor "de antaño"
Uno de los aspectos que distingue a este dulce es su proceso de elaboración, que puede superar las 48 horas. Todo comienza con una infusión de anís en grano, cáscaras de naranja y limón y hierbas aromáticas, que reposa durante un día completo.
A esta base se añade una masa madre natural, tras la fermentación previa de harina y agua, que sustituye a la levadura industrial. "Lo que buscamos es mantener el sabor de antaño, sin acelerar los procesos", señala Jesús.
La masa resultante se amasa con aceite caliente para eliminar el sabor crudo de la harina y se deja fermentar lentamente en un ambiente cálido, tradicionalmente cubierto con mantas. Tras varias horas, los bollos se hornean y se coronan con azúcar.
Torrijas o bollos
Pese a su arraigo en determinadas comarcas, el bollo de Pascua sigue siendo un gran desconocido para buena parte de la población. Su producción, además, es limitada, ya que se concentra en los días previos y durante la Semana Santa.
"Si no has estado por estas zonas, es difícil que lo conozcas", reconoce Jesús, quien subraya que, frente a la popularidad de las torrijas, este dulce mantiene un perfil más local. "El público que tenemos aquí en Badajoz conoce mucho más la torrija que el bollo", asegura el hostelero.
Aun así, quienes lo prueban por primera vez suelen encontrar en él un sabor "ligado a la tradición". En un contexto donde la repostería está industrializada, el bollo de Pascua se mantiene como un ejemplo de elaboración artesanal y memoria gastronómica.
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