El rearme español
Nuevos misiles Patriot, nuevos lanzacohetes Nasams y cañones para cazar drones: el Ejército moderniza la defensa antiaérea
El Ministerio de Defensa planea reforzar el escudo antiaéreo, con la incorporación de inteligencia artificial y la compra de nuevas baterías de misiles Patriot para proteger las infraestructuras españolas
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Lanzadera patriot en pleno disparo en un campo de entrenamiento en España / ET

En la guerra de Ucrania, todo movimiento en tierra parece congelado, petrificado, mientras una gran actividad se desarrolla en vuelo: por las mañanas, el de los drones que mantienen la línea de exterminio en el frente; por las noches, el de los drones y misiles en los bombardeos. En la guerra del Golfo Pérsico no hay aún botas de las fuerzas atacantes sobre el terreno, pero sí un intenso intercambio de bombardeos aéreos de Estados Unidos e Israel y de misiles y drones de Irán. La guerra del presente acredita la primacía del arma aérea o, visto desde otra perspectiva, la sombra cada vez mayor de la amenaza que viene desde arriba. Y en ese marco se plantea el Ejército la modernización de todo su sistema de defensa antiaérea.
A la ministra de Defensa, Margarita Robles, le recordó este lunes el general Manuel César Arienza, jefe del Mando de Artillería Antiaérea (MAAA), que esa artillería, antes casi denostada de puro olvidada, ahora es prioritaria en todo el mundo. El MAAA tiene un plan de modernización del escudo antiaéreo español con cinco patas: pasa por la ampliación del arsenal de misiles Patriot, la renovación de los misiles Nasams, la sustitución de los cohetes Hawk, la implementación de un nuevo centro de operaciones y, sobre todo, la implantación de toda una red de lucha electrónica y cinética contra los drones.

ET
Las aeronaves no tripuladas y la munición merodeadora son una prioridad. Y esa prioridad se desprende de lo aprendido en la guerra de Ucrania. De hecho, el MAAA ha tenido destacado personal en el país invadido por Rusia, para aprender cómo se defienden los ucranianos de los drones. En el MAAA tienen acreditado que los drones del tipo 1, los llamado micro y mini, hacen más daño que los grandes y medianos. Estos, como los Sahed iranís o los Geran rusos, tienen más capacidad explosiva, pero "son más fáciles de detectar por radar", ha explicado Arienza a Robles. Los pequeños pueden escapar más fácilmente a la detección, llevan menos carga, pero -y esto algún día podría verse en un frente de guerra- pueden soltar elementos químicos o biológicos de gran letalidad, como advierte un capitán especialista del Regimiento de Artillería Antiaérea 71, con base en Fuencarral (Madrid).
En este flanco, la baza de modernización de la defensa antiaérea española se llama Aracne, es un sistema de subsistemas y sensores y empezará a llegar al Ejército en mayo. Para perfeccionar su funcionamiento, juega su baza una ayuda de la inteligencia artificial.
Escudo en cuatro capas
La amenaza determina la defensa. El MAAA, con un cuartel general, tres regimientos principales -el 71 en Madrid, centro de referencia en defensa antidrón; el 73 en Valencia, con las baterías Patriot y lanzadores Nasams en Cartagena; y el 74 en Algeciras, con misiles Hawks- y 1.925 efectivos afronta dos objetivos principales: la defensa de las tropas en sus despliegues y la defensa delas infraestructuras críticas en territorio español.
Y para ello tiene establecido una arquitectura multicapa en cuatro pisos, con cotas de intersección entre sí: el primero, cañones 35/90 Skydor y cohetes Mistral para la defensa a muy baja altura contra drones; el segundo, misiles Nasams para detener aeronaves y misiles de crucero a baja altura, entre 100 y 1.000 metros; el tercero, con misiles para amenazas volantes que llegan a media altura, hasta 20.000 metros; el cuarto, con misiles antimisil Patriot, con un techo de 30 kilómetros de altura.

Un soldado dispara un misil antiaéreo Mistral / ET
España lleva 30 años con ese sistema por capas en su doctrina, que ahora retoman países miembros de la OTAN que, a base de no mantenerla, habían perdido esa capacidad. Perder una capacidad de defensa "no es solo perder el material -ha explicado el general jefe del MAAA-, es también perder el conocimiento de los militares que lo manejan, el background, la experiencia en maniobra, la organización, el mantenimiento". En eso, España lleva ahora ventaja, aunque le falte arsenal misilístico.
Tejedora contra los drones
En mayo próximo empezará a llegar a la defena antiaérea un primer pedido de cinco sistemas Aracne fijos y cinco móviles. Aracne, tomando el nombre de la tejedora mitológica, es como se llama la evolución que la tecnológica Indra ha hecho del sistema antidrón Cervus, que el Ejército tiene desplegado en las misiones OTAN españolas en Letonia y Eslovaquia. Cervus es un conjunto de máquinas y antenas de radiofrecuencia orientadas a la guerra electrónica; su sucesor Aracne es un sistema de subsistemas.
Lección primera de la guerra de Ucrania: la amenaza de los robots voladores evoluciona rápido y a bajo coste, y eso implica para cualquier defensa el riesgo de quedar rápidamente obsoleta. Por eso el Ejército pidió a la industria un sistema abierto, modular, que pueda admitir añadidos. Aracne, realizado por Indra y Escribano, incorpora nuevos sensores de radio, electrónicos y ópticos, y la posibilidad de añadirle cañones.

cañon antiaaereo 35/90 Skydor del Ejército / ET
No es sostenible una defensa que para derribar drones de 30.000 euros tenga que emplear misiles de un millón o cohetes de 200.000. Los proyectiles de 35 milímetros disparados por un cañón Skydor del arsenal español estallan en el aire generando una nube de esquirlas metálicas que no puede atravesar un dron sin quedar destruido.
Inhibir los drones pequeños con un muro electrónico o cazarlos a disparos de postas es la apuesta del Ejército, más las baterías de cohetes Mistral, que pueden usar en formato manpad (portado por un par de soldados) o a bordo de un vehículo de infantería de alta movilidad, los gallegos Vamtac.
Entrenando a la IA
Los ataques de saturación están siendo la clave de la nueva guerra robótica. Se lanzan centenares de drones en las noches de bombardeo de Ucrania con la esperanza de desbordar la defensa del enemigo. En la nueva guerra del Golfo, cuando Irán ha conseguido penetrar el escudo antiaéreo israelí ha sido también por saturación. Los sistemas de defensa detienen a la mayoría de misiles y drones de la oleada, "pero existe el peligro de que siempre puede pasar alguno hasta su objetivo", tiene descrito la ministra Robles comentando la guerra de Irán.
La saturación implica que los sistemas de inhibición y las armas dispuestas para abatir objetos voladores tengan que atender a centenares de amenazas a la vez. Y gestionarlo "desborda la capacidad humana", describe el general Arienza.
Para afrontarlo, el Ejército ha pedido la incorporación de inteligencia artificial a sus sistemas de detección e inhibición, también al Centro de Operaciones de Artillería Antiaérea dekl que carecen el resto de países aliados en la OTAN. Los militares lo llaman COAAAS 35, e Indra, que les entregará este año una versión renovada, lo llama COAAAS Plus.

Soldados de Regimiento de Artillería Antiaérea 71 de Madrid con uno de sus radares / El Periódico
Al tiempo, la compañía tecnológica comienza la andadura de un acuerdo con la firma alemana Diehl Defence, para el desarrollo de un sistema europeo de defensa antiaérea basado en tierra, el GBAD, o Ground Based Air Defence.
La definición general que hacen los oficiales se llama "Sistema de Apoyo a la Decisión". Es una forma de conectar la red de radares y la red de terminales que que asisten a los lanazadores, una integración de parte del despliegue en el Sistema del Mando de Operaciones del Ejército del Aire y del Espacio.
El Ejército tiene además un acuerdo con la Universidad de Granada para la implicación de algoritmos de inteligencia artificial en la defensa antiaérea. Participan científicos, oficiales y suboficiales. Para entrenar a la IA, enseñarla a diferenciar robots voladores, han tenido que proporcionarle al programa más de 100.000 imágenes de drones.
Nuevos misiles
Al Ejército se le están quedando viejos los misiles antiaéreos. Desde el pasado 4 de marzo, los tres ataques con misiles balísticos iranís contra la base aérea turca de Incirlik ha terminado de confirmarlo. El grupo de lanzadores Patriot desplegado por España por encargo de la OTAN desde 2015 en la vecina ciudad de Adana colaboró en la defensa de la base con sus radares, fijando el objetivo a 150 kilómetros de distancia, pero sus misiles Patriot PAC-2 cazan misiles de crucero, que vuelan a baja cota, o misiles balísticos tácticos, que van por debajo de la cota de 23 kilómetros de altura.
España está embarcada en la compra directa a Raytheon y Lockheed Martin de cuatro nuevas baterías Patriot -las tres que tiene ahora el Ejército son de segunda mano, adquiridas a Alemania-, y con el plan de emplazar un nuevo grupo de lanzadores de estos misiles en San Roque (Cádiz). Medio centenar de nuevos misiles Patriot serán de la versión PAC-3, capaces de abatir cohetes balísticos a alta cota y alta velocidad.

Soldados españoles del Regimiento de Artillería Antiaérea 94 cargan un misil en una lanzadera Nasams en Estonia. / EMAD
El plan del Ejército pasa también por modernizar sus baterías Nasams de creación noruega. La multiplicación de fuerza es considerable. Ahora, una batería de este tipo como las que tiene principalmente en el cuartel de Tentegorra (Cartagena) consta de cinco plataformas -dos camiones con dos lanzadores de seis celdas cada uno, un radar, un vehículo de mando y otro de munición-; los Nasams III actuales tienen 19 vehículos por batería.
Para gestionar la llegada de más de un centenar de plataformas nuevas, el plan pasa por construir un Centro de Excelencia Nasams en Cartagena, adscrito al Regimiento de Artillería Antiaérea 73.
La renovación de esta rama de la defensa pasa también por jubilar a los viejos misiles Hawk. Siguen operativos, y algunos han hecho "un gran servicio en Ucrania", ha contado la ministra Robles, "incluso los que se guían analógicamente", tercia el capitán especialista. Para sucederlos, Defensa baraja tres opciones en el programa SAM AM/AP: misiles Iris T alemanes, cohetes CAMM-ER franceses o los más interoperables con los sistemas de los aliados en la OTAN, nuevamente Nasams, de la clase ER, fabricados entre Noruega y Estados Unidos.
En los tres casos, pueden alcanzar a entre 40 y 50 kilómetros de distancia a un misil de crucero, un Tomahawk, por ejemplo, volando a 90 metros de altura y cambiando constantemente de dirección. Cada una de las baterías de los nuevos misiles precisará entre 25 y 50 soldados.
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