Análisis
La cama redonda de periodistas y policías en la política española
Visto para sentencia el caso en el que un reportero y el director de un medio de comunicación entregaron un pendrive con copia de la tarjeta de teléfono de Dina Bousselham al entonces comisario José Manuel Villarejo

El fiscal Jorge Andújar / EPC

Ya dijimos aquí que los datos reservados y su filtración están de moda a la luz de la imputación de Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Este martes, día 24 de marzo, precisamente, quedó visto para sentencia en la sección cuarta de la Audiencia Nacional, bajo la presidencia de la magistrada Teresa Palacios, a quien corresponde también la ponencia, un caso que provocó ríos de tinta en los medios y casi acaparó, en espacio, el caso Tándem-Villarejo, por la presencia de Pablo Iglesias y su asistente Dina Bousselham. Es la pieza 7 o caso Dina.
Fue tonificante escuchar en sus conclusiones definitivas al fiscal Jorge Andújar, miembro de la Fiscalía Anticorrupción, cuando apuntó:
-Dos periodistas entregan esos datos reservados en un pendrive, con material sustraído, a un comisario en activo. Más allá de los intereses creados de quien se beneficia más que otros, si el comisario o los periodistas, sin ninguna carta de naturaleza, habilitación especial, procedimiento judicial. Todo ha sido corroborado… El Ministerio Público habría interesado la condena de los periodistas pero han sido perdonados por la acusación particular [de Pablo Iglesias y Dina Bousselham].
Los dos periodistas llegaron a un acuerdo con los abogados de Iglesias y Bousselham al empezar el juicio como acusados y lograron pasar a declarar como testigos. Aunque en el pacto reconocían la versión del Ministerio Fiscal -la entrega del pendrive- durante su testifical se salieron del guion -después de ser perdonados- y dijeron que es que Villarejo, en calidad de policía, les había hecho un "requerimiento", pues estaba investigando la financiación de Podemos. Y que, claro, como solían tener a menudo estos requerimientos, le entregaron el material.
No hubo tal requerimiento. Incluso la defensa de Villarejo explicó que en rigor se lo entregaron por iniciativa propia.
Los tres celebraron una comida, que, según la pulcra agenda del comisario, fue "agradable", en el madrileño restaurante Chistu, y que la invitación corrió a cargo del medio de comunicación.
El fiscal Andújar estuvo a punto de decir que ese "requerimiento", formalizado en una comida, era una tomadura de pelo de los periodistas -uno, más que otro, subrayó esto del requerimiento verbal-, porque no hay requerimientos en abstracto o verbales, sino reales y concretos emanados de una autoridad judicial.
Cuando el fiscal habló de "intereses creados" se refería a la última declaración del acusado en el juicio, el excomisario José Manuel Villarejo, el pasado lunes 23.
Quizá sin saberlo el fiscal había traído a Jacinto Benavente a la escena. Porque el trío de los dos periodistas y el comisario eran como Crispin y Leandro y Polichinela.
El excomisario explicó que en su relación con los periodistas era él quien mayores beneficios obtenía, vamos que sacaba -más información de ellos, que ellos de él.
En lo que se refiere al apoderamiento de los datos por parte del excomisario, según explicó el fiscal, las pruebas son concluyentes.
El material pasó de la tarjeta del móvil de Dina Bousselham al pendrive que prepararon los periodistas y le entregaron a Villarejo, en la comida del 3 de enero de 2016. Y ese material fue incautado, junto con ingente documentación, en el registro del domicilio del excomisario, el 3 de noviembre de 2017, el día de su arresto.
La difusión en dos medios digitales explicó el fiscal, en marzo de 2016 y julio de 2016, en plena campaña contra Podemos exige un juicio de inferencia sobre la base de todos los indicios existentes. Tanto el fiscal como las acusaciones particulares atribuyen esa difusión a Villarejo, quien dejó constancia en su meticulosa agenda de sus contactos periodísticos.
La defensa de Villarejo señaló, no sin astucia, en sus conclusiones que el perdón de Iglesias y Bousselham a los dos periodistas suponía el perdón a la entrega del pendrive y que no podía tratarse de un perdón selectivo en el cual el excomisario quedaba fuera.
El letrado Antonio García Cabrera no dio puntada sin hilo.
Al señalar que el entonces comisario no les pidio el pendrive, sino que fueron los periodistas quienes tuvieron la iniciativa de darselo tuvieron un objetivo.
"Ellos son los que le dicen a Villarejo tenemos interés político, algo en lo que no vamos a entrar [aquí]".
¿Qué quiso decir?
Que al menos uno de los dos periodistas -que más tarde fue nombrado en el gobierno de Pedro Sánchez- se servía del excomisario para hacer daño a Podemos, una intención que Villarejo sostiene en privado.
La imagen final del juicio fue impagable. Al terminar sus conclusiones una joven y quizá algo despistada abogada del Estado, señaló con voz contundente, ante la incrédula mirada del fiscal, que había una "orfandad de pruebas sobre la difusión" de los datos del pendrive. Villarejo, se dio la vuelta, sonrió a la abogada y levantó el dedo pulgar en señal de gratitud. Su letrado luego dijo: "A ver si la abogada del Estado consigue que le absuelvan".
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