Los papeles desclasificados del golpe de Estado
Los servicios secretos temieron rebeliones en los cuarteles durante el juicio por el 23-F

Los militares juzgados por el intento de golpe del 23 F, en una foto de familia. Falta el general Armada, que había concitado el rechazo de todos ellos. / El Periódico

"Emilio, el ambiente en los cuarteles se está enrareciendo". Una carta del entonces jefe de la División Interior del CESID, José Faura, al jefe de los servicios secretos de entonces, el general Emlio Alonso Manglano, refleja con elocuencia el ambiente castrense ante el que se trataba de juzgar a los participantes en el intento de golpe de Estado del 23-F.
La carta forma parte de los papeles secretos de la asonada desclasificados por el Gobierno este miércoles. Está fechada el 25 de febrero de 1982, cumplido un año de la asonada y con el consejo de guerra en proceso.
Faura insta a Manglano a que desde el CESID se recomiende a las cúpulas de los Ejércitos en que "debería insistirse mucho en el tema de la DISCIPLINA (en mayúsculas en el original), LA MANIPULACIÓN Y LA IMAGEN QUE ESTAMOS PROYECTANDO AL MUNDO ENTERO.
La situación era acuciante por la irritación que recorría a los altos estamentos militares al ver a destacados oficiales sentados en el banquillo. Esa irritación tenía un epicentro. "Lo más peligroso y urgente es el Ejército de Tierra", dice la carta.
En la misiva propone "buscar a las personas de más prestigio de cada centro o unidad" y reunirlas con el presidente José Calvo Sotelo, o con su ministro de Defensa, para que les transmitieran "lo que esperan y desean de las Fuerzas Armadas".
Prioritaria, la disciplina
El firmante, José Faura Martín, era parte de la facción demócrata de las Fuerzas Armadas. Entonces tenía el empleo de coronel y provenía del SECED, el servicio de inteligencia de presidencia del Gobierno que había funcionado en la última etapa franquista. En 1982, en el CESID -Centro Superior de Información de la Defensa, antecedente del actual CNI- mandaba la División Interior, en un momento en el que, por el involucionismo de distintos sectores de las Fuerzas Armadas, la amenaza interna preocupaba tanto o más al Gobierno que los riesgos provenientes del exterior.
Faura ascendería a general de Brigada en 1987 y se convirtió en el primer Jefe de Estado Mayor del Ejército que accedía al cargo bajo el Gobierno de Felipe González, continuando en el puesto también bajo la presidencia de José María Aznar.
"La disciplina debe ser norma prioritaria en estos momentos, exigiendo de los inferiores un comportamiento digno", recomienda Faura a su jefe Manglano. El objetivo actuar "evitando las murmuraciones y cortando de raíz los bulos y rumores que, desde posiciones interesadas, se difunden de modo continuado".
Faura sugiere una serie de medidas para que empapen la organización militar española de arriba a abajo, "cuidando en que nadie puede manifestarse a favor de los procesados", pues "se perjudicaría la actitud del Tribunal, que es quien tiene que decidir".
Material inflamable
La cúpula demócrata de la Seguridad del Estado temía rebeliones en los cuarteles provocadas, bien por "sectores sociales que intentan manipular a las Fuerzas Armadas con propósitos no confesables", o bien por un terrorismo interesado en hundir a la entonces débil democracia española.
"Hay que estar prevenidos contra un posible acto terrorista que, con toda seguridad, tendría la misma finalidad inmediata que los sectores interesados en hacer triunfar el Golpe", advierte Faura en la carta. Y, en ese sentido, cree que todos los militares "debemos redoblar las medidas personales de seguridad y vigilar con rigor las que estén establecidas en los Centros y Acuartelamientos".
Por la temperatura que estaba alcanzando la situación, Faura sugiere al entonces general Emilio Alonso Manglano que el capitán general de cada región militar reúna a los generales que estén a sus órdenes y que les transmita, entre otros, esta idea: "Se está juzgando a unos militares que cometieron un acto de indisciplina. Hay que ser respetuosos con la Justicia y aceptar su veredicto".
Faura recomienda ir haciendo pedagogía reunión por reunión, y no en una gran asamblea, pero no porque temiera asistir a actitudes levantiscas, sino porque en ellas podían emboscarse algunos militares a los que debían hablar claramente: "Las reuniones masivas son siempre malas, porque es la ocasión de los timoratos"
Faura era uno de los no demasiados numerosos agentes en los que Manglano podía confiar, en momentos en los que el propio servicio de inteligencia trataba de averiguar a fondo cuántos de sus propios miembros habían estado implicados en el golpe. Eran los días en que ya constaba que al menos seis agentes de la AOME (Agrupación Operativa de Misiones Especiales) el área más ejecutiva del centro, tomaron parte en los preparativos y asistencia del intento de Golpe bajo mando del entonces comandante Cortina, militar de formación falangista en una academia madrileña, Forja, que había instruido a numerosos militares.
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