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Opinión | El pulso de España

Gemma Robles

Gemma Robles

Directora de Red de Contenidos de Prensa Ibérica

Madrid

Aznar y el sueño del ‘sorpasso’ al PP de los "salvajes" de Vox

El expresidente del Gobierno agita el panorama político al advertir a los populares sobre las verdaderas intenciones de Abascal a medio plazo

El expresidente del Gobierno, José María Aznar, durante un acto en Madrid.

El expresidente del Gobierno, José María Aznar, durante un acto en Madrid. / EP

A Santiago Abascal se le da mejor últimamente convencer a los de fuera que a los de dentro. Hay mucho ruido en sus propias filas. La imagen de lo que pasa en su casa está en la pelea televisada con el abogado Javier Ortega Smith, recordado por sus intervenciones en el juicio al ‘procés’ catalán en el Supremo y arrinconado desde hace tiempo en el Ayuntamiento de Madrid. Ortega Smith es uno de los pocos rostros ligados al arranque de Vox que había logrado sobrevivir a la virulenta reestructuración emprendida por su líder, quien ha arrasado con casi todos los que le ayudaron antaño a despegar.

Abascal ahora sueña a lo grande: menosprecia los posibles acuerdos de gobierno con los populares e imagina un ‘sorpasso’ al PP a medio plazo. Abascal ya solo se arriesga por Abascal y no quiere lastres. Por eso ha condenado a la muerte política al rebelde Smith, que tiene abierto expediente de expulsión por no abandonar la portavocía del consistorio madrileño, como se le reclama. Ya no confía (tampoco) en él y lo quiere lejos.

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Pero el ruido interno se rebaja con el eco de los aplausos que Abascal recibe en los mítines y los abrazos en la calle, porque los recibe. Como recibe votos en las urnas por encima de las previsiones: es él quien se echa las campañas a la espalda, eclipsando sin disimulos y sin pedir disculpas a sus candidatos, que no rechistan. Es lo que hay y, según parece, es la fórmula con la que Vox sigue subiendo escalones electorales… Los resultados en Extremadura y en Aragón así lo demuestran. Los ‘voxistas’ son decisivos para gobernar y han conseguido sacar de quicio a dirigentes populares como María Guardiola, a la que van a hacer sufrir mucho próximamente –en el debate de investidura, concretamente- sin que esté claro que le vayan a permitir ser presidenta.

 El lío que se ha hecho Guardiola en estos días diciendo lo que realmente piensa del ideario de Vox y recogiendo cable casi al mismo tiempo para no molestar en demasía, sumado a que el aragonés Jorge Azcón también necesita a la extrema derecha para formar gobierno -y se espera que pase tres cuartos de lo mismo en Castilla y León- ha hecho que la dirección del PP reaccione. Desde Génova ya no solo piden más negociación silente y menos declaraciones extravagantes a sus propios cargos y a los de Vox, sino que se ha creado un documento-marco en el que debe basarse y al que debe ceñirse cualquier negociación con los de Abascal, en la que a partir de ahora habrá representación nacional.

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Ese documento ha sorprendido a buena parte de los territorios con bandera popular, puesto que Alberto Núñez Feijóo, desde su llegada al despacho más noble de su organización, siempre ha presumido de que a los barones y baronesas del PP había que dejarles hacer y darles autonomía. Era una forma de pensar y de ser consecuente con haber sido un todopoderoso presidente regional en Galicia. Pero esa fe en el saberhacer de los suyos ante un Vox tan hipercrecido y provocador ha terminado. Ahora hay un documento que marca reglas llamativas, como el deber de ceñirse al Estado de derecho y constitucional, sin sobrepasar sus límites (además de alguna que otra lindeza muy interpretable). En los territorios del PP la cosa se ha tomado como un último aviso a los vaivenes de Guardiola ante la incalificable presión de la extrema derecha con ella. Pero sin duda es Abascal quien se ha tomado peor la iniciativa de Núñez Feijóo, al que achaca el tratarles como “salvajes” a los que se debe reeducar por indicarles el camino de la legalidad vigente.  ¡Y eso que el jefe del PP y el de Vox mantuvieron una conversación de más de una hora el pasado domingo para mejorar ambiente!.

Está claro que los populares siguen perdidos con la estrategia de Abascal y no encuentran brújula que les guíe. El presidente del PP no quiere empeorar las cosas ni tener que repetir elecciones autonómicas, por lo que trata de quitar hierro a las tensiones del día a día, subrayando que él marca pautas para sus equipos, no para los ajenos. Es igual: el líder voxista va a encontrar mil y un motivos para enfadarse en público con los populares y tratarles como si en realidad no hubieran (mal)ganado las elecciones en Extremadura y Aragón. Conviene no olvidar que en cuestión de horas comienza además la campaña en Castilla y León.

El espectáculo en la derecha es tremendo mientras la izquierda no logra levantar cabeza. Algo no cuadra salvo que el partido de extrema-derecha, o de derecha “populista”, como los llama el nada sospechoso José María Aznar, esté buscando algo más que diseñar gobiernos autonómicos a su gusto a través de pactos con el PP: ¿y si prioriza debilitar a los populares porque el sueño es el 'sorpasso', como también sugiere ya Aznar?. Ojo a la advertencia del expresidente popular que clamó hace meses para que “todo” el que pudiera “hacer”, hiciera para sacar del poder a Pedro Sánchez. Ahora avisa a navegantes de su propio barco, a los que debe ver sin rumbo cierto, del peligro de someterse a Vox.

Con el miedo en el cuerpo por si Extremadura se convierte en un bucle oscuro y castigador para los conservadores. Con el miedo en el cuerpo a que esas experiencias se repitan, Feijóo ha sorprendido optando por publicar una biblia de los pactos que, y aquí lo más grave, ha disgustado especialmente a Abascal. Sí, al mismo que supuestamente pretendía apaciguar.