45 años del 23-F
La Operación Galaxia, los golpistas siempre llaman dos veces
Tejero fue condenado un año antes del 23F a una pena mínima por la planificación de otra intentona junto al general Ynestrillas, que pretendía secuestrar a Suárez en la Moncloa

Antonio Tejero, el 23F / EFE

El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina no era un completo desconocido cuando la tarde del 23 de febrero de 1981 irrumpió pistola en mano en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde se votaba la investidura como presidente del Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo, quien sustituyó al dimitido Adolfo Suárez. Se trataba, de hecho, de uno de los sospechosos habituales en lo que a tramas golpistas concernía y su nombre ya había aparecido en numerosas ocasiones en la prensa de la época. En particular, por su participación en la llamada 'Operación Galaxia', una de las tramas más avanzadas para llevar a cabo una alteración de la incipiente democracia en la que participó junto al comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas, posteriormente asesinado por ETA en 1986.
La trama tomaba su nombre del de la cafetería de la calle Issac Peral de Madrid, cerca de la Ciudad Universitaria, la zona en la que residía el propio Tejero. Allí se reunían con frecuencia el teniente coronel, Ynestrillas y el resto de conspiradores, que andado el tiempo pretendieron hacer pasar por una simple "charla de café" lo que era una conspiración sediciosa de la que participaron también los comandantes de infantería Manuel Vidal Francés y Joaquín Rodríguez Solano y el capitán de Infantería José Luis Alemán Artiles. El soplo de uno de los conspiradores terminó desbaratando la operación, y en mayo de 1980, menos de un año antes del 23F, un Consejo de Guerra condenó a Tejero y a Ynestrillas a siete y seis meses de cárcel, las penas mínimas, sin perder además su rango militar. El Fiscal del caso había pedido hasta seis y cinco años de prisión para los dos principales cabecillas de la trama, pena que de haber llegado a implementarse hubiera impedido a Tejero estar en libertad para preparar otro golpe como el que le hizo tristemente célebre.
La 'Operación Galaxia', a diferencia del 23F, pretendía asaltar directamente la Moncloa, y secuestrar a Suárez, un modus operandi que se asemejaba más al golpe de la Moneda de Augusto Pinochet contra el preside de Chile Salvador Allende en 1973. Para ello, los golpistas barajaban tres fechas posibles, el 17 de noviembre, el 24 de noviembre y el 1 de diciembre de 1978, tres viernes consecutivos, el día de la semana en que por entonces se celebraba la reunión del Consejo de Ministros, una costumbre que solo la llegada en 2018 de Pedro Sánchez a la Presidencia cambió, para pasar a celebrarse los martes.
Faltaban semanas para que la Constitución se ratificase en referéndum el 6 de diciembre, y justo el primero de esos viernes, el 17, el rey Juan Carlos I estaría de viaje oficial en Méjico, lo que dejaba la vía expedita para, ausente del país el jefe del Estado, un golpe reteniendo en su residencia junto a todo el Gabinete al primer presidente de la democracia, refrendado en las urnas solo un año antes, en las primeras elecciones del 15 de junio de 1977. Tampoco hubieran estado entonces en Madrid el vicepresidente y titular de Defensa Manuel Gutiérrez Mellado -el hombre al que Tejero intentó sin éxito tirar al suelo del hemiciclo la tarde del 23F y cuyo encaramiento con los golpistas provocó los célebres disparos al aire de la asonada- ni los jefes de Estado mayor de los tres ejércitos. Los conspiradores, sin duda, habían planificado el golpe con bastante detalle. +
Juan Carlos I: "Yo sabía que el Ejército estaba harto"
El propio Juan Carlos I habla así de la operación en su reciente libro de memorias, 'Reconciliación', editado por Planeta: "Yo sabía que el Ejército estaba harto. Me preocupaban los movimientos de protesta y el descontento en algunos cuarteles. Ya se había desarticulado una conspiración militar llamada 'Operación Galaxia' a finales de 1978. Uno de los instigadores, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, fue condenado a siete meses de prisión. Y desde entonces circulaban rumores. Quizá no lo tomamos suficientemente en serio, pero ¿cómo condenar o contrarrestar meros rumores? Algunas personas abogaban por instaurar un Gobierno fuerte de salvación nacional presidido por un militar. Se decía, entre otras muchas cosas, que los socialistas habían aprobado la idea. Cada cual tenía su propia solución a los problemas del país. Las intrigas estaban cobrando fuerza".
Pero a pesar de todo ello, entrar en la residencia oficial del presidente del Gobierno, que Suárez había trasladado poco antes al edificio colindante con la carretera de A Coruña, ya que antes estaba en el Paseo de la Castellana, en pleno centro de Madrid, no era una operación sencilla, desde luego, ni que se pudiera realizar con pocos efectivos. Por ello, Tejero había planificado unos supuestos "ejercicios de tiro" para los guardias civiles de la Agrupación de Destinos de la Dirección General de la Benemérita en las fechas citadas. Eso le hubiera permitido disponer de hasta un centenar de hombres armados a sus órdenes, que llegado el momento podría haber desviado hacia la Moncloa para llevar a cabo el golpe diseñado junto a Ynestrillas y el resto de sus compinches entre café y café (y puede que alguna consumición de mayor graduación) en el barrio de Argüelles, la última el sábado 11 de noviembre de aquel 1978.
Se trata de un proceder, en realidad, muy similar al que luego Tejero empleó el 23F, cuando entró en el Congreso de los Diputados con decenas de guardias civiles reclutados bajo un pretexto falso para violentar la sesión parlamentaria de investidura y mantener retenido a Suárez. Aunque en esta ocasión también a su sucesor, a todo su Gobierno, al presidente del Congreso, Landelino Lavilla, la tercera autoridad del Estado, y a los principales líderes políticos del país, entre ellos el jefe de la oposición, el socialista Felipe González, o los líderes del Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo, y el de Alianza Popular (AP), Manuel Fraga, además de los portavoces de las formaciones nacionalistas catalanas y vascas.
La sentencia
La sentencia del tribunal militar que les juzgo, la misma jurisdicción que luego realizaría el proceso a los responsables del 23F en el llamado 'juicio de Campamento', se detenía en el contexto de la época, sin mencionar por su nombre a la banda terrorista ETA, cuyos asesinatos, principalmente contra militares, se contaban entonces por decenas o incluso centenares al año, en medio del incesante 'ruido de sables' que amenazaba el proceso democrático: "Que los procesados en esta causa, teniente coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, con destino en la Dirección General de dicho cuerpo, y capitán de Infantería don Ricardo Sáenz de Ynestrillas y Martínez, con destino en la Academia Especial de la Policía Armada, profundamente preocupados por los progresivos ataques a los componentes de las Fuerzas Armadas y de Orden Público, perpetrados principalmente en las provincias del Norte por el terrorismo separatista, pensaron en la posibilidad de poner fin a tal estado de cosas, para lo cual, previos diversos contactos entre ambos, que tuvieron lugar entre finales de octubre y mediados de noviembre de 1978, llegaron a preparar un golpe de mano que habría de ocupar el palacio de la Moncloa en el momento en que estuviere reunido en él el Consejo de Ministros, para, posteriormente, someter la nueva situación a S. M. el Rey".
Tejero e Ynestrillas, entre el tiempo en que se desbarató la 'Operación Galaxia' hasta la sentencia de mayo de 1980, permanecieron en prisión preventiva, en el caso de Tejero en Alcalá de Henares. En el verano de 1979 al luego principal protagonista del 23F las autoridades militares le denegaron dos permisos que había solicitado. Uno para acompañar a su padre, también Antonio de nombre, a una operación quirúrgica a la que se sometió en Málaga a los 75 años, y otro para asistir a la boda de su hija.
La 'Operación Galaxia', como antecedente del 23F, repite patrones bien conocidos en la historia de los golpes de Estado dentro y fuera de España. Si al citado golpe de Pinochet en la Moneda le precedió meses antes el llamado tancazo contra el gobierno de la Unidad Popular de Allende, en nuestro país la sublevación del 18 de julio de 1936 contra la Segunda República le había precedido la sanjurjada de 1932, que toma su nombre del general José Sanjurjo. Y es que los golpistas, como el cartero, siempre llaman, al menos, dos veces.
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