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Tras las elecciones de diciembre

El estancamiento de la negociación en Extremadura ahonda la brecha entre Génova y Guardiola

La presidenta extremeña, María Guardiola, afronta un incierto debate de investidura el 3 de marzo, tras un giro en su relación con Vox y el distanciamiento con Génova

La presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, en una imagen de archivo.

La presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, en una imagen de archivo. / Carlos Criado - Europa Press

Mariano Alonso Freire

Mariano Alonso Freire

Madrid
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Cuando se han cumplido sesenta días de las elecciones en Extremadura del pasado mes de diciembre, la primera cita de un frenético calendario electoral que siguió en febrero en Aragón y que ahora tendrá otra etapa en las elecciones del próximo 15 de marzo en Castilla y León, la situación para la presidenta en funciones de esa comunidad autónoma, María Guardiola, no es fácil. Abocada a un primer debate de investidura en la Asamblea extremeña el próximo 3 de marzo, de muy incierto resultado, y habiendo vuelto a protagonizar, como en el verano de 2023 antes de su primera investidura, un giro copernicano en lo que concierte a su relación con Vox, ni tiene garantizado que no haya una repetición electoral inédita en la región ni es ese tampoco su principal problema.

Quien despuntó tras su llegada al poder hace casi tres años como una de las nuevas referencias de la derecha (se la llegó a equiparar al fenómeno de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, una política de la misma quinta) afronta ahora un bache severo en su carrera. Y, además, el estancamiento de sus negociaciones con la extrema derecha para revalidar su mandato a ahondado su brecha con Génova.

Así se evidenció al inicio de esta semana, cuando toda una vicesecretaria del PP, la veterana Carmen Fúnez, en la rueda de prensa semanal posterior a la reunión del comité de dirección, fue la encargada, incluso para cierto pasmo de los informadores, de darle un severo toque de atención tras una sonada entrevista en OK Diario, donde para acercarse a los de Santiago Abascal llegó incluso a decir que su feminismo era el mismo que el de Vox, tras años distinguiéndose de la formación a su derecha precisamente en esa materia.

"María se ha equivocado"

Fúnez le reclamó, reiterando el mensaje al ser preguntada por ello, una mayor "discreción" pública e incluso "menos ruido", para no frustrar el curso de las negociaciones con Vox. Guardiola encajó el mensaje con contrariedad, aunque evitando, precisamente, hacer causa de ello. Luego en Génova algunos sectores del partido, siempre sotto voce, enjuiciaron muy críticamente sus manifestaciones, aunque otros, matando de alguna manera al mensajero, quisieron atribuirlo todo a un cierto problema con la transcripción de sus palabras. "María se ha equivocado", se escucha en más de una boca estos días.

Con cierta carga de profundidad, se extiende una crítica a su manera de gestionar la relación con Vox: "Si yo me siento con alguien en una mesa de negociación discrepando de sus políticas, incluso muy severamente, la negociación puede terminar bien, y lo podemos explicar. Si me siento diciendo que es un machista, o que es un homófobo, pase lo que pase en la negociación, e incluso si eso termina en un gobierno de coalición, estaré gobernando, y habré pactado, con un machista o un homófobo".

Pero al margen de todo ello, la idea de que el adelanto electoral no fue tan buena idea como parecía, tampoco en Aragón, empieza a calar. Aunque el PP siempre lo ha defendido como una medida que le dota al partido de coherencia para reprochar a Pedro Sánchez, como hacen recurrentemente los populares, que no convoque elecciones anticipadas pese a no haber podido aprobar en toda la legislatura los Presupuestos Generales del Estado, que ni siquiera ha llevado a las Cortes. Pero junto a ello existe la evidencia de que las dos elecciones autonómicas, celebradas por primera vez en solitario, sin coincidir como era habitual con las municipales y la mayoría de las autonómicas, han ayudado a consolidar el exponencial crecimiento de Vox, que podría elevarse a cotas insospechadas en Castilla y León, la primera comunidad en la que la derecha y la extrema derecha gobernaron en coalición en el año 2022.

A pocos pasó inadvertido lo dicho por Feijóo en su reciente entrevista en El Mundo acerca de la fecha elegida para celebrar las dos citas con las urnas: "Hacer campañas en invierno yo lo desaconsejo. En poblaciones envejecidas, lo desaconsejo. Romper la campaña de municipales y autonómicas por primera vez en la historia en Aragón y en Extremadura ha tenido unas consecuencias...", aseveró el líder del PP. Para él, como en 2023, la gestión de los acuerdos con Vox en las distintas comunidades puede ser clave para el devenir de las futuras elecciones generales, su última oportunidad de suceder a Sánchez en la Moncloa.

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