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La Constitución más longeva

Conde-Pumpido saca pecho por el papel jugado por el TC en la "proyección dinámica" de la Constitución

El presidente del tribunal atribuye a la actuación del pleno que la Carta Magna del 78 esté a punto de convertirse en la más longeva

El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, y la presidenta del Centro de Estudios Jurídicos y Constitucionales, Rosario García Mahamut.

El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, y la presidenta del Centro de Estudios Jurídicos y Constitucionales, Rosario García Mahamut. / TC

Ángeles Vázquez

Ángeles Vázquez

Madrid
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El presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, no pierde una oportunidad para reivindicar la labor que desarrolla la corte de garantías a la hora de interpretar la Constitución española. Con motivo de los actos en los que se celebra que la de 1978 está a punto de convertirse en la más longeva de la historia, ha defendido que "no queda petrificada en la voluntad histórica de 1978", porque "se proyecta dinámicamente a través de la jurisprudencia constitucional".

Durante la inauguración de la jornada “La Constitución española de 1978. Estabilidad, longevidad y continuidad constitucional. Logros y retos pendientes”, celebrada en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, el presidente del Constitucional ha defendido la legitimidad democrática de la Carta Magna, que a su juicio se basa en la participación directa del pueblo en su promulgación, así como en su capacidad institucional de adaptación, gracias precisamente a la labor que desarrolla el tribunal que preside.

En su intervención ha explicado precisamente la vigencia de la Constitución en vigor con la actuación del propio TC, gracias al que, explicó, la Constitución es una norma “viva”, susceptible de evolución interpretativa a partir de los principios estructurales y valores superiores que recoge (dignidad, libertad, justicia, igualdad y pluralismo político) sin que haya sido necesario reformarla constantemente. "Dada la rigidez del procedimiento para su reforma y la dificultad de alcanzar consensos, esta capacidad de actualización contribuye a su perdurabilidad, al evitar que el desfase entre la norma y la realidad derive en una crisis de legitimidad", ha resaltado.

Según sus palabras, la labor del tribunal, que encuentra su respaldo en la doctrina del “árbol vivo”, permite interpretar las cláusulas constitucionales de manera evolutiva y actualizar el alcance de los derechos fundamentales, en atención a la realidad social cambiante, pero sin desnaturalizar sus principios estructurales, en una interpretación vinculante para la jurisdicción ordinaria, en cuya cúspide se sitúa el Tribunal Supremo.

En su ponencia, Conde-Pumpido ha defendido que “el tribunal contribuye de forma decisiva a la estabilidad del orden constitucional de 1978, porque permite absorber tensión, imponer el cumplimiento efectivo de la Constitución como norma suprema vinculante, integrar transformaciones sociales y preservar la coherencia del sistema sin recurrir a soluciones de ruptura”.

El presidente del Tribunal Constitucional durante una conferencia en el Centro de Estudios Jurídicos.

El presidente del Tribunal Constitucional durante una conferencia en el Centro de Estudios Jurídicos. / TC

Desbancar a la del XIX

Otra de las principales diferencias estructurales con respecto a la Constitución de 1876 -que hasta ahora había sido la más duradera- es la legitimidad democrática. Mientras que la norma del siglo XIX fue aprobada por un poder constituyente limitado (sin sufragio universal y con exclusión completa de las mujeres), la Carta Magna de 1978 se elaboró tras una elección de Cortes por sufragio universal, y se ratificó posteriormente mediante referéndum, por el conjunto del cuerpo electoral.

"El proceso constituyente incorporó a la totalidad de la ciudadanía adulta, sin exclusiones estructurales por razón de sexo, ni por razones económicas o culturales, por lo que articuló un consenso social amplio", ha razonado el presidente, lo que le ha llevado a destacar que el texto "cuenta con mecanismos estables de autodefensa y evolución interna".

"No es fruto de la inercia histórica ni de equilibrios oligárquicos, sino de un diseño constitucional que integra legitimidad originaria y capacidad estructural de renovación. La Constitución ha demostrado ser capaz de renovarse desde dentro y está abierta a la evolución de la sociedad a la que sirve", ha defendido ante la directora del Centro de Estudios Jurídicos y Constitucionales, Rosario García Mahamut.

Al acto han asistido también la vicepresidenta del Constitucional, Inmaculada Montalbán, la magistrada María Luisa Segoviano, el secretario de Estado de Justicia, Manuel Olmedo Palacios, la expresidenta del Congreso Meritxell Batet y el exvicepresidente del TC Luis López Guerra.

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