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Reto demográfico

La Catalunya de los 10 millones intensifica el debate sobre el desequilibrio territorial del Parlament

Catalunya se encamina hacia los 10 millones de habitantes sin alterar los 135 escaños en el Parlament desde 1980

La 'Catalunya de los 10 millones' pone a prueba los planes de futuro del Govern

Personas votando en un colegio electoral de Girona en las elecciones.

Personas votando en un colegio electoral de Girona en las elecciones. / ANIOL RESCLOSA

Gisela Boada

Gisela Boada

Barcelona
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El aumento sostenido de la población en Catalunya no se ha traducido, por ahora, en una mayor desproporción general del sistema electoral, pero sí evidencia los problemas estructurales de la falta de proporcionalidad territorial en los diputados del Parlament. Varios expertos advierten a EL PERIÓDICO que la Catalunya de los diez millones, que se proyecta para las próximas décadas, no supondrá un problema de representatividad en el actual hemiciclo, aunque se mantenga en los 135 escaños.

En cambio, sí tendrá un impacto en el coste de cada asiento de la Cámara en cuanto a las provincias que representan y acentuará en algunos casos el problema estructural de desproporcionalidad que se arrastra ya desde 1979, con la redacción del primer Estatut que fijaba la distribución de escaños. Con este modelo, Barcelona está infrarepresentada, mientras que Girona, Tarragona y Lleida están sobrerepresentadas.

Los datos sobre el crecimiento de la población en Catalunya del Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat) desde 1981 hasta 2025 consultados por este diario evidencian que las cuatro provincias -Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida- han experimentado un crecimiento poblacional en los últimos 45 años, pero este no ha sido igual ni se ha producido al mismo ritmo.

Crecimiento de la población en Catalunya por provincias (1981-2025)

Gráfico que muestra la variación porcentual de la población en las circunscripciones catalanas entre 1981 y 2025

"Las provincias del interior, especialmente las leridanas, aumentan su población a un ritmo inferior a la zona de costa, por lo que Barcelona, Girona y Lleida han crecido a ritmos más acelerados", explica a EL PERIÓDICO el director del Centro de Estudios Demográficos (CED), Albert Esteve, que lo justifica por una concentración de la inmigración, la principal responsable de este aumento, en zonas donde predomina la economía de los servicios y del sector terciario.

Pese a que los porcentajes de crecimiento permiten observar las dinámicas territoriales, Esteve subraya la importancia de fijarse en los valores absolutos. Girona y Tarragona han crecido cerca de un 70% desde 1981, mientras que Lleida y Barcelona lo han hecho en torno al 28%. Sin embargo, en términos reales, la diferencia es sustancial: en este periodo, 1,4 millones de personas se han instalado en la provincia de Barcelona, frente a las 105.412 que lo han hecho en Lleida. Barcelona ha concentrado así el 60% del crecimiento de toda Catalunya, un aumento equivalente al 25% de la población total actual. Entre ambos extremos se sitúan Girona, con 830.994 nuevos habitantes, y Tarragona, con 362.237.

Población y censo

En cualquier caso, el experto señala que los análisis demográficos se elaboran a partir de la población empadronada, un dato que no siempre coincide con el cuerpo electoral real. "Hay una disociación entre los volúmenes de población y el censo", señala Esteve, una diferencia relevante a la hora de medir el impacto político del crecimiento demográfico, ya que no toda la población residente tiene derecho a voto en las elecciones al Parlament. Para ello es necesario ser mayor de edad español y empadronado en Catalunya.

Aunque todos ellos pudieran votar, el escenario de crecimiento no supondrá un problema de representatividad en el Parlament, pero sí puede acentuar el desequilibrio territorial. "No tendrá un impacto grave; lo preocupante sigue siendo el mal reparto de escaños entre territorios", resume el catedrático de Ciencia Política Joan Botella. En la misma línea, el politólogo Oriol Bartomeus apunta que la evolución desigual de la población es una "buena oportunidad" para hacer realidad una ley electoral catalana. "La población ha aumentado y se ha distribuido de forma diferente, habría que repensar la distribución de los escaños", incide Bartomeus.

Precio de un escaño en cada provincia en relación a Barcelona.

Gráfico que muestra la evolución entre 1981 y 2025 del precio en votos de un escaño en las circunscripciones catalanas en relación con Barcelona

Cualquier modificación en el número de diputados exigiría la aprobación de una ley electoral para Catalunya, una reivindicación histórica pendiente que siempre ha caído en saco roto. El principal desequilibrio del sistema es la infrarrepresentación de Barcelona frente a la sobrerrepresentación del resto de provincias, especialmente Lleida: hoy, un diputado en Barcelona costaría cerca de 70.000 votos, frente a los unos 30.000 de Lleida y 49.000 en Tarragona y Girona.

Pero este desequilibrio territorial no es demasiado diferente de lo que ya ocurría en 1980, cuando se celebraron las primeras elecciones con este reparto de escaños. Entonces, un diputado barcelonés costaba unos 54.000 votos y uno de Lleida 28.000, lo que significa que ha aumentado la brecha de coste de un diputado en ambas circunscripciones en unas 8.600 papeletas. Es decir, respecto a hace 45 años, hoy la diferencia entre el precio de un diputado en Barcelona y Lleida es más grande, pero en Girona y Tarragona es menor.

En estas dos provincias, la distancia con Barcelona se ha acortado en unos 5.000 votos, aunque siguen lejos de la proporcionalidad: hoy, un diputado en Girona y Tarragona cuesta 49.000 votos, casi la mitad que en la circunscripción barcelonesa (70.000). Se ha corregido ligeramente la desproporcionalidad, pero en opinión de los expertos, no es suficiente.

Representación de la 'primera de proporcionalidad' para ver los desequilibrios en el reparto de escaños.

Gráfico que muestra la evolución de la relación entre el peso político y el peso real por su población de las circunscripciones catalanas

Barcelona continúa siendo, con diferencia, la provincia más infrarepresentada, aunque lo es menos que en los ochenta. El indicador clave es la llamada "prima de representación", que compara el peso de una provincia en escaños con su peso real en población. Cuanto más se aleja del equilibrio (cero), mayor es la desproporción. Mientras Barcelona, Girona y Tarragona se han acercado ligeramente a la proporcionalidad, Lleida se ha alejado de ella. Pero el desequilibrio persiste.

De cara al futuro, los expertos apuntan que las dinámicas se mantendrán, aunque el peso de la inmigración dibuja un futuro incierto. "La población ha crecido, pero en los próximos años también lo hará la que tiene derecho a votar al Parlament, a medida que se nacionalicen los hijos de inmigrantes", señala Botella, en un contexto de envejecimiento de la población autóctona. Las proyecciones del Idescat apuntan a que la tendencia de crecimiento de la población se mantendrá en las próximas décadas. En 2049, Girona y Tarragona crecerán en torno al 20%, Lleida un 14% y Barcelona un 9%, aunque la capital catalana volverá a concentrar el mayor aumento absoluto de población.

Proyección de crecimiento de Catalunya por provincias (2024-2049)

Gráfico que muestra la proyección de variación de la población en las circunscripciones catalanas entre 2024 y 2049

Cristina López, doctora en Sociología y experta en demografía, explica a EL PERIÓDICO que, más allá de las cifras globales, es clave analizar el perfil de la inmigración que llega a cada territorio, especialmente en las áreas urbanas, donde el impacto es mayor. Según datos del mismo instituto, la primera nacionalidad extranjera en Tarragona y Lleida es la marroquí; en Girona, la hondureña, y en Barcelona, la italiana, una cifra condicionada por la presencia de argentinos con esta nacionalidad por ascendencia familiar. "En Barcelona ciudad predomina una inmigración europea y más cualificada, mientras que en zonas de interior de Girona, Tarragona o Lleida es más frecuente la marroquí, subsahariana o latinoamericana, vinculada a economías más agrícolas", detalla la experta.

El origen condiciona la estabilidad de esta población. López apunta que los europeos tienden a permanecer menos tiempo por su capacidad de moverse a otros países con el DNI extracomunitario, mientras que la población no europea suele asentarse de forma más permanente, pues tiene más limitaciones para cambiar de residencia. "Llegan por motivos laborales y acaban quedándose", señala, aunque advierte de que aún es pronto para extraer conclusiones definitivas, pues muchas de las personas que vinieron a trabajar de países africanos o latinoamericanos siguen en activo. Todo ello tendrá una implicación, como apuntaba Botella, en la capacidad de voto de los hijos de estos inmigrantes. También en el futuro censo.

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