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Tensión entre Europa y EEUU

La crisis de la OTAN, vista por cinco altos militares españoles: "Algo ya se ha roto"

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante un encuentro con parlamentarios europeos.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante un encuentro con parlamentarios europeos. / Wiktor Dab - Europa Press

Juan José Fernández

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Madrid
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Puede que un problema no menor que sufren los firmantes del Tratado del Atlántico Norte sea que aún dura su estupefacción ante la agresividad de Donald Trump en tres asuntos estratégicos: el control de Groenlandia, la ayuda a Ucrania y el gasto militar europeo. A este lado del océano se teme un impacto irreversible en la OTAN… cuando, en realidad, ese golpe ya se habría producido.

“No es que cuando pase esta crisis la OTAN no volverá a ser la misma: es que ya es otra”, cree el general de brigada Miguel Ángel Ballesteros, experto en geoestrategia y exdirector del Departamento de Seguridad Nacional. Después de la tensión que ha inoculado -sin ahorrar insultos y desprecios- el principal mandatario aliado, la crisis agita a “una organización que se basa en la confianza entre sus miembros. Cuando acabe esta crisis, la confianza en EEUU estará tan dañada que, por eso, la OTAN ya es otra”, augura.

La palabra “confianza” es una clave repetida cuando EL PERIÓDICO ha pedido a cinco altos militares españoles su impresión sobre el delicado momento que atraviesa la mayor alianza defensiva del planeta.

“Está herida de muerte. La Alianza se basa en la confianza, y la confianza se ha roto”, diagnostica el coronel Carlos Calvo González-Regueral, hoy asesor en la industria de la Defensa y, en su carrera, participante en numerosas misiones y trámites con la Alianza. Su opinión es la más pesimista de las recogidas. “Se podría intentar reconducir la situación, pero Trump va más rápido de lo que pensábamos, y no sé si Europa va a tener tiempo de replantearse su defensa”.

General Miguel Ángel Ballesteros, ex director del Departamento de Seguridad Nacional.

General Miguel Ángel Ballesteros, ex director del Departamento de Seguridad Nacional. / José Luis Roca

Un jefe del Ejército de tres estrellas, de los principales analistas de conflictos activos para Defensa, opina que “Trump le ha hecho mucho daño a la OTAN. Aunque parece que la crisis de Groenlandia se ha superado, la desconfianza está ahí para quedarse. Nadie está seguro de que Trump no vuelva a amenazar a sus aliados, y menos todavía de que esté dispuesto a ir a una guerra en defensa de alguno de ellos. El efecto es ya permanente: aunque a Trump le suceda alguien más normal, Europa se ha convencido de que su seguridad no puede quedar en manos de los vaivenes de la política interior de EEUU. Hay algo que ya se ha roto”.

No es previsible una pronta vuelta a la confianza transatlántica. El almirante Juan Rodríguez Garat, que ha sido jefe de la Flota, referente entre comandantes navales de la OTAN, y hoy es reputado analista estratégico, atisba una trayectoria americana de introspección difícil de cambiar. “A la mayoría de los políticos norteamericanos les gusta la OTAN. Saben que son primus inter pares y que, aunque solo sea en ocasiones, eso les beneficia -considera-. Pero entre los votantes que elegirán a los próximos presidentes se extiende el aislacionismo. La OTAN tendrá que dar más a EEUU si quiere sobrevivir las próximas décadas. Y a nosotros nos toca elegir entre ese darle más o asumir los costes de la independencia estratégica”.

No es elección sencilla. El Gobierno de España se negó a suscribir el compromiso de un 5% de PIB dedicado a la defensa, y otros países europeos lo firmaron confiando en que pase el tiempo y ya se verá. Pero puede que una Europa abocada a defenderse sola termine teniendo que gastar, al final, ese 5%.

Bombas de las que nadie habla

Todos los preguntados tienen claro que la OTAN sigue siendo necesaria. “Sin duda -dice el coronel Carlos Calvo-. La fuerza y estructura de mando que tiene la OTAN no la tiene ninguna otra alianza, y la UE no puede suplir eso sin muchos años, mucho esfuerzo y mucha voluntad política”.

Ballesteros cree que “necesitamos la OTAN al menos diez años. Europa no tiene capacidades efectivas para disuadir a Rusia sin EEUU”. Y no es solo un dilema presupuestario, “es que no tenemos tecnología propia capaz de disuadir a Rusia a corto plazo. Podremos hacerlo de forma convencional a medio plazo si la UE se integra y desarrolla sus propias estructuras militares”.

El general señala una impostura: los líderes europeos citan mucho la autonomía estratégica de Europa, pero no todo lo que significa. “A largo plazo deberíamos tener también una capacidad nuclear creíble, pero este es un tema del que nadie quiere hablar, y menos en España”.

En busca de sentido

Hace ejercicio de realismo Rodríguez Garat al aseverar que “los principios que decía defender el Tratado de Washington ya no representan la política de EEUU”. La OTAN está herida, pero “la literalidad de su artículo 5 todavía es disuasoria para Putin. Aunque haya perdido mucha de su credibilidad, que, por otra parte, nunca fue absoluta, la duda también disuade. Por eso, aunque la Alianza flaquee, sigue teniendo sentido para los europeos”.

El almirante Juan Rodríguez Garat, junto a algunas de las banderas de buques que ha mandado.

El almirante Juan Rodríguez Garat, junto a algunas de las banderas de buques que ha mandado. / José Luis Roca

El general de división Alfredo Sanz y Calabria, que fue vicedirector de personal de la OTAN en Europa, no ve “una vuelta posible al idilio anterior, pero es que la Alianza tenía que haber cambiado hace mucho”. Recuerda que, ya gobernando Obama, el aliado estadounidense pedía a sus socios “que le liberaran carga en Europa para poder dirigir energías a otras necesidades. Eso, al menos, desde 2014”.

No obstante, este veterano directivo del cuartel supremo OTAN alberga esperanzas. “Yo no daría por muerta a la OTAN. De hecho nació en una época en la que no regía el paradigma de un orden internacional basado en reglas. Se la conoce como una alianza militar, pero sobre todo es un acuerdo diplomático. Históricamente, ha evitado finamente conflictos en su seno, como el greco-turco. Tiene una cultura histórica de consensos, recursos y conocimiento para salir de esta situación. Aunque sí: saldrá una OTAN distinta”.

Inercia entre amigos

El 22 de enerto, el almirante italiano Giuseppe Cavo, jefe del Comité Militar de la OTAN, aseguro en rueda de prensa en Bruselas: “La Alianza está unida. Puede que tengamos intensos intercambios de opiniones, pero veo una convergencia clara en las amenazas militares que enfrentamos”.

El directo del Comité Militar de la OTAN, almirante Gisuseppe Cavo Dragone.

El directo del Comité Militar de la OTAN, almirante Gisuseppe Cavo Dragone. / OLIVIER MATTHYS - EFE

La discusión entre políticos no ha mojado aún los uniformes. Norteamericanos y europeos siguen trabajando, preparando maniobras relevantes en el llamado Gran Norte. “La inercia de las operaciones, del trabajo táctico en común, siempre dura más que el disenso por arriba”, resume Carlos Calvo, recordando tensas discusiones entre aliados cuando él era jefe de Planes en la fuerza internacional en Sarajevo.

“Probablemente la OTAN pueda sobrevivir, al menos un tiempo -corrobora el analista de Defensa-, porque sigue siendo el mecanismo de disuasión más eficaz en Europa, pero evolucionará a una organización más equilibrada, más europea”.

Aunque tiene alguna duda: “El problema es que EEUU, no solo Trump, termine por desinteresarse de Europa y nos abandonen no teniendo aún capacidades autónomas suficientes. En cualquier caso, el alejamiento entre Europa y EEUU será siempre una mala noticia, porque nos necesitamos para alcanzar una masa crítica de fuerzas, capacidades, diplomacia y peso económico que, por separado, será bastante menos impresionante y disuasorio que ahora”.

En este tiempo de “estrés test”, el general Sanz recomienda releer el preámbulo del tratado más que su famoso artículo 5: “Este es un club de democracias, y no hay tantas en el mundo. Ni siquiera EEUU puede permitirse el lujo de andar por ahí en solitario…”.

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