El rearme español
El Ejército prepara a sus tropas de Montaña para probarlas en el combate bajo cero del Ártico
El gobierno noruego avisa a sus ciudadanos: si llega una guerra, les requisarán propiedades

Sara Fernández

España enviará tropas de Montaña al norte de Noruega para participar en el ejercicio Cold Response 26, lo más parecido a la guerra ártica que ensaya la OTAN. Se confirma la participación española con militares de élite en la primera ocasión en la que tropas norteamericanas y danesas -entre las de otros 12 países- se van a encontrar, en plena tensión divisoria de la Alianza Atlántica a causa del envite de la administración Trump sobre Groenlandia.
La Fuerza Terrestre (FUTER) ha preparado al Regimiento de Infantería de Cazadores de Montaña América 66 para este ejercicio internacional anual, según confirmó el Ejército en la tarde de este miércoles. Es una de las agrupaciones entrenadas en las condiciones más duras de las que afrontan las Fuerzas Armadas.
El América 66 ha concluido esta semana un periodo de instrucción en las montañas de Cerler (Huesca). Su adiestramiento ha tenido como objetivo, según el Ejército, probar su movilidad sobre hielo y nieve y “el combate en condiciones de frío extremo”. Han ensayado su despliegue con motos de nieve, trineos, sus inseparables esquís y el TOM (Transporte Oruga Mecanizado) que Defensa anda modernizando y que tiene como vehículo de referencia para zonas nevadas.
Ambiente duro y gélido
El escenario del Cold Response es el norte de Noruega, el vértice escandinavo donde confluyen territorios de ese país, y de los dos miembros aún novatos de la Alianza Atlántica: Suecia y Finlandia. El flanco Norte es una de las áreas clave de la defensa de Europa y del Atlántico Norte.
La OTAN, de hecho, mantiene este ejercicio en su calendario en las fechas más glaciales, para probar la capacidad de los aliados de actuar combinándose en un entorno tan duro.
Y no es nada fácil desplegarse. “La clave es ir ligeros -explica un veterano español de las Tropas de Montaña ahora con responsabilidades gerenciales en la defensa-. Hay un dicho nuestro que dice que, en ese entorno, el primer problema es la logística, el segundo es la logística y el tercero es la logística”.
Avituallar a numerosas tropas en un área ártica o subártica es un rompecabezas, porque en nieve virgen no pueden actuar grandes vehículos de carga, ni tampoco las tropas desplegadas pueden mantener grandes campamentos.

Un cazador del Regimiento América 66, durante su adiestramiento en Cerler / ET
Uno de los principales problemas es la duración de las baterías. Si no van calefactadas, puede reducirse su capacidad hasta un 70%. Otro es el combustible, pues en ocasiones hay que mantener los vehículos “continuamente puestos en marcha, o no se pueden volver a arrancar”, relata. Y hay otra necesidad logística clave: no hay maquinaria bélica sin su lubricante, y la grasa se congela y cuartea en el Círculo Polar Ártico.
El despliegue trae consigo otros problemas que vienen derivados de la indumentaria que se necesita para no sucumbir en el hielo: los fusiles cambian sus gatillos para que quepa el dedo enguantado. Algunas ópticas se empañan o quiebran con el frío Y hay que manejar granadas y proyectiles de mortero con la dificultad que representan los guantes tácticos más gruesos.
La artillería en el terreno solo puede ser ligera: misiles contra blindado Spike, lanzagranadas desechables y morteros pequeños, si bien los cuarteles generales de este tipo de maniobras prevén el apoyo a las tropas con cohetes de defensa antiaérea de larga distancia y baterías también para fuego a objetivos lejanos, explican fuentes del Ejército.

Un TOM del EJército en una zona nevada de Cerler / ET
Lo más duro que afrontan los militares españoles en este entorno es la movilidad. La guerra polar implica penosos desplazamientos en áreas de gran extensión. Y con trineos, TOM o motos de nieve -mucho menos con esquís- la carga ha de ser muy ligera. El eufemismo militar es “autosuficiencia”. O sea, sobrevivir sin apenas ayuda suplementaria.
El desplazamiento a pie es la clave; y amplias zonas de hielo y nieve profunda sin apenas luz, el desafío. En ese escenario se imagina y ensaya la guerra.
25.000 soldados
El Cold Response no es solo un ejercicio militar; es también un club de no muchos miembros en el panorama militar internacional. Tiene contado el Ejército que a ese ejercicio solo acuden fuerzas armadas “con capacidades reales” para el combate en frío extremo.
Este año participan, además de los de España, 25.000 soldados de los cuatro países de Escandinavia, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, País Bajos, Canadá, Turquía y Bélgica. El objetivo es la disuasión a Rusia en lo que en términos geoestratégicos llaman Gran Norte.
Las unidades españolas más preparadas para el combate bajo cero son las del Mando de Tropas de Montaña, que tiene dos regimientos de cazadores: el Galicia 64, con base en Jaca, y el América 66, con base en Pamplona. Han fijado su emplazamiento al borde de parajes muy difíciles de frecuentar en el Pirineo, que es su área habitual de despliegue. No es el término de Bodo, en el norte de Noruega, donde los ejércitos norteamericano y noruego van a compartir un cuartel general para estas maniobras, “pero el frío que pasas es calcadito”, asegura el oficial.
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