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Cuestión de Estado

¿Priman las emociones en política?

May Mariño

May Mariño

Madrid
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El domingo por la noche cambió para siempre la vida en muchas familias. No solo en la de los 45 que murieron en el accidente de Adamuz, también para los heridos y para otros tantos afectados.

La semana ha estado marcada por un continuo sobresalto de incidencias o accidentes relacionados con los trenes y el servicio ferroviario. Incluso un joven murió en uno de ellos en Barcelona.

Colapso generalizado en Cataluña por el corte del servicio de Rodalies, de carreteras, por huelgas encubiertas por la tensión emocional del cúmulo de circunstancias.

Pero en la política, todo sigue igual. Mientras el presidente de la Junta de Andalucía, con elecciones a la vuelta de la esquina, se afanaba en primar la gestión del siniestro y potenciar la institucional, en su partido crecían las voces que, imitando lo que hizo Vox desde el primer momento, responsabilizaban al Gobierno del siniestro de Adamuz.

Luchas por el relato. En un combate en el que desde el Ejecutivo han dejado solo a Puente, que como la vía también colapsó fruto de la fatiga, y calificó de “contratiempo” el siniestro en el que casi medio centenar de personas encontraron la muerte.

Cuestión de Estado

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Mientras las horas pasan, la sensación de que todo está mal y que se camina a un estado fallido fruto de la corrupción ha ido creciendo por más que ahora el Ejecutivo se desgañita en que desmontar bulos y que el tren es un medio de transporte sostenible, rápido, accesible, cómodo y seguro.

Una vez más, y ya como seña de estos tiempos, la política queda marcada por las emociones y el auge de formaciones como Vox, que —como pregona su líder, Santiago Abascal— se erigen en altavoz de la indignación ciudadana… una indignación que ellos mismos contribuyen a alimentar.

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