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Cuestión de Estado

Otra semana trascendental para que todo siga igual

May Mariño

May Mariño

Madrid
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En el PP ya avisan: “Feijóo no va a ir allí para salvar a Sánchez”. De esta manera resumía un dirigente popular la intención con la que el presidente del Partido Popular acude este lunes a La Moncloa a reunirse con Pedro Sánchez. Una cita que es noticia por lo inusual que es que hablen el presidente del Gobierno y el del principal partido en la oposición. Y lo hacen forzados por la coyuntura internacional que obliga a una posición común. Y a que, si se envían tropas a algún territorio, ya sea Groenlandia, Palestina o Ucrania, el Gobierno necesitará el respaldo del Congreso y se antoja necesario para ello el respaldo de los populares.

Aunque la situación internacional podría ser un nuevo refugio para Pedro Sánchez como ha acostumbrado en otros momentos políticos complicados, el jefe del Ejecutivo ha puesto en marcha una estrategia de sembrar su agenda de iniciativas y de actos de la mano de sus ministros. El fin es demostrar, dicen, que “el Gobierno va a agotar la legislatura, se pongan como se pongan” en la oposición.

Lo hemos visto con Isabel Rodríguez, avanzando la intención del Gobierno de premiar fiscalmente a los caseros que no suban los alquileres; con Luis Planas, anunciando un plan para apoyar a los jóvenes agricultores; y hasta con Margarita Robles, algo que no ocurre con frecuencia.

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Pero siguen con la “debilidad parlamentaria” que inició la legislatura y que le obliga a pactos por todas partes, empezando por el acuerdo en la propia coalición. Sumar está molesta y sorprendida por la vivienda, Junts se mantiene en el rechazo al sistema de financiación autonómica, y los socios de izquierda rechazan el envío de tropas.

Lejos de achantarse, el Gobierno presume de su “capacidad de persuasión infinitiva” y de los pactos cerrados en estos primeros días del año con la Iglesia, ERC o el PNV. Pactos cerrados, negociaciones en marcha, retos como la reforma de la financiación autonómica sobre la mesa… todo para que  “luego digan que no gobernamos” apuntan en Moncloa, aprovechando que los temas de corrupción bajaron de intensidad y Ábalos sigue en prisión.

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