Editorial de FAES
La intervención de Trump en Venezuela y su amenaza sobre Groenlandia abren una brecha entre Feijóo y Aznar
La Fundación FAES, vinculada al expresidente del Gobierno, señala a María Corina Machado y Edmundo González como figuras clave para una transición democrática en Venezuela, en contraposición a la postura de Trump

Feijóo, junto a Aznar y Rajoy, en una imagen reciente. / Juanjo Martín / EFE

Desde que llegó a Génova, pronto hará cuatro años, Alberto Núñez Feijóo tuvo claro que cultivaría buenas relaciones con los dos expresidentes del Gobierno del Partido Popular (PP), José María Aznar y Mariano Rajoy. Y en líneas generales así ha sido. E incluso contra lo que pudiera parecer a simple vista -dado que es paisano del segundo y muchas veces se ha comentado la coincidencia de su talante- con Aznar, en cuya administración entre 1996 y 2004 Feijóo ocupó cargos de relevancia como presidente de Correos o del extinto Insalud, las relaciones han sido especialmente cordiales, como trasladan desde hace tiempo fuentes de Génova.
Sin embargo, el acento que en los asuntos internacionales pone Aznar, en contraposición al perfil más bajo en ese terreno de Rajoy, compromete en ocasiones la posición de Feijóo. Ya ocurrió el pasado otoño a cuenta de la guerra en Gaza, y ahora vuelve a suceder como consecuencia de la postura de la Fundación FAES -hace tiempo desvinculada orgánicamente del PP, como antaño, pero de gran influencia en el mundo conservador- sobre la situación en Venezuela.
Como en otras ocasiones, la fundación de Aznar ha arremetido en su último comunicado duramente contra Donald Trump, aunque en esta ocasión ha tenido mayor repercusión por tratarse de un asunto de envergadura mundial como la crisis abierta tras el apresamiento de Nicolás Maduro en Caracas por parte de fuerzas de Estados Unidos el pasado 3 de enero y su posterior traslado a Nueva York para ser juzgado por presuntos delitos de narcotráfico. Mientras que las mismas críticas no han salido de la boca de Feijóo ni de ninguno de los principales portavoces del primer partido de la oposición.
Tampoco en lo referente a las amenazas del presidente norteamericano a la integridad territorial de Groenlandia, bajo soberanía de Dinamarca, un estado miembro de la Unión Europea (UE) y de la OTAN, a las que alude FAES de pasada asegurando que "desde su llegada a la presidencia, Trump ha combinado medios distintos para ponerlos al servicio de un mismo propósito, la hegemonía continental", en referencia también a su presión diplomática sobre Panamá o a su apoyo a aliados en la región como el presidente de Argentina, Javier Milei. Preguntado por ello este miércoles, en la primera rueda de prensa del año en Génova, el vicesecretario Juan Bravo pidió respeto para la soberanía danesa, pero evitó decir una palabra más alta que otra sobre las reiteradas amenazas de Trump.
En cuanto a Venezuela, FAES, que deja claro de antemano que a su juicio "la deposición de Maduro, es, en sí mismo, una buena noticia", matiza a continuación que "un relevo en el liderazgo sin una transición hacia la democracia no es la expectativa que merece una nación hecha prisionera por la narcodictadura que usurpa su Gobierno". Y más aún, señala a la flamante Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, y al candidato presidencial en 2024, Edmundo González, exiliado ahora en Madrid, como las figuras que deberían liderar una transición hacia la democracia en el país latinoamericano.
"Delcy Rodríguez no es Torcuato Fernández-Miranda"
La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales se acoge al paralelismo con la Transición española, pero para negar que pueda repetirse aquí con una perspectiva parecida. "En Venezuela no se puede ir 'de la ley a la ley' porque no existe la mínima institucionalidad desde la que transitar, apoyándose en ningún 'chavismo reformista'. Delcy Rodríguez no es Torcuato Fernández-Miranda", concluyen los de Aznar, evitando expresamente equiparar a la vicepresidenta de Maduro que ya ha jurado como máxima mandataria de su país con el expresidente de las Cortes, considerado arquitecto institucional de la transición desde la dictadura franquista a la democracia por, entre otras cosas, su papel como muñidor de la ley de reforma política impulsada por el primer Gobierno de Adolfo Suárez, de la que este año se cumple medio siglo.
Ni el citado Bravo ni Feijóo, en sus comunicaciones por redes sociales desde que el pasado 3 de enero se apresara a Maduro y a su mujer, Cilia Flores, han criticado a Trump por su papel en Venezuela, si bien ambos han dejado clara su apuesta por los líderes opositores como Machado y González y no por Delcy Rodríguez como personas que tendría que pilotar una eventual transición en el país latinoamericano. El presidente del PP afirmó el 4 de enero, cuando Trump ya había dejado claro que Machado no era su preferida, que "el futuro no es Delcy. El futuro es el que decidan todos los venezolanos".
Ni que decir tiene que las críticas de Aznar y su fundación contra Trump tienen que ver con la conexión especial del expresidente con los sectores más tradicionales del Partido Republicano y menos afectos al movimiento MAGA que encabeza el actual inquilino de la Casa Blanca. No es ningún secreto la buena relación de Aznar con George W. Bush desde los tiempos de la guerra de Irak, que el Gobierno español respaldó en medio de una gran oposición de la ciudadanía, y tampoco con algunos de los republicanos que más significadamente han terminado rompiendo con Trump tras haber participado en su equipo más próximo en su primera presidencia, como el que fuera consejero de Seguridad Nacional entre 2018 y 2019, John Bolton, a quien FAES tuvo de invitado en su campus anual en 2024.
El propio comunicado de FAES de marras habla significativamente de que "lo que demanda la Venezuela devastada por el chavismo es un proceso de nation-building, precisamente el tipo de acción política denostada por el movimiento MAGA y del que Trump reniega cada vez que tiene oportunidad".
Sobre esa visión de la geopolítica no hay un pronunciamiento nítido de Génova, donde tampoco hay una voz clara de referencia a la que acudir cuando de asuntos internacionales se trata. Feijóo asumió las competencias de Exteriores tras el último congreso del PP celebrado el año pasado en Madrid, aunque no sea precisamente el área de su exclusiva responsabilidad en el que más guste de manifestarse en público.
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