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Enrique Arnaldo Alcubilla: "Hay mucha pasión en la política pero faltan grandes jugadores"

El magistrado del Tribunal Constitucional, gran apasionado del deporte, acaba de publicar un ensayo donde analiza el impacto que las prácticas deportivas tienen en todos los ámbitos de la vida, ahora y en el pasado

El magistrado del TC Enrique Arnaldo Alcubilla.

El magistrado del TC Enrique Arnaldo Alcubilla. / LNE

I.Peláez

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El magistrado del Tribunal Constitucional Enrique Arnaldo Alcubilla (Madrid, 1957) acaba de ingresar en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, justo en medio de la promoción de su nuevo libro, 'El deporte en la literatura' (Espasa).

¿Por qué unir deporte y literatura?

Ya en el mundo greco-latino, desde Homero a Aristóteles o Virgilio destacaron que el deporte no era algo marginal en la vida de las personas y lo elevaron a hecho literario. Así ha sido en todo tiempo y lugar, porque el deporte es la única actividad común universal, une a todas las culturas y civilizaciones, aunque en la edad contemporánea explosiona y se hace más trascendente, más transversal. Los grandes de la literatura lo cantan o lo narran: Cela o Vargas Llosa, Delibes o Paul Auster, Marías, Alberti o Hemingway...

¿De dónde le viene su pasión por el deporte?

El deporte no se puede vivir desapasionadamente. Decía Eduardo Sacheri que se puede cambiar de casi todo, pero no de camiseta. Desde niño soy leal a la misma y entiendo inconcebible siquiera pensar en lo que consideraría una traición. La pasión nace del corazón pero también de las vísceras, porque encierra necesariamente subjetividad. Desde Galeano a Vázquez Montalbán, entre otros, han escrito que el deporte es la religión contemporánea. Yo no llego a tanto, pero sí creo que es lo único sagrado (civilmente) que perdura.

Cuatro años y más de 400 libros para elaborar esta obra. ¿La labor de documentación la disfrutó tanto como escribiendo el libro?

Disfruto con la lectura. La literatura no es solo evasión, sino que invita a la reflexión. La literatura es absorbente cuando el libro te cautiva y he sido y soy un devorador de libros. No puedo pasar un día sin tener uno entre las manos. De todos los libros aprendo. Nunca dejo uno sin terminar, aunque aquel que no me enganche lo leo a velocidad de crucero.

El fútbol ha estado presente en su vida personal y profesional, tanto en Comités de Competición y de Apelación como en el Tribunal Administrativo del Deporte. ¿Una faceta le ha condicionado la otra?

En la infancia, ante la abominable clase de gimnasia que sufríamos en el colegio, el fútbol era nuestra tabla de salvación en los recreos y al finalizar las clases. Continuamos en la adolescencia y durante los años universitarios, pero ampliamos a otros como el baloncesto y el tenis .Y luego llegaron el pádel y, por fin, el golf (¡qué divertidos los libros de Wodehouse!). Otra cosa es el Derecho Deportivo que me ocupó en los Comités federativos o en el TAD. Fueron años apasionantes y es que el deporte es una actividad reglada. Sin reglas, reinaría la anarquía, la desigualdad y manipulación.

¿Los Juegos Olímpicos son el hilo conductor de la historia?

Son el comienzo de la historia. Huizinga demostró que el hombre es ludens, es decir que juega. El deporte es un juego, un entretenimiento, un ejercicio, una actividad física que requiere equilibrio, que puede ser una práctica individual o de equipo. Y los griegos lo entendieron muy bien y cuando se celebraban los Juegos Olímpicos –en los que competían atletas de distintas ciudades de la Hélade– declaraban una tregua. Así se empezó a relacionar deporte con la idea de paz. Los juegos siguieron en el mundo romano hasta su decadencia y tanto la oscura Edad Media como la Moderna estuvieron sumidas en guerras y ambiciones. El barón de Coubertin fue un visionario que supo ver que el deporte era cultura y encarnaba los valores que deben presidir la relación entre países y entre personas.

¿En qué momento pasó el fútbol a eclipsar al resto de deportes?

El siglo XX, y el XXI, por supuesto, es el del fútbol. Es el deporte movilizador, pues demuestra semana a semana que congrega a millones de personas de todas lenguas, religiones o razas. Se llamó a Pelé O Rei, y el fútbol es el deporte que reina y gobierna el universo deportivo.

Se considera el gol de Iniesta en Sudáfrica como símbolo. ¿Solo el fútbol, o un mundial, es capaz de unir a España?

También los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 cosieron los hilos base, de que habla Platón, que hicieron urdimbre en España, que despertaron el patriotismo constitucional. El Mundial de Sudáfrica fue un bálsamo reparador, y el gol de Iniesta el aire fresco que necesitaba la España constitucional. La actual selección de fútbol que lidera ese mago que es Luis de la Fuente nos volverá a dar alegrías, estoy seguro.

En el libro, intenta combatir la idea de que el deporte es el opio del pueblo, pero a lo largo de los siglos se ha usado como arma política.

Como opio del pueblo lo utilizaron los estados totalitarios, es decir como adormecedora social con el fin de ocultar la falta de libertad o de las mínimas condiciones de bienestar. En los estados democráticos el deporte no se pone al servicio del Estado sino de la persona, de su desarrollo integral.

Lejos de unir, ahora, se expulsa, o se boicotea, como en La Vuelta ciclista a España, a deportistas de competiciones deportivas. Rusia o Israel, por ejemplo.

Hubo boicots de algunas de las ciudades griegas en la antigüedad y los hubo en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles o de Moscú. Pensé que eran olvidables recuerdos, pero se han reproducido en el mundo del deporte e incluso en algún festival de música. Para mí el deporte es incompatible con este tipo de actuaciones. El boicot es señal de antideportividad.

¿Se ha convertido la política española en un partido con hinchas enfervorecidos?

Hay mucha pasión en la política, pero faltan muchos grandes jugadores, que se han ido apartando de una actividad que es, a día de hoy, de riesgo. Hemos de volver a dignificar la política. Pero ello exige que vuelva a imperar la moral pública.

¿La política le está ganando la partida a la justicia?

La política, muy señaladamente algunos de sus actores, está siendo escasamente respetuosa con la justicia, que solo habla a través de sus sentencias y, por tanto, que no puede defenderse. La política debe apartar sus manos de la justicia. Algunos políticos deben hablar menos de independencia judicial y respetarla, como es obligado y como nuestra Constitución y el Tratado de la Unión Europea exigen.

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