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La derecha ante el ciclo electoral

Feijóo y los barones del PP se abren a gobernar con Vox en las autonomías pero descartan una coalición en el Gobierno

El Partido Popular considera abrir la puerta a Vox en gobiernos autonómicos, a pesar de que Feijóo manifestó su intención de gobernar en solitario tras las elecciones generales

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo,

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, / Eduardo Parra - Europa Press

Mariano Alonso Freire

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Madrid
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Poco a poco, Alberto Núñez Feijóo y los barones del Partido Popular (PP) van fijando una idea o deseo de cara al ciclo electoral que inauguró en diciembre las elecciones a la Asamblea de Extremadura y que tendrá en este primer semestre del año tres citas homólogas: las elecciones en Aragón en febrero, las de Castilla y León en marzo y las de Andalucía probablemente en junio. Todo ello como preludio de un 2027 de mayor intensidad electoral si cabe, con las municipales y autonómicas en mayo y las generales, siempre y cuando Pedro Sánchez no termine adelantándolas a este año, incluso en otoño, como se especula desde hace tiempo, aunque el presidente del Gobierno y los portavoces de su Gabinete mantienen en público la intención de agotar la legislatura.

Se trata de abrir de nuevo la puerta a Vox para formar gobiernos de coalición en las comunidades autónomas, como ya ocurrió en 2023 en varias de ellas, e incluso un año antes en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco fue el primer dirigente popular en tener un vicepresidente de la extrema derecha, en este caso Juan García Gallardo, hoy enfrentado a Santiago Abascal. Y al mismo tiempo cerrársela, aun de manera retórica de momento, para el Gobierno Central. En su primera entrevista del año, con la agencia de noticias Servimedia, Feijóo se permitió incluso advertir a Abascal que estar fuera de los gobiernos no siempre le daría buen resultado.

Las razones por las que el PP aceptaría de nuevo vicepresidentes y consejeros autonómicos del partido a su derecha pero no miembros de Vox en la mesa del Consejo de Ministros son algo difusas, y no se terminan de manifestar con claridad en público. Aunque en privado altísimos dirigentes de la cúpula popular confirman esa intención, medio año después de que el propio Feijóo, en el discurso con el que clausuró el pasado verano el congreso del PP, manifestase su clara intención de gobernar "en solitario". Un propósito, el de encabezar llegado el caso un Ejecutivo monocolor de los populares, que el líder de la oposición reiteró en su rueda de prensa de balance de 2025 el pasado lunes.

Se da la circunstancia de que incluso los barones en principio más desafectos o ideológicamente distantes a Vox son los que casi encabezan ese movimiento de abrirle la puerta a los de Abascal, quien en el verano de 2024 decidió romper todas las coaliciones con el pretexto de la discrepancia sobre el reparto de los menores inmigrantes que se encontraban en Canarias, donde el PP gobierna en coalición, en este caso como socio minoritario, en el Gobierno insular de Coalición Canaria que encabeza el nacionalista Fernando Clavijo.

La propia presidenta de Extremadura en funciones, María Guardiola, ha dado carta de naturaleza a esa posibilidad, y conocido el resultado extremeño el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, se permitió incluso teorizar en voz alta al respecto de la conveniencia de que Vox regresase a los ejecutivos regionales. Tras establecer primero como premisa que "Vox se retroalimenta del sanchismo", y que por tanto solo se detendría su crecimiento electoral con el líder del PSOE fuera de la Moncloa, Moreno apuntó a otra clave: "Vox solo empezará a bajar cuando entren en los gobiernos, asuman responsabilidades y empiecen a desgastarse y empiece a demostrarse que sus políticas no son viables, en muchas ocasiones".

Unas palabras pronunciadas por quien nunca tuvo a Vox en su Gobierno, ahora con mayoría absoluta desde las elecciones de 2022, pero sí necesitó el apoyo de Abascal (con el que mantiene una fluida relación, al margen de sus discrepancias, desde el tiempo en que ambos coincidieron en Nuevas Generaciones, la organización juvenil del PP) en 2018, cuando logró la presidencia andaluza poniendo fin a cuarenta años de hegemonía ininterrumpida del PSOE en la comunidad más poblada de España.

La hipotesis de Moreno

Moreno saldrá a la campaña de este año a defender esa mayoría absoluta, que está por ver que consiga, pero sus compañeros y homólogos los presidentes de Aragón y Castilla y León, Jorge Azcón y Mañueco, se encontrarán a buen seguro (salvo vuelco sorpresivo a la demoscopia y victoria de la izquierda) con una situación parecida a la de Guardiola, con la necesidad de nuevo del apoyo de Vox. Si finalmente ese respaldo se tradujese en esos dos territorios, y también en Extremadura, en una coalición, la hipótesis esbozada por Moreno podría ser testada en una amplia parte del país, antes de las próximas generales. En caso contrario, y de nuevo siguiendo la tesis del presidente andaluz (extendida en muchos otros dirigentes populares y sectores del partido) Vox tendría el camino expedito para seguir creciendo hasta la próxima cita con las urnas en toda España.

Todos estas especulaciones evidencian hasta qué punto preocupa en Génova y aledaños el crecimiento de los de Abascal, un factor que ha desestabilizado como pocos antes al partido tradicional de la derecha española, que en esto vive una situación no muy distinta a la de sus homólogos europeos. Pero en el cuartel general del primer partido de la oposición se confía en poder solventar el trámite, y recuperar el poder aun con unas siglas a su derecha tan pujantes. No es la primera vez en la última década que la hegemonía del PP en el espacio conservador se ve amenazada, pues ya en 2019 Pablo Casado salvó por poco el sorpasso de Ciudadanos, como antes hizo Sánchez con el de Podemos en 2016, y muchos barones populares, destacadamente la madrileña Isabel Díaz Ayuso y el mencionado Moreno, tuvieron que gobernar con los de Albert Rivera negociando casi de igual a igual las coaliciones con un partido que creció hasta las cotas que hoy a alcanzado Vox. La diferencia es que si esa amenaza por el centro, o a la izquierda del PP, se terminó conjurando, hoy el espacio a la derecha aparece como mucho más consolidado o difícil de recuperar.

Y pese a ello, Feijóo no para de presumir del buen rendimiento electoral de su partido, sobre todo en comparación con el de sus aliados comunitarios. En la última reunión de la Junta Directiva Nacional, el órgano que reúne a los líderes territoriales, celebrada el pasado 22 de diciembre, comenzó su discurso a puerta cerrada presumiendo de la llamada de felicitación por los resultados en Extremadura que acababa de recibir del líder del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber. Y es que una victoria y con más de un 40% de los votos no es, precisamente, algo muy extendido por los estados comunitarios, donde la derecha tradicional sufre mucho más que la española la embestida inédita de la extrema derecha.

A todo ello habrá que sumar la verdadera intención del propio Abascal, hoy por hoy líder indiscutido de Vox pese al movimiento de críticos, que se sitúa más extramuros ya de su propia formación, como es el caso del exportavoz parlamentario, Iván Espinosa de los Monteros, o de Javier Ortega Smith, apartado recientemente de los órganos de dirección del partido. Salir de los gobiernos en 2024 no le ha ido mal, en términos electorales, pero ante su familia política europea, esa en la que ha logrado una posición de referencia, integrar el gobierno de la cuarta economía de la Unión Europea (UE) sería todo un hito a tener en cuenta.

Como es de esperar, ni Feijóo ni Abascal desvelarán del todo sus cartas hasta después de las generales, se celebren este año o el que viene, como en principio está previsto. Aunque lo que ocurra en las distintas etapas parciales de las autonómicas irá dando pistas al respecto.

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