De la política, ¿se sale? (XIV)
Ernest Maragall: "Hago ver que no echo de menos la política"
EL PERIÓDICO entrevista a políticos catalanes que han dejado la primera línea para descubrir a qué se dedican y cómo se han reinventado
Xavier Trias: "Puigdemont es el líder natural de Junts, pero es imposible mandar estando fuera"
Carme Forcadell: "Sabíamos que pagaríamos algún precio, pero no que sería tan caro"

Ernest Maragall en el encuentro con El Periódico. / Zowy Voeten

Se cumplen dos años desde que Ernest Maragall (Barcelona, 1943) dejó la primera línea política tras más de cinco décadas desde que entrara en el Ayuntamiento de Barcelona como técnico municipal. Luego sería concejal, secretario del Govern, conseller, diputado y eurodiputado hasta cerrar su trayectoria de nuevo en el consistorio. Cita a EL PERIÓDICO en el barrio de Sant Gervasi de Barcelona, en una de esas cadenas de panaderías que inundan la ciudad y que al mediodía anda prácticamente vacía. Antes de empezar, pide un agua y formula una sola exigencia: que el encuentro con este diario no sea un ejercicio de nostalgia. "La nostalgia sirve para justificarse a uno mismo, para llorar cómodamente, para sentarse en un banco y contemplar a los otros y pensar que antes era todo mejor. Y esto es absurdo", recalca.
Fiel a la marca 'Maragall', durante su etapa en activo nunca fue un político con pelos en la lengua. Ahora se le ve, si cabe, un poco más liberado aún. De hecho, ya no milita en ningún partido por lo que, más que nunca, no tiene que rendir cuentas con nadie. Lo primero que hace es declararse un "jubilado privilegiado" porque dispone de una "pensión más que adecuada" y tiene tiempo "para leer, para la familia y para verse con los amigos". "Sigo sin creerme que esté fuera de la política, aunque sea obvio que es verdad que estoy fuera de ella", agrega. Maragall no tiene reparos en admitir que su trayectoria pública tuvo un "recorrido seguramente demasiado largo" pero es que no puede, ni quiere, disimular que la política siempre le ha gustado. "Hago ver que no echo de menos la política a base de tener contacto con los que están, con los amigos que siguen involucrados. Así les puedo molestar, criticar, apretar... Y me hago ilusiones de contribuir en alguna idea o en algún proyecto", relata.

Ernest Maragall en su encuentro con El Periódico. / Zowy Voeten
Cuando se le pregunta por cuál es su mejor recuerdo, se le hace imposible escoger uno. Le viene a la mente su primera etapa como concejal a finales de los noventa en la Barcelona postolímpica, su primera etapa como conseller de Educació -aun con el PSC- y su entrada como militante de ERC en 2018, decisión que tomó por "la dureza de la represión, el encarcelamiento y el exilio" de muchos compañeros. "Y añadiría los dos años de eurodiputado (2014-2016). Llegas allí y la primera impresión es 'qué hace un chico como yo en un sitio como este'", rememora. Pero más que un momento en concreto, lo que realmente echa de menos es la capacidad de "tomar decisiones" para "transformar" la realidad, aunque esto supusiera tener que "pelearse con determinados sectores".
No guardo rencor a Colau. Esa es una palabra que nos tendríamos que prohibir
De los malos momentos, cita los años "duros" del segundo Govern tripartito, cuando en 2008 empezó a enfrentarse a la crisis que desestabilizaría toda la economía mundial. Y claro, en este punto también es inevitable hablar de los dos últimos desengaños en el Ayuntamiento de Barcelona. El primero, cuando en 2019 ganó las elecciones pero no fue alcalde; el segundo, en 2023, cuando estuvo a punto de ser el primer teniente de alcalde de Xavier Trias. Para que las dos operaciones se frustraran, fue clave el papel de Ada Colau, que primero tejió un pacto con Manuel Valls para seguir siendo alcaldesa, y cuatro años más tarde aupó a Jaume Collboni de la mano del PP. ¿Le guarda rencor por aquello?: "No, rencor es una palabra que nos tendríamos que prohibir todos nosotros. Colau merece respeto por lo que intentó, merece crítica por lo que consiguió y merece distancia por las decisiones que tomó". Rencor no, pero memoria sí: "No lo olvido, claro. Fue un aprendizaje sobre cómo todo el mundo utiliza sus resortes. Todo el mundo tiene los suyos, y en nuestro caso era menos potentes".
La etiqueta de 'hermano de' Pasqual
En la primera parte de su trayectoria política, Ernest siempre tuvo que lidiar con ser 'el hermano de' Pasqual, el exalcalde de Barcelona y expresidente de la Generalitat. Con el paso de los años, y sobre todo al pasar del PSC a ERC, esa etiqueta se diluyó. Él asegura que nunca le importó. "Es una etiqueta implícita que siempre ha estado y de la que no quiero librarme ni mucho menos. Es un hecho biológico y, de alguna forma, también es un hecho político", reflexiona.
Los partidos están viviendo de las pequeñas batallas de poder interno absolutamente lamentables e inútiles
Ahora mismo no tiene partido, pero asegura que sigue "vinculado anímicamente y personalmente" a ERC. Eso se explica porque, a diferencia del PSC, su salida no fue por diferencias políticas, sino por el turbio asunto de los carteles que se burlaban de él y de su hermano y que salieron de dentro del propio partido republicano. Un asunto que ha quedado "vergonzosamente cerrado o mal cerrado". "Fue una ilustración de hasta qué punto los partidos están viviendo de las pequeñas batallas de poder interno absolutamente lamentables e inútiles, mientras existe una distancia creciente con la ciudadanía", resuelve.

Ernest Maragall y Oriol Junqueras en los tiempos que eran una piña. / Ángel García Martos
En la batalla de poder que se vivió en 2024 por el control de ERC, Maragall se opuso a la continuidad del líder actual, Oriol Junqueras. ¿Seguirá siendo igual de crítico con Junqueras y la nueva dirección? "Igual no, un poco más", responde con una sonrisa. Tampoco guarda un mejor recuerdo de la secretaria general, Elisenda Alamany, que fue su número dos en el Ayuntamiento y que aspira a ser candidata a la alcaldía. No elude la crítica, pero tampoco se regodea. Alega que ya no es militante. Maragall explica que Alamany no cuenta con su apoyo, pero añade: "Eso sí, tiene toda la legitimidad, todo el derecho a intentarlo y todo el derecho a contradecirme y a demostrar que me equivoco". Ahora mismo, no parece interesado en ERC, sino en el futuro de la izquierda catalana en su conjunto, un "espacio inmenso por regenerar".
La juventud de este país está en peligro de quedar seducida por populismos varios
Se acerca el final de la entrevista y parece razonablemente satisfecho de no haber caído en la nostalgia. En su reflexión final, le sale un alegato a favor de "la confianza en las nuevas generaciones". "La juventud de este país está terriblemente alejada de la política y, una parte de la que no lo está, está en peligro de quedar seducida por populismos varios", diagnostica. Su propuesta es darle cuanto antes a estos jóvenes la mayor responsabilidad posible. "Que la asuman y que nos manden a todos al terreno de la nostalgia, al banco donde poder contemplar cómo ellos construyen el país. Están en condiciones de hacerlo", concluye.
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