Cambios en Vox
Abascal y Ortega Smith, una ruptura política, personal y casi familiar
Vox expulsa a Ortega Smith de la Ejecutiva tras meses de desencuentros y le sustituye la diputada catalana Júlia Calvet

Javier Ortega Smith y Santiago Abascal, Vox. Sesión Plenaria. Sesión extraordinaria. Madrid. 18.01.2024 / JOSÉ LUIS ROCA / EPC

La salida de Javier Ortega Smith de la Ejecutiva de Vox, un golpe de mano acometido en la reunión ordinaria de este pasado lunes, centrada en la resaca de las elecciones de Extremadura, y que trascendió este martes, supone el último episodio del divorcio político más sonado en la formación de la extrema derecha desde su fundación hace ya algo más de una década.
Aunque en el caso de Santiago Abascal y el todavía diputado por Madrid y concejal en el Ayuntamiento de la capital, donde seguirá al menos hasta las próximas generales y municipales y haya que renovar las listas, es algo más. Se trata de una ruptura política, sí, pero también personal entre dos personas que mantuvieron una estrecha amistad, y casi casi familiar. Ortega Smith es el padrino de una de las hijas de Abascal y cultivó una estrecha relación con el padre del líder de Vox, Santiago Abascal Escuza, histórico del Partido Popular (PP) de Álava fallecido en el año 2017, y uno de esos dirigentes vascos que vivió la política bajo la amenaza de ETA y sus cachorros, aquellos que incluso llegaron a pintarle uno de sus caballos en los años duros de la banda terrorista.
"Javier quiere a mi padre casi tanto como yo”, solía comentar Abascal cuando ambos trataban de poner en pie un proyecto que tuvo que atravesar una larga travesía del desierto como formación extraparlamentaria, tras abandonar Abascal el PP en 2013, hasta que a finales de 2018 logró entrar por primera vez en un parlamento, el de Andalucía. Por aquella época, Ortega Smith lucía en su foto de WhatsApp una instantánea en el monte con Abascal padre. Eran uña y carne.

Foto perfil Ortega Smith con Santiago Abascal hijo y padre / Redacción
Ortega Smith, ocho años mayor que el presidente de Vox, nació en Madrid en 1968 hijo de una madre inmigrante argentina (tiene la doble nacionalidad) y siguiendo una cierta tradición familiar se licenció en Derecho y se desempeñó, con más pundonor que excelencia, como abogado. En los ochenta, siendo un adolescente, militó en Falange Española y de las Jons, al tiempo que hizo la ‘mili’ en el Grupo de Operaciones Especiales, un cuerpo de élite con sede en Colmenar Viejo (Madrid). Ya en los noventa moderó sus posiciones y concurrió a las elecciones europeas de 1994, en un puesto testimonial, en la lista de Foro, un grupo que lideraba el exministro y célebre divulgador científico Eduardo Punset, con el Centro Democrático y Social, el extinto CDS fundado por Adolfo Suárez, quien por entonces ya había abandonado la política.
Su destino y el de Abascal tardarían aún en cruzarse, hasta que Ortega le defendió como abogado en un litigio del entonces joven dirigente del PP vasco contra un grupo de radicales de la izquierda abertzale que le amenazaron en 2003 en la constitución del Ayuntamiento de Llodio (Vizcaya), en el que Abascal, entonces con 27 años, tomó posesión como concejal. Nueve años después, la Audiencia Nacional condenó a penas de entre dos meses y un año de cárcel a 18 simpatizantes de Batasuna por esas amenazas. La vista oral fue, vista en retrospectiva, todo un hito inaugural del grupo fundador de Vox.
Abascal, ya para entonces muy distanciado del PP, lamentaba la falta de respaldo del partido, y eso llevó a Iván Espinosa de los Monteros, ex portavoz parlamentario de Vox hoy fuera de la política y también enfrentado a Abascal, a presentarse en la sala como gesto de solidaridad. Allí se conocieron Ortega Smith y Espinosa de los Monteros, cuya mujer, Rocío Monasterio, no tardaría en sumarse a Vox, hasta llegar a liderar el partido en la Comunidad de Madrid, hasta abandonar también su carrera política. Antes que Vox, Abascal, con respaldo entonces de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, impulsó la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES) auténtico embrión de Vox y en el que Ortega Smith fue siempre un fiel escudero. Por entonces, siempre con su impecable traje y corbata, se presentaba en actos de todo tipo promocionando DENAES y sus actos y hablando siempre, con la marcialidad que le caracteriza, de “nuestro presidente nacional”, en referencia a Abascal.
Como en todo divorcio, hay versiones diferentes, resquemores y gestos que sientan peor que otros en el final. Para Abascal fue definitivo que Ortega, en una reciente entrevista en la Cadena COPE, y cuando ya el alejamiento entre ambos era patente, pues se le había quitado su condición de portavoz adjunto en el Congreso, mentase a su padre, al que tildó de “patriota”, en el prime time radiofónico. Y también que relatase el episodio del juicio en la Audiencia Nacional como poco menos que una gesta personal, cuando solo fue el abogado que le defendió. Su activismo jurídico lo desplegó también en la acusación particular en el procés, que le llevó a sentarse con su toga en la sala del Tribunal Supremo (TS) que en 2019 juzgó y terminó condenando por sedición al líder de ERC, Oriol Junqueras, y a varios dirigentes independentistas más.
Ortega, por su parte, se consideró purgado por esa decisión, y se vio relegado por alguien mucho más joven y de una tradición política y una estética incluso bastante opuesta, el politólogo Carlos Hernández Quero, alguien que con un pendiente en la oreja y un discurso sobre la vivienda muy crítico con las exenciones fiscales de Isabel Díaz Ayuso a los inversores extranjeros ha provocado una pequeña revolución en el debate público madrileño. Ahora, precisamente, otra dirigente joven, la diputada en el Parlament y no en vano portavoz de Juventud de Vox, Julia Calvet, ocupará su puesto en la ejecutiva.
Antes de la citada entrevista, su aparición en la presentación de la plataforma Atenea, el think tank que impulsa Espinosa de los Monteros, que ha recibido la complicidad del PP, hizo saltar a la luz pública lo que ya era un soterrado y duro enfrentamiento con su antiguo amigo y todavía jefe de filas. Abascal aún recuerda cómo las relaciones entre el matrimonio Espinosa-Monasterio y Ortega Smith no eran precisamente las mejores, y en su entorno se desliza la idea de que si antes él era el pegamento que les unía ahora lo hace el rechazo a su persona.
Como en todo divorcio o separación, ahora ambas partes ven defectos del otro que lejos de acabar de descubrir ya tenían bien presentes, aunque quizás pasaban por alto. A Abascal se le reprocha que no sea precisamente el parlamentario más activo, y que en ocasiones esté más centrado por ejemplo en su actividad exterior, así como el carácter de su equipo más cercano, especialmente su asesor aúlico Kiko Méndez-Monasterio, a cuya influencia atribuyen varias de las decisiones más señaladas de Vox, entre ellas la de presentar en 2023 al profesor Ramón Tamames, antiguo miembro del Partido Comunista de España (PCE), como candidato a una moción de censura contra Pedro Sánchez.
Desde la cúpula de Vox se lamenta el tono bronco y uniforme de Ortega en todas sus intervenciones, ya se trate de un mitin, de un discurso en el pleno del Congreso o de una entrevista. Y se señala que en Madrid capital es uno de los pocos territorios donde el partido no ha crecido en los últimos años. En esa cúpula se ironiza también con ciertos enfoques mediáticos que señalan al sector crítico como “los liberales”, un apelativo que consideran que desde luego no casa con Ortega Smith y su mencionado pasado militante. Unos y otros se reprochan ahora actitudes de amiguismo y nepotismo en el diseño de equipos políticos y la contratación de personal técnico o de asesoría.
La presencia de Javier Ortega Smith en las reuniones de la ejecutiva de Vox hace tiempo que era algo más que incómoda, pues con Abascal ya ni cruzaba palabra. Una situación que ya no se repetirá con el comienzo del nuevo año.
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