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Apuntes políticos de la semana

El frente común (im)posible de ERC y Junts en Madrid

Los posconvergentes se proponen crear un tercer bloque en el Congreso, el independentista, para romper la dicotomía entre la bancada de la investidura de Sánchez y la de PP-Vox

Nogueras insta a ERC a aliarse con Junts para "forzar" a Sánchez: "Si los 14 nos plantamos, hará más concesiones"

El regreso de Puigdemont y la falta de interlocución tras la cárcel de Cerdán dificultan la reconciliación entre Junts y el PSOE

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Júlia Regué

Júlia Regué

Barcelona
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La relación entre ERC y Junts siempre ha sido tensa y en buena medida artificiosa. Lo era cuando todavía existía Convergència y Esquerra se cobijaba en el tripartit, lo era cuando compartían la candidatura de Junts pel Sí, y lo era todavía más cuando se coaligaron en el Govern. Cuando presidía la posconvergencia, los republicanos siempre alegaban que había menos ruido porque eran fieles a la presidencia y que, cuando le tocó a ERC liderar, Junts rompió. Hay algún dirigente de las filas de Carles Puigdemont que admite en privado que son una fuerza de gobierno, que llevan mal no capitanear y que les es aún más complejo ser oposición después de haber gobernado tantos años. Para Esquerra tampoco es fácil quedarse fuera y ser un aliado del nuevo inquilino, Salvador Illa, pero sus dirigentes creen que una buena oposición da garantías de buen gobierno, parafraseando así al president.

Sea como sea, con los socialistas pilotando el Gobierno y la Generalitat, en los últimos días ha vuelto a aparecer en escena la propuesta de forjar un frente común en Madrid. La idea no es nueva, y más que una forma de tender la mano suele usarse como un arma arrojadiza entre los dos partidos independentistas. En esta ocasión, lo planteó la líder de las filas posconvergentes en el Congreso, Míriam Nogueras, una vez vio cómo Pedro Sánchez validaba cada uno de sus argumentos que había utilizado para divorciarse del PSOE. Pero, ¿por qué vuelve a irrumpir ahora esta iniciativa?

Junts se siente fuerte. La respuesta del presidente del Gobierno a su decisión ha compactado al partido. Hay dirigentes que reciben mensajes de alcaldes que pedían un cambio de rumbo celebrando el volantazo del que ellos mismos recelaron en su día. Los posconvergentes ahora solo esperan ir cobrando del PSOE lo que ya está acordado. Se sienten con poder e influencia en Madrid y acaparan la atención de los medios. Esto, interpretan, avala una estrategia que corría el riesgo de quedar anclada en los incumplimientos.

Tienen las manos libres, pero descartan apoyar una moción de censura con el PP de la mano de Vox, tanto como exigir un adelanto electoral a Sánchez. Pero sí hay una cosa que inquieta al partido, y esta es quedar siempre situados entre el bloque progresista y la alianza de los populares con la extrema derecha: Junts vota con el PSOE o con el PP y Vox, leen en la prensa. Y es ante esta dicotomía cuando aparece el planteamiento de armar un nuevo frente: la voluntad es romperla, que se hable de un bloque independentista como un tercer espacio político.

La primera reacción de Esquerra fue la de dar la "bienvenida" a Junts. Hay mucho malestar con los posconvergentes porque se han pasado varios años señalando a los republicanos como muleta de los socialistas para acabar pactando igual que ellos con Sánchez. Sí, ahora han roto, pero desde ERC hurgan en que la propia propuesta de Nogueras implica 'de facto' volver a negociar con el PSOE.

Con el planteamiento más digerido, hay dirigentes de Esquerra que cavilan sobre si esta es una oportunidad para que Junts acepte el modelo de financiación que se ultima junto con la Generalitat y el Gobierno. Sin sus siete votos no saldrá adelante. Y, si no funciona y los posconvergentes siguen denostando el modelo de singularidad catalana, quedarán retratados, alegan. Para ERC, la reforma del sistema es crucial para justificar su apoyo a Sánchez y para que Oriol Junqueras reciba su principal triunfo desde que recuperó las riendas del partido, por mucho que él no firmara aquel pacto de investidura con Illa.

Esquerra considera que mantiene aquella 'fidelidad' de las épocas de Puigdemont y Torra, y que han votado en el Congreso propuestas de Junts y el PSOE sin tan siquiera negociarlas en favor de un clima de entendimiento. Ahora le toca a JxCat demostrar si es capaz de hacer lo propio, deslizan en la formación. Los posconvergentes no ponen condiciones ni ponen sobre la mesa los temas a pactar.

Ya ha habido los primeros contactos, aunque de carácter informal, para ver si la propuesta puede tener recorrido, y Junts ya ha recabado el apoyo de las entidades soberanistas para que ERC se avenga a aceptar el plan. En los dos partidos coinciden en que debe ser un pacto entre las direcciones, en Catalunya y no en Madrid. La relación entre Nogueras y el líder de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, es desastrosa y puede ser un impedimento para que se cree este frente, pero desde las cúpulas se deja claro que deberán ser las caras visibles, aunque no los negociadores. Eso siempre que la dirección de ERC intervenga en el grupo madrileño para enderezarlo, porque los vínculos están prácticamente rotos entre Rufián y el resto de diputados, pero también entre el líder en el Congreso y Junqueras por otro frente, en este caso el que Rufián propone en alianza con las fuerzas progresistas para las elecciones.

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