Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Irregularidades en la organización juvenil del partido

Vox confía en superar el ‘caso Revuelta’ tras apartar a su número 2 y señalarle como filtrador

El partido de Abascal se enfrenta a las consecuencias del 'caso Revuelta', que destapa el intento de Vox por controlar las cuentas de su organización juvenil y las presuntas irregularidades en la gestión de ayudas

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en la clausura de un acto de campaña, en el Parque de la Piedad, a 13 de diciembre de 2025, en Almendralejo, Badajoz, Extremadura (España).

El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en la clausura de un acto de campaña, en el Parque de la Piedad, a 13 de diciembre de 2025, en Almendralejo, Badajoz, Extremadura (España). / Javier Cintas

Mariano Alonso Freire

Mariano Alonso Freire

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Vox afronta esta antepenúltima semana del año, coincidente con la recta final de la campaña electoral en Extremadura, confiado en superar el trago amargo de un escándalo de envergadura que salpica su imagen como formación y que lleva varios días poniéndole en el disparadero de la vida pública. El ‘caso Revuelta’, nombre de la organización juvenil del partido, se pretende zanjar desde Bambú con el expediente abierto este miércoles al ya ex 'número dos' de Revuelta, Pablo González Gasca, después de los audios -publicados por El Pluras- y mensajes entre este y varios dirigentes de peso del partido, entre ellos el jefe de la delegación en el parlamento Europeo, Jorge Buxadé, o la secretaria general adjunta, Montse Lluis, publicados la última semana por El Mundo.

Se trata de unas comunicaciones privadas que destapan cómo la formación de la extrema derecha trató desde la primavera pasada de poner coto al descontrol en las cuentas de esa organización, y a las irregularidades que se habrían cometido en la recepción de ayudas para los afectados de la dana de Valencia. Formalmente, a González Gasca se le ha abierto un expediente como trabajador del partido por irregularidades en los gastos, aunque en esta ocasión los de carácter personal, por “insultos” a compañeros, tal y como confirman fuentes de la dirección de Vox, y por último, pero no desde luego menos importante o significativo, por haber presuntamente “vulnerado la confidencialidad” de las comunicaciones internas, tal y como confirman las mismas fuentes.

Es decir, que la cúpula de la formación liderada por Santiago Abascal le considera el filtrador de esos mensajes o comunicaciones, y cree además poder demostrarlo. González Gasca, por su parte, muy activo en las redes sociales estos días, se presenta como víctima de una operación urdida por el partido. “Me sentaron en un despacho y me acusaron de delitos que no había cometido. Todo a cambio de entregar Revuelta”, comienza un largo mensaje que publicó a raíz de toda la polémica este martes y que permanece como tuit fijado en su perfil de X, donde afirma además que su única falta habría sido “pasar al partido los gastos de un bono de metro, cuando trabajaba todos los fines de semana, me desplazaba por todo Madrid fuera de mi horario laboral y siguiendo unas órdenes que caían del cielo”.

La versión del partido es bien distinta. Desde su dirección se asegura, como también ha trascendido en lo publicado, que ya desde marzo o abril pesos pesados de Vox, entre ellos el principal asesor áulico de Abascal, Kiko Méndez-Monasterio, pidieron a los responsables de Revuelta, tanto González Lasca como Arturo Villa, que debían regularizar sus cuentas, ponerse al día e incluso cambiar el objeto social de Revuelta. Un reseteo financiero de la organización que incluía también regularizar su situación fiscal. Y que fue al descubrir pasados los meses, en concreto el pasado septiembre, que no se había acometido ninguna de esas medidas, cuando se decidió romper con él.

Un despido laboral

En ese contexto se produjo hace unas semanas la conversación, también publicada por El Mundo, entre el 'número dos' de la organización juvenil y el responsable nacional de prensa del partido, Juan Pflüger, quien en su calidad de miembro del Comité de Empresa de Vox le asesoró, pidiéndole una salida sin conflicto. “Tú no juegues sucio”, le dijo, comentándole que podía irse con una indemnización de hasta 40.000 euros, lo que unido a los dos años correspondientes de paro le podría permitir en el futuro superar el bache laboral. “Tiempo te da para que encuentres algo razonablemente bueno”, le dijo Pflüger a González Gasca, quien igualmente formaba parte del citado Comité de Empresa del partido.

En la cúpula de Vox se considera en parte superado el chaparrón, pese al daño reputacional ocasionado. E incluso se tiene la percepción de que los mensajes privados sacados ahora a la luz no dejan en mal lugar a sus dirigentes, ya que estos mostrarían tanto preocupación por las irregularidades detectadas en las cuentas y en el funcionamiento interno de Revuelta como la voluntad de atajarlas. Así cuando Montse Lluis, el pasado octubre, le dijo a González Gasca en un encuentro presencial que “si queremos gobernar España, no podemos funcionar así”; o cuando el eurodiputado Jorge Buxadé les advierte que en caso de desvelarse una estafa en Revuelta eso afectaría inmediatamente a Vox, porque la gente se preguntaría si el partido estaba al corriente de la misma.

En un año que demoscópicamente ha sido dulcísimo para Abascal, coincidiendo no en vano con el regreso de Donald Trump, su principal correligionario internacional, a la Casa Blanca, y que a buen seguro se rubricará el próximo domingo con un aumento exponencial de la representación en la Asamblea de Extremadura, el líder de Vox quiere seguir vertebrando su proyecto en dos ejes. Primero, un discurso duro en inmigración en el que ha sido pionero en España, y al que este otoño se ha sumado el PP, así como su denuncia de las políticas enmarcadas en la agenda verde; pero en segundo lugar, con cierta reminiscencia de los partidos de la ‘nueva política’ de hace una década, como Podemos y Ciudadanos, en la denuncia de la corrupción del “bipartidismo”, un término peyorativo rescatado ahora en muchos de sus discursos. Y desde esa perspectiva el ‘caso Revuelta’ es un torpedo en su línea de flotación.

El líder de Vox lleva tiempo además marcando distancias con fenómenos surgidos en su mismo espectro ideológico, como el del eurodiputado Alvise Pérez, que considera totalmente infectado por prácticas corruptas. Frecuentemente, la última vez esta misma semana en su rueda de prensa de balance del año en la Moncloa, el propio Pedro Sánchez le ataca por considerarle connivente con prácticas corruptas, sacando a colación irregularidades investigadas en Vox por el Tribunal de Cuentas o incluso su pasado como miembro del PP, del que según el jefe del Ejecutivo habría aprendido prácticas irregulares. Unos ataques que Abascal considera intolerables y que han provocado duras réplicas por su parte tanto en mítines de Vox como en debates parlamentarios con el presidente del Gobierno.

Suscríbete para seguir leyendo