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Campaña electoral 21-D

Abascal, de nuevo el ‘candidato autonómico’ de Vox

Abascal apuesta más por ser un hombre de campaña más que en el Congreso pese a eclipsar a su representante en el territorio

Imagen de archivo del presidente de Vox, Santiago Abascal, en declaraciones a los medios

Imagen de archivo del presidente de Vox, Santiago Abascal, en declaraciones a los medios / VOX

Mariano Alonso Freire

Mariano Alonso Freire

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Una vez más, y ya casi no es novedad, Santiago Abascal se ha convertido en el verdadero ‘candidato autonómico’ de Vox. Como en todas las campañas, el líder de la extrema derecha ha establecido su campamento base en las dos provincias extremeñas y salvo causa de fuerza mayor (el último pleno parlamentario del año, celebrado la semana pasada, y porque tenía pregunta en la sesión de control al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez) casi ni se ha movido del territorio de campaña, que incluso ya llevaba tiempo pisando durante la precampaña.

Desde que empezó a impulsar el que hoy es el tercer partido del Parlamento, tras abandonar la pasada década el Partido Popular (PP), la formación en la que se forjó su trayectoria política en su Euskadi natal, Abascal se ha mostrado como un político de guerrilla, de mítines más que de actos institucionales, y de consignas más que de sesudas negociaciones, en las que suele delegar bastante y en cuyos detalles más precisos no considera necesario fajarse. Y no lo oculta.

En 2024, con motivo de la campaña de las elecciones vascas, confesó a ABC que “a mí me gusta mucho más la campaña que el Congreso de los Diputados”, un lugar que según expresó entonces “se ha convertido en un sitio bastante hostil”. Tampoco le gustaba en los últimos años la tribuna de autoridades del desfile del 12 de octubre, hasta que en la última edición decidió asistir al mismo vestido con ropa informal y entre el público. En especial le irritaba que hubiese cargos públicos que no aplaudiesen a los militares y sí a los cuerpos de emergencia u otros participantes en el acto. Más de una vez sus colaboradores cercanos le han oído maldecir esa actitud.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato a la Presidencia de la Junta de Extremadura, Óscar Fernández Calle, en un acto de campaña en Mérida

El presidente de Vox, Santiago Abascal, y el candidato a la Presidencia de la Junta de Extremadura, Óscar Fernández Calle, en un acto de campaña en Mérida / JAVIER CINTAS/ EUROPA PRESS

Abascal es un hombre de campaña, de echar kilómetros y kilómetros en la furgoneta, y de saludar a la gente antes y después de los actos de Vox. Ya lo era cuando Vox sobrevivía como un partido extraparlamentario. En 2015 se instaló en Sevilla para la campaña andaluza de aquel año, en la que su partido volvió a quedarse fuera de un parlamento, como le solía ocurrir en aquella época en la que era el patito feo de la nueva política, copada entonces por Podemos y Ciudadanos. No desistió y tres años después, precisamente en esa comunidad, el partido logró sus primeros representantes públicos y fue clave para que el popular Juan Manuel Moreno se convirtiese en presidente de la Junta andaluza, acabando con cuarenta años ininterrumpidos de hegemonía del PSOE en esa región.

Ahora, en pleno auge de un partido que el próximo domingo podría hasta duplicar sus resultados autonómicos de hace dos años, y consolidar su tercera posición en la Asamblea extremeña, sigue pisando el territorio, dándose baños de multitudes y llenando recintos. Así como María Guardiola, la presidenta popular de la región que aspira a revalidar su cargo, limita la presencia de líderes nacionales de su partido, y asume todo el protagonismo, Abascal hace exactamente lo contrario. Nunca ha dejado de ser el líder principal en cada campaña de su partido, y cuando no ha sido tan descaradamente así, las cosas no han ido precisamente bien. Véase de nuevo el ejemplo andaluz, donde en 2022 concurrió Macarena Olona, hoy fuera de Vox pero por entonces uno de sus principales rostros, y el resultado fue un fiasco absoluto. Andado el tiempo se supo que ni siquiera Abascal apostaba por ella como candidata, aunque al haberse postulado tuvo que asumirlo para evitar un conflicto interno.

En la sala de máquinas de Vox se tienen claras dos cosas: que la marca “tira”, como se suele comentar coloquialmente en los ambientes políticos, y que el líder nacional también. Y ante esa realidad hay poco que discutir. A lo que se añade una tercera característica del partido, que su discurso es enormemente homogéneo en toda España, sin los matices que según el territorio suelen adoptar los partidos más veteranos, singularmente el PP y el PSOE. Así las cosas, ni el candidato autonómico, en este caso Óscar Fernández, ni el acento local marcan las campañas de Abascal, convencido de que los grandes ejes de su discurso (rechazo a la inmigración, defensa del campo frente a las ‘políticas verdes’ que atentarían contra el sector primario…) se pueden enunciar igual en la España más deprimida y tradicionalmente aislada, como es el caso de esta campaña, que en las regiones más pobladas y/o con mayor peso económico; en la España vaciada que en la llena, en la rural que en la urbana, en la más envejecida o en la que tiene una población más joven.

Con varios dirigentes del PP de su generación, con los que mantiene trato o incluso amistad del tiempo que convivieron bajo las mismas siglas, ya desde las Nuevas Generaciones, que Abascal lideró en el País Vasco, ha mantenido conversaciones sobre esa particular manera de encarar las campañas. “Andalucía no es Valladolid”, le dijo un altísimo dirigente del PP andaluz, tratando de persuadirle de la importancia de la adaptación al territorio, pero Abascal hace oídos sordos. Los resultados le siguen avalando y el próximo domingo, salvo sorpresa mayúscula, también lo harán, aunque está por ver qué fuerza negociadora le otorgan las urnas para sentarse con el PP para acordar otra investidura de Guardiola, una de las dirigentes conservadoras que más ha confrontado con él, como ha quedado de manifiesto en esta campaña.

Pese al ruido de dirigentes críticos de los últimos meses (más fuera que dentro de la primera línea política en Vox, con la excepción del diputado y concejal en Madrid Javier ortega Smith) Abascal sigue siendo, hoy por hoy, un líder indiscutible. Hasta el punto de ser siempre la mejor baza como ‘candidato’, oficial y oficioso, en cada elección que afronta Vox.

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