Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entender más

Móstoles: el L'Hospitalet madrileño no quiere seguir siendo una ciudad dormitorio

La localidad madrileña comparte con la catalana su condición de segundo mayor núcleo urbano de su comunidad autónoma y su aspiración de desligarse de la capital que la hizo desarrollarse hace 50 años

L’Hospitalet se reivindica como motor económico de Catalunya en su centenario como ciudad

L'Hospitalet, un siglo como ciudad: del pueblo agrícola a la zona más densa de Europa

Móstoles.

Móstoles. / José Luis Roca

Juan Fernández

Juan Fernández

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

En los años 80 prosperó en Madrid un chiste urbano, mitad chascarrillo mitad broma local, que da pistas de la percepción popular que existía de la ciudad más poblada de la Comunidad -descontada la capital, claro-. "¿Tú crees en el más allá?", preguntaba alguien a su interlocutor, que respondía con sorna: "¿Cómo no voy a creer, si vivo en Móstoles?".

Domicilio familiar de muchos de los trabajadores que cada mañana acudían a Madrid a ponerla en marcha, el nombre de la localidad evocaba en esos años un incierto y remoto lugar carente de personalidad o de atributos atractivos. Luego llegó el sketch de las empanadillas de Martes y Trece -nochevieja de 1985- y el estereotipo acabó sepultando su imagen pública. Por tamaño, músculo y dinamismo, podía mirar por encima del hombro a más de la mitad de las capitales de provincias del país, pero presumir de ser de Móstoles no era por entonces una práctica habitual entre sus vecinos.

Cuarenta años después, la ciudad madrileña, que comparte con L’Hospitalet del Llobregat la condición de ser el segundo mayor núcleo urbano de su comunidad autónoma y haber crecido exponencialmente al amparo de una gran capital, vive a mitad de camino entre su perfil de ciudad dormitorio, que no ha abandonado del todo dada su vinculación a Madrid –febril y cotidiana como prueban cada mañana las atestadas vías de comunicación que la unen al interior de la M-30– y su aspiración de convertirse al fin en una ciudad viva, amable y orgullosa de su pasado y su potencial.

Ubicación de Móstoles

Mapas de ubicación

Su población, que se estabilizó en la década del 2000, ha vuelto a pegar un notable estirón en el último lustro: en enero de 2025 figuraban 217.377 vecinos censados, 7.000 más que en 2020. El municipio goza hoy de servicios y equipamientos que pocas capitales del interior de España pueden igualar: tiene tres grandes hospitales, 38 colegios, 13 institutos, cinco paradas de metro, dos apeaderos de Cercanías y hasta un campus universitario, el de la Universidad Rey Juan Carlos. Sin embargo, sus habitantes y sus representantes públicos transmiten una sensación de cuenta pendiente, de tarea a medio hacer, que resume gráficamente Miguel A. Bonilla: "Queremos que Móstoles sea una ciudad para vivir, no solo para dormir".

Avenidas y bloques

Boti, nombre con el que Bonilla es popularmente conocido en la localidad –no es su mote, sino su segundo apellido-, alude al uso urbano que en el pasado ha primado en Móstoles, ese conglomerado de urbanizaciones, avenidas y bloques altos plantado en mitad del páramo a 20 kilómetros de Madrid al que regresaban cada noche sus habitantes, cansados después de pasarse todo el día trabajando en la capital y con pocas ganas de trenzar afectos con su lugar de residencia.

Él es uno de los que más ha hecho en estos años por corregir ese desapego. Implicado en las peñas y los festejos desde que era un crío –hoy preside la hermandad de Nuestra Señora de los Santos, patrona de la ciudad, y ha sido pregonero de la Semana Santa y de las fiestas locales-, a sus 54 años reivindica con fervor el "orgullo mostoleño" y reclama la necesidad de "potenciar la identidad local", precisamente por eso, por su escasez.

Móstoles.

Móstoles. / José Luis Roca

Esa falta de identificación popular con el municipio está relacionada con su evolución demográfica. A mediados de los años 60, Móstoles era un modesto pueblo de la provincia de Madrid de apenas 2.800 habitantes dedicados a la agricultura y la ganadería. 15 años más tarde, en 1980, vivían en la localidad 150.000 personas, la mayoría llegadas de Extremadura o Andalucía en busca de oportunidades en la boyante Madrid o expulsadas de la capital por los precios de la vivienda.

Uno de ellos fue Ricardo Zamora, madrileño de 70 años, que se mudó a Móstoles en 1979 porque solo aquí logró encontrar un piso al alcance de su presupuesto: dos millones de pesetas (12.000 euros) que pagó en diez años. En esa época, al municipio le crecían las torres de viviendas y las avenidas como setas en otoño y su perímetro se fue ampliando por agregación de nuevos barrios y colonias: El Soto, La Princesa, Estoril I, Cerro Prieto…

Calles sin aceras

"Había una gran voracidad por construir porque todo se vendía al instante. Luego nos tocó a los vecinos luchar por los equipamientos en los que nadie había pensado cuando entregaba las llaves de las casas", cuenta Zamora, que lleva 47 años al frente de la asociación vecinal de El Soto y aún recuerda las caminatas que al principio de residir en Móstoles tenía que hacer cada mañana, cruzando prados y calles sin aceras, para llegar a la estación del tren y desplazarse hasta Madrid, donde trabajaba en el ayuntamiento. "En esos años, ser de Móstoles no era motivo de orgullo. Al contrario, solíamos obviar ese dato cuando nos movíamos por la capital", reconoce el líder vecinal.

Aquel 'boom' inmobiliario descontrolado y "voraz" de los años 70 y 80 es el motivo de que Móstoles, a pesar de estar más alejado de la capital que otros municipios del extrarradio madrileño, como Alcorcón, Leganés o Getafe, acabara erigiéndose en la urbe más poblada del sudeste, una conurbacion de casi un millón de habitantes –incluidos los de Fuenlabrada– que quedó conectada en 2003 a través de Metrosur, que a su vez enlazaba con la línea 10 del metro de Madrid.

Móstoles.

Móstoles. / José Luis Roca

La posibilidad de llegar hasta la capital en metro ha sido uno de los hitos más reseñables de la memoria urbana de los mostoleños, que hasta entonces solo podían hacer ese viaje en autobús, Cercanías o coche privado. Lo llamativo es que, 20 años después, la movilidad sigue siendo la demanda más insistente de los vecinos. "Es comprensible, el 60% de la población activa local continúa trabajando en Madrid a día de hoy y la mayoría tarda más de una hora en llegar a sus trabajos. A los mostoleños se nos va la vida en el transporte público o atrapados en atascos», explica Jesús Arrabé, nacido en Móstoles en 1988 y hoy concejal municipal por Más Madrid.

La queja vecinal es un reflejo del principal problema estructural que padece hoy la localidad: "Cuando se desarrolló, Móstoles apostó por un modelo residencial y después de tantos años sigue igual. No se ha dotado de industria ni de un sector productivo y empresarial potente que nos permita vivir y trabajar en el municipio sin tener que ir cada día hasta Madrid", señala el edil.

Ciudad dormitorio

Este diagnóstico lo comparte el propio alcalde, Manuel Bautista, del Partido Popular. "Durante décadas, Móstoles fue una ciudad dormitorio que quería ser ciudad dormitorio. Ese es el matiz: que quería ser así. Pero ese paradigma ha cambiado y hoy los mostoleños expresan a diario su deseo de vivir, trabajar, formarse, ir de compras y divertirse en nuestra localidad sin tener que viajar a Madrid para hacerlo. Este es el objetivo que tenemos en el horizonte", reconoce el máximo responsable actual del ayuntamiento, que llegó a este cargo en 2023.

A excepción de la etapa 2003-2015 y la legislatura actual, Móstoles ha estado siempre gobernada por el PSOE, pero ninguna corporación municipal de ningún color político logró dar con la tecla para convertirla en una ciudad de servicios o en un polo atractivo para la industria y las empresas.

Móstoles.

Móstoles. / José Luis Roca

Después de 24 años, 'Móstoles Tecnológico', el complejo inaugurado en 2001 para albergar compañías punteras, solo ha logrado seducir a dos grandes firmas –Repsol y Thyssen– para ubicar aquí sus centros de investigación. El alcalde ha anunciado dos nuevos millones de metros cuadrados de suelo industrial para que Móstoles "empiece a atraer trabajadores y deje de expulsarlos fuera del municipio cada mañana", aunque su promesa estrella es un centro comercial ubicado en el interior de la localidad, no a las afueras, que permitirá acabar con dos de las rarezas que atesora la ciudad: es una de las pocas urbes de España de más de 200.000 habitantes que no tiene cine ni tiendas de Inditex.

El ayuntamiento ha aprobado un plan urbanístico que permitirá crear 12.000 nuevas viviendas con el objetivo de frenar la subida de precios, que se han disparado un 20% en el último año. Bautista prevé que el municipio superará los 250.000 habitantes en la próxima legislatura, pero su máxima aspiración es revertir la relación de dependencia que hoy sigue manteniendo con Madrid. "Estar al lado de una de las mayores capitales de Europa puede ser una oportunidad, no un problema. Si conseguimos relanzar la marca Móstoles, podemos atraer el turismo y la energía que Madrid genera", explica.

Cartel en honor de los mostoleños que se levantaron contra las tropas napoleónicas

Cartel en honor de los mostoleños que se levantaron contra las tropas napoleónicas / J. F.

La excusa la brinda la historia local. En 1808, el bando municipal emitido por los dos alcaldes que Móstoles tenía en ese momento –Andrés Torrejón y Simón Hernández–, conocido como 'El bando de la Independencia', supuso el pistoletazo de salida del levantamiento popular contra las tropas napoleónicas. "España es España gracias a Móstoles, y eso es digno de que lo conozcan todos los españoles", presume el regidor.

De momento, el líder vecinal Ricardo Zamora se conforma con que el ayuntamiento termine de una vez el pabellón de deportes local, que toma el nombre de uno de los alcaldes levantiscos, Andrés Torrejón, y cuyas obras llevan una década paradas junto a la avenida Iker Casillas, el hijo predilecto de Móstoles. "Ese pabellón es nuestra Sagrada Familia particular y lo vamos a terminar", promete el alcalde.

Boti sueña con un equipo de fútbol en Primera División, "como tiene Getafe o Leganés", pero de momento se conforma con borrar la fama de ciudad dormitorio que persigue a la localidad. "Nunca me gustó esa etiqueta ni me hizo gracia el sketch de Martes y Trece porque no nos hace justicia. Aquí lo típico son las torrijas de anisetes, no las empanadillas, y lo de la ciudad dormitorio ya ha pasado a la historia", advierte.

Suscríbete para seguir leyendo