Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Un año después de la victoria de Junqueras

ERC recupera la estabilidad un año después de la batalla aunque sigue buscando la paz interna

La nueva dirección reivindica su primer año de gestión, mientras que los críticos continúan planteando dudas

Junqueras gana las elecciones en ERC y recupera el control del partido

Junqueras se queda con el control de 10 de las 13 federaciones de ERC tras completar la renovación territorial

Nueva crisis en ERC: dimite más de la mitad de la dirección en Barcelona por discrepancias con su presidenta

Elisenda Alamany y Oriol Junqueras en el congreso de ERC del pasado mes de marzo.

Elisenda Alamany y Oriol Junqueras en el congreso de ERC del pasado mes de marzo. / Alberto Estévez / EFE

Quim Bertomeu

Quim Bertomeu

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Se cumple el primer año del congreso de ERC que devolvió a Oriol Junqueras al liderazgo y que fue el punto álgido de una batalla interna por el control del partido que desató un crudo enfrentamiento entre facciones. Un proceso marcado por acusaciones subidas de tono, whatsapps filtrados, informes internos que de repente veían la luz pública y críticas cruzadas sin filtro a través de las redes sociales. 365 días después, el partido ha recuperado la estabilidad y ha dejado atrás aquel combate fratricida, pero sigue buscando una paz interna duradera. Hay algunas heridas que siguen abiertas.

Tras recuperar el trono el 14 de diciembre de 2024, Junqueras consiguió aplacar la tensión interna fundamentalmente con dos movimientos. En primer lugar, mantuvo en sus cargos institucionales a destacados nombres del partido que se habían enfrentado a él por el poder. Sobresalieron dos: Josep Maria Jové siguió como líder de ERC en el Parlament y la exconsellera Teresa Jordà como 'número dos' en el Congreso. Eso evitó que los críticos con el 'junquerismo' pudieran hablar de purga, pese a que Junqueras sí relegó a otros nombres como el de Marta Vilalta.

En segundo lugar, el equipo de Junqueras se centró en intentar recuperar el apoyo de las 13 federaciones regionales con las que se estructura el partido, que también abrieron un proceso de renovación. Tras muchos kilómetros recorridos, lograron decantar a su favor diez de ellas y en otras dos pactaron con los críticos ejecutivas regionales de consenso. Solo hubo una federación que eligió una dirección abiertamente hostil a Junqueras, la de Barcelona, que a día de hoy sigue siendo noticia por su crisis interna.

Imagen del grupo de ERC en el Parlament, con Jové y Junqueras en primera línea.

Imagen del grupo de ERC en el Parlament, con Jové y Junqueras en primera línea. / Andreu Dalmau / EFE

Desde la dirección hacen un balance positivo de este primer año. "La militancia ha superado muy claramente esa etapa. Todo el mundo está pensando en las municipales", sostienen fuentes de la ejecutiva republicana. Defienden que en este tiempo han conseguido enderezar el rumbo de ERC y darle la "fiabilidad" que perdió durante la batalla interna. "Todo el mundo sabe lo que hacemos y cómo lo hacemos. Nos hemos resituado en un espacio central en el terreno político", sostienen las mismas fuentes. Sus votos decisivos, tanto en el Parlament como en el Congreso, le permiten condicionar la gobernabilidad en Barcelona y en Madrid y han hecho que el foco vuelva a estar puesto en el terreno de las propuestas, y no en el de los problemas internos.

Las heridas

Pese a estos síntomas de tranquilidad, ERC sigue sin encontrar la fórmula para recuperar la paz sólida y duradera que la caracterizó en la primera etapa del 'junquerismo', entre 2011 y 2024. Por ejemplo, no ha habido reconciliación pública entre las dos grandes figuras que se enfrentaron en la batalla interna, el propio Junqueras y Marta Rovira. Fueron un tándem prolífico durante 13 años, pero su relación se rompió y no se ha recuperado. Rovira sigue viviendo en Suiza y se apartó de la vida del partido. Además, hace tres semanas se abrió una crisis interna en la Federación de Barcelona, la más numerosa en militantes, desatada por los sectores críticos con Junqueras que reproduce los esquemas de la batalla interna de 2024.

Godàs i la seva candidatura durant el congrés del novembre. | JORDI COTRINA

Imagen de archivo de Teresa Jordà, Xavier Godàs y Alba Camps. / Jordi Cotrina

Para ganar el congreso de hace un año, Junqueras tuvo que enfrentarse a una candidatura liderada por Xavier Godàs. En conversación con EL PERIÓDICO, Godàs sostiene que transcurrido este tiempo "aún hay que cohesionar el partido". "No lo está, en absoluto", afirma. El problema, expone, es que en el congreso se superaron "unos límites que nunca deberían haberse superado". Se refiere, por ejemplo, a la investigación interna sobre el asunto de los carteles sobre el Alzhéimer contra los Maragall, que "señaló a personas de forma injusta".

En aquel congreso concurrieron otras dos candidaturas. Helena Solà lideró la de Foc Nou y su diagnóstico tampoco es positivo. "Falta un cambio de rumbo. Tenemos liderazgos obsoletos y poco creíbles y estamos perdiendo credibilidad. No tenemos un proyecto ilusionante detrás", lamenta. Una de sus quejas es la de que se mantengan los pactos con el PSC. El líder de la cuarta candidatura, Xavier Martínez-Gil (Col·lectiu 1 d'Octubre), ve un partido "más pacificado", pero tampoco le gusta la estrategia. "Ni PSC ni PSOE. Es una estrategia errónea. Nosotros decimos 'no' a Illa y 'no' a Sánchez", resume.

¿Y ahora qué?

¿Quién se aproxima más a la realidad, la tesis de la dirección o la de sus rivales en aquel congreso? El mínimo común denominador es que el partido ha aparcado el ruido. Eso pocos lo cuestionan. "Volvemos a ser un partido ordenado", expone un exdirigente afín a Junqueras. "No hay contestación interna, ni guerra abierta, ni una oposición organizada", concede un exdirigente crítico con el presidente de las filas. A partir de aquí, mientras el primero ve un partido "con liderazgo fuerte" y ya con un "ambiente en positivo", el segundo ve una formación aún "poco reconocible" en la que "nadie juega en equipo". "Después de un año hemos conseguido poner fin a aquel espectáculo público que dimos. Hay una cierta calma, pero la herida no está cerrada del todo", concluye un exdirigente no alineado.

A lo que puede agarrarse ERC es que, a diferencia de su anterior gran crisis, en 2008, esta vez no ha habido ni escisiones ni bajas de dirigentes, salvo la de Ernest Maragall. Mejor o peor avenidos, más o menos convencidos con el proyecto, todo el mundo -salvo contadas excepciones- sigue dentro del proyecto. "El termómetro real serán las próximas elecciones", explica un miembro del partido. Y sobre todo, añade otro, que pronto "se pueda presentar Oriol". Es decir, que Junqueras pueda medir el principal apoyo que solidifica un liderazgo, el de los votantes. Sin embargo, que pueda concurrir a unas elecciones, sigue siendo una incógnita en manos de la Justicia.

Suscríbete para seguir leyendo