21D: Elecciones en Extremadura
La política extremeña vuelve a medirse en las urnas: los 6.000 votos que separaron hace dos años a PP y PSOE
El 21D se configura como ‘la segunda vuelta’ de unas elecciones que en mayo de 2023 arrojaron en Extremadura un empate técnico entre PSOE y PP

MERIDA. PLENO ASAMBLEA DE EXTREMADURA. 25 SEPTIEMBRE 2025 / Javier Cintas
El 28 de mayo de 2023 Extremadura inició «un tiempo nuevo». El extraordinario resultado electoral que arrojaron las urnas acercó las minorías parlamentarias a una tierra acostumbrada a la hegemonía histórica del PSOE, que esa noche sufrió su victoria más amarga: con apenas 6.800 votos de diferencia sobre el PP los socialistas ganaron, pero sin opciones de formar gobierno. Con los dos grandes partidos empatados a 28 escaños, Vox irrumpiendo con cinco y Unidas por Extremadura resistiendo con cuatro, solo un diputado decantó el color del nuevo gobierno: el PP logró finalmente, tras arduas negociaciones, articular con Vox una mayoría suficiente para la investidura de María Guardiola.
La legislatura comenzaba así con el primer gobierno de coalición en la historia de Extremadura, que apenas un año después saltaba por los aires. María Guardiola resolvió la crisis con audacia y continuó gobernando en solitario, pero su margen de maniobra se estrechó aún más: ese empate técnico entre los dos grandes partidos ha convertido cada votación en la Asamblea casi en una acrobacia de circo y ha evidenciado la fragilidad de un Ejecutivo vulnerable a cualquier fisura parlamentaria, tanto a su derecha como a su izquierda.

Fotogalería | Feijóo se pasea por Don Benito /
Pendientes de un escaño
Con el adelanto electoral, el PP aspira precisamente a cambiar esa correlación de fuerzas y abrir la puerta a un escenario más favorable. Quizás no sea la ansiada mayoría absoluta (33 diputados en la Cámara extremeña), pero sí un margen más holgado que le permita no depender de negociaciones al borde del abismo y gobernar sin vivir pendiente de un escaño. El viento sopla a favor, pero para mejorar los resultados que cosechó en mayo de 2023 y que todo no quede en un mero ajuste aritmético, el PP necesita abrir nuevos caladeros electorales en Extremadura.
Entonces creció capitalizando la debacle de Ciudadanos y el voto anti-PSOE impulsado por el ciclo nacional. Ahora, para trasladar su hegemonía institucional a las urnas necesita ampliar ventaja sobre los socialistas en las dos capitales de provincia (en 2023 ganó claramente en ambas y ahí cimentó buena parte de su subida autonómica); reforzar las comarcas rurales donde creció, pero no lo suficiente para arrebatar la primera plaza al PSOE, y movilizar a un electorado moderado que hace dos años se mantuvo parcialmente en la abstención porque no estaba convencido de votar a la Asamblea coincidiendo con las municipales.
El resultado histórico de Monago
En las autonómicas de 2023 el PP cosechó el 38,7% de los votos: más de 237.000 papeletas que le valieron una subida de casi 11 puntos respecto a 2019. Pero con sus 28 diputados, María Guardiola aún está lejos de las cifras históricas que logró José Antonio Monago en 2011: 32 escaños y un 46% de las papeletas, frente a los 30 y el 43% que obtuvo entonces Guillermo Fernández Vara.
El PP llega como favorito claro al 21D, pero por el momento las encuestas no conceden la mayoría absoluta a la presidenta de la Junta. No logra romper el techo de voto del PP porque estaría intercambiando los votantes moderados que arrebata al PSOE por los de la derecha más ideológica que se decantan por Vox.
Convocatoria sin alcaldes
Y si en algo coinciden también todos los sondeos, es en el hundimiento del PSOE, que podría cosechar de la mano de Miguel Ángel Gallardo su peor resultado histórico en Extremadura. La demoscopia apunta que no pasarían de los 25-26 diputados, un pronóstico que el CIS rebaja incluso a 19-22. Para entender lo que estas cifras suponen en el PSOE de Extremadura, basta citar el resultado de 2023, que con 28 diputados y el 39,9% de los votos ya representó el suelo histórico del partido en la región.

El candidato del PSOE a la Presidencia de la Junta, Miguel Ángel Gallardo, en un acto electoral en Plasencia junto al secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez / CARLOS CRIADO/EUROPA PRESS
Aunque no gobernaron por ese estrecho margen, lo cierto es que los socialistas fueron la primera fuerza en las últimas autonómicas y ganaron también las municipales y las generales que se celebraron apenas dos meses después. Para mantenerse ahora necesitan retener su suelo electoral en los municipios, con las dificultades que esto entraña en una convocatoria autonómica sin confluencia con las municipales; mantenerse en Mérida, único bastión que conservan esta legislatura, y crecer en Cáceres y Badajoz no para ganar, sino para recortar distancia y evitar que el PP amplíe aún más su ventaja urbana.
En este escenario, lo más urgente para el PSOE es reconstruir una narrativa movilizadora que compense el clima adverso que reflejan los sondeos, donde la pregunta no es ya si puede ganar —porque ninguna encuesta lo contempla—, sino cuánto puede resistir tras el desgaste que han supuesto la crisis interna por el relevo del liderazgo y el procesamiento de su candidato, pendiente de sentarse en el banquillo por el caso David Sánchez.
El crecimiento de Vox
Vox, por su parte, enfrenta el 21D con los objetivos claros: aspira a crecer de forma significativa para consolidarse como el actor decisivo en Extremadura. Para ello, la formación de Santiago Abascal necesita consolidar el espacio que abrió hace dos años y ampliarlo para reforzar su implantación en el mundo rural, donde logró sus mejores porcentajes en las anteriores autonómicas (La Serena, La Siberia o Vegas Altas) y donde confía en crecer apelando al descontento agrario y al rechazo a la «burocracia verde» que atribuye a las políticas de PSOE y PP en Madrid y Bruselas.
La segunda clave para Vox es evitar que el PP absorba parte de su electorado tras la ruptura del gobierno de coalición: necesita presentarse como una derecha coherente, y la presencia de Santiago Abascal en campaña se configura como su principal activo.

Abascal y Fernández, en un acto de precampaña en Mérida. / JAVIER CINTAS
Izquierda a vida o muerte
La última pieza del tablero es Unidas por Extremadura, la coalición de Podemos e IU, que resistió en 2023 con cuatro escaños. Para mantenerse el 21D necesita reactivar al electorado progresista desencantado y retener su espacio en las áreas urbanas, donde se juega buena parte de sus opciones de conservar representación. Su marca propia en la región es un activo en un ciclo nacional adverso para la izquierda alternativa, potenciada ahora con la situación interna del PSOE y Miguel Ángel Gallardo.

Acto de presentación de candidaturas de Unidas por Extremadura para el 21D, en Mérida. / Unidas por Extremadura
La posición de Vox en un escenario de crecimiento significativo hace que la presencia de Unidas por Extremadura sea aún más determinante. Si mantiene representación, el bloque progresista conservará un mínimo margen para resistir; si queda fuera, la balanza se inclinará hacia el cambio de ciclo que se inició en mayo de 2023.
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