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Jóvenes y franquismo: "Por qué nos gusta cantar el 'Cara al sol'"
Chicos de entre 12 y 17 años muestran su atración por el régimen de Franco exhibiendo sin pudor en los institutos símbolos y cánticos preconstitucionales, un gesto no exento de provocación juvenil
Franquismo, la asignatura pendiente del sistema educativo español
Repaso a los (falsos) mitos del franquismo

Un grupo de jóvenes saludaba brazo en alto tras cantar el 'Cara al sol' en la concentración de la Falange que hubo en Madrid el 21 de noviembre de 2025 / EPC
Al profesor Tomás Torres, que imparte la asignatura de Valores Cívicos y Éticos a estudiantes de entre 12 y 16 años en el Instituto de Secundaria de Albalat de la Ribera (Valencia), sigue pesándole hoy la reacción que tuvo hace meses en una excursión escolar con sus alumnos. De pronto, en el autobús, un grupo de chicos empezó a cantar el 'Cara al sol' y en cuestión de segundos la melodía era coreada por medio autocar. “Me pilló por sorpresa y reaccioné irritado. Les expliqué por qué no debían cantar esa canción y me puse muy severo. Luego me arrepentí, porque no solo no escucharon mis razonamientos, sino que mi nerviosismo les hizo ver una fórmula para provocarme”, cuenta el docente.
La escena la conocen bien en el instituto privado y elitista de Aravaca (Madrid) donde da clase de Economía el profesor Gonzalo Plaza, habituado a oír en el centro las notas del célebre himno falangista que hizo suyo el régimen de Franco. “Siempre que hay un evento musical en el salón de actos, aparece algún alumno y empieza a tocarlo en el piano, o lo interpretan por los pasillos con la flauta dulce”, revela. Y en el IES Arturo Soria, del barrio madrileño de Hortaleza, de perfil obrero, cuya directora, Cristina Sandoval, reconoce que ha tenido que poner alguna sanción disciplinaria a estudiantes por gritar “¡viva Franco!” o exhibir “la bandera del aguilucho”.
Los propios menores confiesan que el cántico franquista, las loas al dictador y los símbolos del antiguo régimen se han convertido en parte de su día a día, una suerte de fascinación a medio camino entre una seña de identidad política, una expresión de rebeldía y una atracción pop cercana a la cultura del meme.
“A mí me echaron del Camino de Santiago por cantar el ‘Cara al sol’ en un viaje con el instituto”, afirmaba orgulloso Gonzalo, de 15 años y estudiante de 4º de la ESO en el colegio Jesús-María de Madrid, el pasado 20 de noviembre en la puerta de la iglesia de los Doce Apóstoles, donde se oficiaba una misa por el alma de Francisco Franco en el 50 aniversario de su muerte.
A su lado, su amigo Álvaro, de 14 años y de un curso menor, pero del mismo centro, prometía llevar al día siguiente al colegio “en algún lugar bien visible, para fastidiar a los rojos”, el llavero con el Águila de san Juan que acababa de comprar en un puesto de chamarilería franquista situado en la entrada del templo.

Los adolescentes Gonzalo, Álvaro, Jacobo, Jaime y Sebastián muestran los llaveros y las estampas franquistas que acaban de comprar el 20 de noviembre. / EPC
Banderas franquistas
“Franco hizo cosas bien y mal, aquí muchos pensamos así”, reconocían este jueves Rocío y Hugo en la puerta del IES Ezequiel González de Segovia. Muy cerca de allí, un alumno de otro centro caminaba por la acera cargando una mochila adornada con una bandera franquista y otra con la Cruz de Borgoña. “A mí me obligó un profesor a arrancarla de la portada de una libreta. ¿Por qué ofende una bandera que simboliza la gloria del imperio español y que hoy luce el Ejército en sus desfiles?”, se quejaba Tiago, de 16 años y estudiante de un instituto del barrio madrileño de Chamberí, el pasado 21 de noviembre en la marcha organizada por la Falange en memoria de su fundador, José Antonio Primo de Rivera. El adolescente aludía al emblema de las aspas rojas cruzadas sobre un fondo blanco que últimamente está proliferando entre el ‘atrezzo’ estudiantil de los menores.
El prestigio que han alcanzado los discursos de ultraderecha entre la población de menor edad lo reflejan las encuestas: el último baremo del CIS revelaba que uno de cada cinco jóvenes cree que el franquismo fue “una etapa buena” y su homólogo catalán, el CEO, señalaba en un estudio reciente que el 16% de los menores de 25 años de Catalunya prefieren un gobierno autoritario a uno democrático. No es un fenómeno estrictamente español, sino que se da en más países de nuestro entorno, pero en el nuestro tiene la variante local de la reivindicación de la figura de Franco y del régimen dictatorial por parte de chicos y chicas –sobre todo chicos- que no solo no conocieron la dictadura, sino que a menudo tampoco la vivieron sus padres.
A pesar de esta distancia generacional con la España del franquismo, o quizá precisamente por esto, muchos jóvenes confiesan su atracción por aquella etapa de nuestro pasado reciente y abiertamente plantean su deseo de que vuelva. “Durante el franquismo se hicieron muchas cosas buenas, se protegió el trabajador, se aprobaron las pagas de verano y navidad, se construyeron millones de viviendas sociales…”, enumeraba el pasado 20 de noviembre Leandro, de 20 años, en uno de los muchos homenajes que se celebraron en Madrid con motivo del aniversario de la muerte del dictador.
“Con Franco había respeto por la autoridad y por el otro. También había ganas de trabajar y vivienda, que ahora falta”, apuntaba esta semana Samuel, de 17 años, en su instituto del barrio de Hortaleza. Hijo de madre peruana y padre español, su origen mixto no entra en contradicción, según subraya, con su discurso: “Estoy a favor de la inmigración legal, la que viene con ganas de trabajar, no la de las mafias”, añade.

Jóvenes desfilando brazo en alto por Madrid en una manifestación de la Falange el 21 de noviembre de 2025 / Juanjo Martín / EFE
Redes sociales
“A mí me han contado que con Franco podías dormir con la puerta de casa abierta porque sabías que nadie iba a entrar a robar, no como ahora, que tienes que ir por la calle con mil ojos, no te vaya a atracar un moro”, aportaba el pasado 20-N Jacobo, compañero de instituto de Gonzalo y Álvaro, y que, al igual que ellos, se había parado a comprar adornos franquistas cuando volvían de un entrenamiento en su instituto. “Me sé la letra del ‘Cara al sol’ de memoria y también sé tocar la melodía con el ukelele”, añadía ufano.
Sobre ese “a mí me han contado” que apunta Jacobo gravita buena parte de este fenómeno. ¿Dónde se han informado estos jóvenes para acabar pensando que el franquismo fue un régimen y un tiempo añorable al que desearían volver? ¿Cómo han conseguido familiarizarse hasta tal extremo con unos himnos y unos símbolos preconstitucionales con los que hace apenas unos años era difícil cruzarse?
Aparte de algún que otro “se lo he oído a mi abuelo”, la mayoría señala a las redes sociales como su principal fuente documental. “Fundamentalmente, Instagram y TikTok, y algún que otro vídeo de Youtube”, reconocían Gonzalo, Álvaro y Jacobo. “Nosotros nos hemos enterado de la 'mani' porque seguimos la cuenta de la Falange en Instagram”, señalaban Tiago y su amigo Luis, también de 16 años, minutos antes de gritar el consabido “¡José Antonio, presente!” y marchar junto a unas 700 personas, la mayoría jóvenes, desde la sede del PP a la del PSOE en Madrid el pasado 21 de noviembre.
El número de seguidores que tienen los principales partidos en las plataformas da buena cuenta del palizón que la ultraderecha le pega hoy en día al resto de discursos políticos en las redes sociales. Frente a los 72.000 usuarios que siguen el perfil del PP en TikTok o los 161.000 que ven los vídeos del PSOE, los de Vox suman casi 800.000. En Instagram, el PP cuenta con una parroquia de 194.000 followers y la del PSOE es de 173.000, pero la de Vox supera el millón de seguidores, habituados a colmar de likes vídeos como el del diputado ultra Manuel Mariscal, que afirmó en el Congreso el año pasado: “Gracias a las redes sociales, los jóvenes están descubriendo que la etapa posterior a la Guerra Civil no fue oscura, sino de reconciliación”. Según el último sondeo del CIS, Vox es el partido favorito de los españoles de 25 a 34 años y el segundo con más intención de voto entre los jóvenes de 18 a 24 años.
“Son víctimas de la desinformación y la manipulación. El otro día, un alumno me decía que el fascismo es bueno porque viene de ‘fascio’, que se ha enterado que significa unidad. En clase de Ética, en un debate sobre la pobreza, otro chaval propuso reactivar la ley de vagos y maleantes para acabar con la mendicidad”, explica el profesor de instituto Tomás Torres. “Si les preguntas si saben qué es el 'Cara al sol', te responden que fue el himno de España y que por eso lo cantan. Nadie les ha explicado lo que significó esa canción ni cómo vivían realmente los españoles que estaban obligados a cantarla”, añade el docente Gonzalo Plaza.
Banlización ultra
La falta de un relato veraz sobre la historia de aquellos años sobrevuela este fenómeno, pero el historiador Steven Forti, especializado en el estudio del auge de la ultraderecha en Europa, no cree que esa sea la causa del 'revival franquista' que ha calado entre los más jóvenes. “En los años 80 y 90, los programas lectivos dedicaban mucho menos tiempo y espacio a hablar de la dictadura que ahora, pero a nadie se le ocurría gritar viva Franco en los institutos”, compara.
En su opinión, lo que pasa con los jóvenes en España dista poco de lo que ocurre en países como Italia o Brasil, donde también reivindican a Mussolini y la dictadura militar. “La banalización de los discursos extremistas, fomentada por personas interesadas y difundida por las redes sociales, ha normalizado ideas que hace poco nos escandalizaban. Si un joven recibe a diario decenas de vídeos y memes diciéndole que vive en una dictadura 'woke' y que con Franco se vivía mejor, no es raro que acabe creyéndoselo”, explica.
Originario de Italia, aparte de coordinar el proyecto Analysis of and Response to Extremist Narratives (ARENAS), Forti da clase en la Universidad Autónoma de Barcelona y no ha olvidado la escena que vivió hace poco volviendo de la facultad en tren. “De pronto, un grupo de chavales de 12 a 14 años empezó a cantar el 'Cara al sol'. Me sorprendió, porque no me lo esperaba en Barcelona, pero lo que más me llamó la atención fue sus caras. Sonreían como si estuvieran cantando un tema de un cantante de rap, con ese punto de inconsciencia y provocación”, razona. Y añade: “La ultraderecha ha sabido conectar con el espíritu rebelde propio la juventud. Está de moda. Hoy, para esas edades, lo más trasgresor que existe es ser facha”, razona.
Gonzalo, Álvaro y Jacobo confirman esa impresión. “Cantar el 'Cara al sol' en el instituto es divertido. A los profes, sobre todo a los más rojos, les pone muy nerviosos, y eso mola”, confiesan entre risas.
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