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Ejercicio Toro 25

El Ejército se adiestra para liderar en tierra a la Fuerza de Reacción Aliada de la OTAN

Es el segundo encargo terrestre de primer nivel de la Alianza que recibe Defensa, tras el de mandar una brigada de disuasión a Rusia en Eslovaquia

Militares de la División Castillejos operan en una sala de mando del Ejercicio Toro 2025

Militares de la División Castillejos operan en una sala de mando del Ejercicio Toro 2025 / DIVCAS ET

Juan José Fernández

Juan José Fernández

Madrid
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Para la OTAN, la ARF se ha convertido desde 2024 en espina dorsal de su respuesta en Europa a un conflicto de alta intensidad. Las siglas denominan la Allied Reaction Force, o Fuerza de Reacción Aliada, prevista para una rápida movilización de contingentes en todos los dominios. Y en uno de los principales, el terrestre, a España le va a corresponder liderar el cuartel general de la ARF dentro de un año. Para eso se adiestra la División Castillejos en un ejercicio, Toro 25, que culmina este fin de semana.

Tras la asunción el año pasado por España del mando de referencia de una brigada OTAN disuasoria en Eslovaquia, llega otro encargo del máximo nivel en la Alianza. La Fuerza de Reacción Aliada, bajo el Mando Supremo Aliado (SACEUR), se adapta desde la cumbre de Vilna a lo que el Ejército califica de "nueva situación estratégica". Desde 2024, el liderazgo de la ARF reside en Italia, en el Cuartel General del Cuerpo de Despliegue Rápido, pero esa localización caduca en 2027. El turno pasará a la División Castillejos, uno de los principales y más grandes conglomerados del Ejército de Tierra.

El jefe de Estado Mayor del Ejército, Amador Enseñat, durante una visita en el Ejercicio Toro 25 esta semana. A su izquierda, el general de División Luis Cepeda, jefe de la División Castillejos.

El jefe de Estado Mayor del Ejército, Amador Enseñat, durante una visita en el Ejercicio Toro 25 esta semana. A su izquierda, el general de División Luis Cepeda, jefe de la División Castillejos. / DIVCAS ET

Esta rama de las Fuerzas Armadas está aprovechando los ejercicios Toro anuales, en los que se pone a prueba la integración de capacidades de los centros de mando. El marco del adiestramiento es, según ha difundido la división, un conjunto de "operaciones de alta intensidad contra adversarios tecnológicamente avanzados y de capacidades similares a las nuestras", o sea, una guerra en toda regla.

Alta complejidad

Para este adiestramiento, el cuartel general de la Castillejos ha tenido que cambiar su esquema: de un Mando de División se transforma en un cuartel general de Mando de Componente Terrestre, que multiplica su complejidad porque sube notablemente de nivel: ese cuartel general se convierte en principal célula de respuesta e integra a oficiales de países aliados. Esta vez participan los enviados por Francia y Portugal.

Pero se integran también otros numerosos centros de mando y control: los del cuartel general de la Brigada Rey Alfonso XIII de la Legión, las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra, el Mando de Operaciones Especiales, un centro de control de la División San Marcial, la Brigada Logística, el Regimiento de Defensa Nuclear, Biológica Radiológica y Química (NRBQ)... y tres grandes mandos, los de Transmisiones, Artillería de Campaña, Artillería Antiaérea e Ingenieros, entre otras unidades.

No solo está comprometido el Ejército de Tierra. Participan también el del Aire y el Espacio y el Mando Conjunto del Ciberespacio. Las actividades de este ejercicio se llevan a cabo en la sede de la División Castillejos, en la ciudad de Huesca, y el campo de maniobras de Igriés, cerca de esa ciudad del Alto Aragón. Los oficiales implicados en el ejercicio llevan la intención de "posicionarnos en las mejores condiciones para poder superar con éxito la evaluación OTAN el año que viene", explica el general Luis Francisco Cepeda, jefe de la División Castillejos, en quien recae el desafío de este encargo de la OTAN.

El ejercicio es gigante en bits, llamadas, enlaces, reuniones, pero no hay más ruido del normal, ni movimiento de tropas, columnas de blindados, cañonazos, emboscadas... todo es neuronal, puro mando; lo que se pone a prueba es el cerebro, su capacidad de coordinar, comunicar y unir, lo que los militares llaman "conducción de operaciones en el ámbito multidominio".

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