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50 ANIVERSARIO

¿De qué depende el futuro de la monarquía española?

Cuatro expertos coinciden en que el porvenir de la Corona reside en una legitimidad que depende más de la figura del Rey que de la propia institución

Los españoles pasaron de las dudas sobre Juan Carlos I a la adhesión tras la Transición y ahora a un escrutinio exigente de Felipe VI

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El rey Juan Carlos desvela su ruptura con Felipe VI

Juan Carlos I, Felipe VI y la princesa Leonor.

Juan Carlos I, Felipe VI y la princesa Leonor. / EPC

Pilar Santos

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“Si el rey Felipe VI se mantiene al margen de los conflictos partidistas y sabe representar su papel institucional tanto dentro como fuera de España, es posible que recupere los niveles de popularidad perdidos por su padre, pero nadie puede saberlo con certeza”. Con esta cautela habla Javier Moreno Luzón, catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, especialista en la España contemporánea y galardonado con el Premio Nacional de Historia 2024. Luzón y otros tres expertos analizan en este reportaje la situación de la monarquía que ahora encabeza Felipe VI tras una abdicación decidida para salvar la institución de los escándalos de Juan Carlos I, la persona que la restituyó en 1975.

El camino recorrido este medio siglo no ha sido fácil. “Yo me acuerdo de una primera época en la que a Juan Carlos le llamaban ‘el Pelele’”, dice Mercedes Cabrera, historiadora y exministra de José Luis Rodríguez Zapatero. Cabrera, como también Luzón, rechazan el mantra de que los españoles le deben la democracia al rey emérito. No cree que haya que plantearse esa cuestión en “términos morales”, como él hace en el libro de memorias que acaba de publicar, al atribuirse todo el mérito en la llegada de la democracia. “Fue, sin duda, un actor importante en la Transición, en el que intervinieron numerosos actores individuales y colectivos, desde los partidos y la prensa hasta los movimientos vecinales o las fuerzas democráticas internacionales”, afirma el Premio Nacional de Historia.

La última monarquía

Cuando Juan Carlos I llegó al trono, señalado por Franco como su sucesor, estaba rodeado de enemigos en el Ejército, en el Gobierno, y tampoco la historia le acompañaba. Cabrera recuerda que la “tendencia tras las guerras mundiales del siglo pasado” era que las monarquías, muchas asociadas al fascismo y al colaboracionismo, “dejaban paso a las repúblicas”. Francisco Beltrán, profesor de Política Comparada en IE University y director de la Red de Estudios de las Monarquías Contemporáneas REMCO, también destaca este hecho, el ser “la última en restituirse en el mundo occidental”, y añade que los españoles legitimaron “la Corona no tanto por vía hereditaria sino a través de una funcionalidad vinculada al éxito de la Transición democrática”.

El rey Juan Carlos y Felipe, el 18 de junio de 2014, tras firmar el padre su abdicación en el Salón de Columnas del Palacio Real.

El rey Juan Carlos y Felipe, el 18 de junio de 2014, tras firmar el padre su abdicación en el Salón de Columnas del Palacio Real. / EFE / Juan carlos Hidalgo

¿Y ahora, sin un desafío político tan ambicioso, qué puede hacer Felipe VI para hacerse valer ante los españoles? Según Beltrán, tiene que mostrar “neutralidad, estabilidad, unidad y representación de todos los españoles por encima de partidismos”, porque esas son las “fuentes de legitimidad de la Corona”. Así es como Luzón cree que Felipe VI puede recuperar “los niveles de popularidad perdidos por su padre”.

La “transparencia” en las cuentas de la Zarzuela también es para Beltrán, Luzón y Cabrera un elemento indispensable en el siglo XXI. En estos momentos todavía no se sabe cuál es el coste total, ya que los presupuestos se distribuyen por varios ministerios (Defensa, Presidencia, Interior, Hacienda, Exteriores…) y nunca ha habido una voluntad de clarificarlo ni por parte de los sucesivos gobiernos ni por la Casa del Rey.

Paco Camas, sociólogo, director de investigación en Ipsos Spain, lleva años analizando datos sobre la imagen de la monarquía y subraya que la “legitimidad” de la monarquía en el caso de España no la aporta la institución sino la figura que la representa: primero Juan Carlos I y ahora Felipe VI.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el instituto público, no pregunta sobre la monarquía desde 2015, algo que sí hace la propia Zarzuela de manera privada desde siempre: según han contado en público Rafael Spottorno y Javier Ayuso, jefe de la Casa del Rey y director de comunicación, respectivamente, en los años previos a la abdicación los sondeos de popularidad eran tan malos (cacería de Botswana, Corinna Larsen…) que llevaron al exjefe de Estado a dar un paso al lado, para que la “figura” no dañara a la “institución”.

Camas afirma que primero Juan Carlos I (en sus décadas virtuosas) y, ahora, Felipe VI sacan mejor nota ante los españoles cuando se les pregunta por ellos individualmente que si se pide opinión sobre “la monarquía en abstracto”. “Si lo haces de manera general, solo un tercio apuesta por la monarquía; la mitad, por la república, y el resto son indecisos. Así que, en un hipotético referéndum en estos momentos sobre monarquía o república, el resultado más probable sería un empate”, afirma Camas. En esta disyuntiva entre los dos modelos políticos, Cabrera pone el foco en el papel “decisivo” del PSOE tanto en la Transición como ahora para, “por activa o por pasiva”, apoyar a la monarquía.

El rey resalta la fortaleza del conocimiento compartido para el impulso de Iberoamérica

El rey resalta la fortaleza del conocimiento compartido para el impulso de Iberoamérica / EFE

La ultraderecha

La historiadora y Luzón creen que, en estos momentos de “polarización” y máximo escrutinio de la sociedad y las redes sobre las instituciones, los principales enemigos del Rey están en las filas de la extrema derecha. Camas considera que Vox “usa” la figura de Felipe VI en su beneficio, algo que, en su opinión, perjudica al jefe del Estado.

El sociólogo ve a Felipe VI como un Monarca que quiere trasladar “seriedad”, “solvencia”, “independencia” ante una sociedad española que es “muy crítica” y vive en la “polarización permanente”. De hecho, en las conversaciones con los expertos se menciona el reciente episodio del funeral de la dana, en València. Allí, el único que tomó la palabra fue el Rey, una decisión impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez, reconociendo implícitamente que el Monarca era el único que podía alzar la voz en un escenario de tanta tensión emocional y choque político.

Preguntados los cuatro sobre si el discurso que pronunció el actual jefe de Estado el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum inconstitucional de independencia en Catalunya, puede compararse con el que pronunció su padre en 1981 tras el golpe de estado, las respuestas son variadas y con muchos matices. Luzón ve la equiparación como una “exageración interesada”. El historiador, igual que Cabrera, considera que aquel gesto fue “muy arriesgado”. El catedrático de la Complutense cree que su discurso “impedía el ejercicio de un hipotético papel arbitral” porque “le ponía en contra a una parte relevante de la ciudadanía”. “La política gubernamental tiene que defenderla el Gobierno”, asegura.

El referéndum

Camas no cree que se pueda comparar porque el discurso del 3-O no fue “tan legitimador” como el de 1981. “Para legitimarse, la monarquía tendrá que hacer un referéndum, algo que han planteado en algún momento partidos como Podemos y ERC. No sé si será Felipe VI o Leonor, pero tendrá que hacerse”, remata. Luzón se despide con un consejo para ese futuro relevo en el trono: “Yo abogaría por que la Princesa de Asturias estudiara en una universidad pública española, no en una privada o extranjera. Con ello ayudaría a mejorar la valoración social de nuestra enseñanza superior, que tiene una calidad muy alta y recibe escasos recursos”. Beltrán, en cambio, considera que Felipe VI afrontó en 2017 “una crisis política sin precedentes desde la restauración de la monarquía, tan grave como la provocada el 23-F, si no mayor”.

Medio siglo después de la entronización de Juan Carlos I, la monarquía sigue dependiendo de la figura que la encarna y de las decisiones a nivel político y de imagen que toma durante el camino: tiene que demostrar fortaleza ante la inestabilidad y abrirse a una sociedad que ya no concede legitimidad sin dar explicaciones y sin ejemplaridad.

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