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Joan Busquets, el último maqui catalán vivo: "Los libertarios fuimos leales a la República sin ser republicanos"

Entrevista al guerrillero que pasó 20 años en la cárcel y ahora reclama al Estado un millón de euros para reconocer su lucha contra el franquismo

Joan Busquets Verges és, a sus 97 años, el último maqui catalán que queda vivo

Joan Busquets Verges és, a sus 97 años, el último maqui catalán que queda vivo / EFE/ Alejandro García

Daniel G. Sastre

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Barcelona
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Joan Busquets Verges (Barcelona, 1928) es seguramente, a sus 97 años, el último maqui catalán vivo. El periodista Enric Garcia Jardí publica su historia en 'El maqui que encara lluita' (Ara Llibres), un libro que repasa su lucha contra Franco desde la guerrilla, su detención, su condena a muerte conmutada y su encarcelamiento durante 20 años. Desde Picauville (Normandia, Francia), donde vive tras no encontrar oportunidades en España cuando salió de prisión en 1969, Busquets sigue activo y pide que no se olvide a los que, como él, se echaron al monte contra la dictadura en los años más negros.

¿Qué impacto tuvo la guerra en su familia y cómo influyó eso en su compromiso político posterior?

Mi padre era de la CNT. Cuando acabó la guerra y entraron los nacionales en Barcelona, su comportamiento era asqueroso: mucha chulería, mucho abuso, y eso a mí me revolvió. Eran una Barcelona y una Catalunya negras, no había trabajo, y los que mandaban, los de la Falange, se comportaban como bestias. Antes de ir a un espectáculo te hacían cantar el 'Cara al Sol' con el brazo en alto. Había palizas, rapaban el pelo a las chicas… Intenté irme a Francia. Caí en Espolla (Girona) y estuve dos o tres meses en la cárcel. Ahí entré en contacto con otros que querían pasar a Francia. Y al final lo conseguí.

¿Por qué se unió a la resistencia antifranquista?

En Francia trabajé en una mina, en Cransac [al norte de Tolouse], y entré en contacto con las juventudes libertarias. En ese periodo conocí a Marcel•lí Massana, un 'maquisard', un guerrillero que iba entrando en Catalunya. Le pedí bajar con él, y lo hice. Yo era un joven inquieto, y él al principio no quería que yo bajara, pero lo convencí. Ese primer viaje lo hice con otros jóvenes de unos 20 años; éramos un grupo nuevo. Llegamos a Berga tras tres días. Allí estaba 'Caracremada' [el maqui Ramon Vila Capdevila] y la base de Can Moreno, de confianza.

En 1949 dinamitaron 40 torres de alta tensión.

Una de esas veces que bajábamos planeamos aquel sabotaje. Llevábamos unos 40 kilos de peso. A Massana le explicaron los sitios donde se podía hacer más daño al régimen. Y unos días después hicimos el atentado. Además de las torres, un kilómetro aproximadamente de vía férrea quedó sin funcionar durante varios días. De aquella acción, lo que más daño hizo al régimen era que se hablase de ello en el extranjero.

A menudo se habla de los maquis como "los olvidados" del antifranquismo. ¿Cómo vivió usted esa invisibilidad durante tantos años?

La prueba es que yo sigo aún en lucha. El año pasado hicimos una rueda de prensa en Barcelona, y en breve iremos al Congreso de los Diputados a denunciar que las víctimas aún no hemos sido reconocidas como republicanos, como se hizo en el 77 con los militares republicanos. El último decreto, del año pasado, sí habla de los guerrilleros. Pero jurídicamente tampoco se nos tiene en cuenta ahí. En teoría se nos reconocen los mismos derechos que a los republicanos resarcidos en 1977, pero se dice que será una ayuda simbólica. Mis 20 años de cárcel no fueron simbólicos.

¿Cómo fue su detención en Barcelona?

Estuve un año con Massana, pero me cansé un poco de la montaña, era muy dura, y también peligrosa. Tenía nostalgia de Barcelona. Cambié de grupo. Hablé con Pep Sabaté [hermano del también guerrillero Quico Sabaté], fui a verlo a Toulouse, y le dije que quería bajar con él. Bajaba mucha gente en ese momento, y a mí me metió en el grupo del Culebras. El guía era Ramon Vila Capdevila. Le di a Sabaté la dirección de mi padre para que contactara con alguien en Barcelona. Pero el 18 de octubre de 1949 lo mataron, en la calle Trafalgar de la ciudad, en un encontronazo con la Brigada Político-Social. A él le dieron, pero también disparó al policía que le dio, y lo mató. La policía lo registró y le encontró la dirección de mi padre. Por eso caí yo.

Fue detenido y encarcelado. ¿Cómo recuerda aquel período y cómo influyó la prisión en sus ideales?

Cada vez tenía ideales más fuertes. Las injusticias me daban todavía más fuerzas. No me arrepiento de nada, hice lo que tenía que hacer. Estaría arrepentido si no hubiera hecho nada; sería una piltrafa humana.

¿Recuerda el momento en que murió Franco? Después de tantos años de clandestinidad y represión, ¿qué sintió al ver la llegada de la democracia?

Claro, es el año que nació mi hijo. Muchos se fumaron un puro; yo, como si nada. Esta democracia entró con mal pie, yo la denuncié desde el principio. Franco puso al Rey, que dijo que Franco era como su padre. ¿Qué clase de democracia es esa? Los socialistas se doblegaron, reconocieron la monarquía, cosa que nosotros los libertarios no hicimos. Fuimos leales a la República sin ser republicanos, hasta el fin de nuestros días. Yo estoy a favor de la república aún sin serlo. Soy anarquista.

¿Cómo explicaría la fuerza que tenía el anarquismo a un joven actual?

Nosotros, los libertarios, fuimos leales a la República, no nos rendimos nunca. En el 37 dijimos que, si perdíamos la guerra, había que seguir luchando contra la dictadura. Y eso hicimos. Los socialistas y los comunistas abandonaron pronto la lucha del maqui. Solo quedamos los libertarios.

Usted pide una indemnización como víctima del franquismo. ¿Cómo va su caso?

Son los trámites que iremos a hacer en Barcelona. Pedimos un millón de euros, que a mi edad no lo necesito. Serán para hacer un museo de los maquis en Berga.

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