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Anna R. Alós

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Su historial está estrechamente ligado a la ideología de izquierda. Fue una de las artífices del aprobado general en las universidades españolas en el curso 75-76, el primero de la Transición. Es profesora de farmacología experta en antibióticos, y vicerrectora de Personal Académico en la UAB. Ha sido directora general de Recursos Agrícolas y ganaderos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (2008-2010), y rectora de la UAB (2016-2020). Su investigación científica se centra en farmacología veterinaria y toxicología, con especial atención a los residuos de medicamentos en productos de origen animal.

-¿Siempre militó contra la dictadura?

-Claro, en los años 60-70 o eras franquista o del otro lado. Yo era miembro del PSUC, y estando en la Universidad el día 1 de mayo de 1969 acabé en la cárcel. Participé en una manifestación contra el aumento de precio de los transportes públicos, se quemó un tranvía. Dos compañeras y yo corrimos ante el despliegue policial, fuimos a parar a un callejón sin salida y un hombre de paisano, que era guardia civil, nos metió en un coche y nos llevó al cuartelillo.

-La Guardia Civil, ¿las trató bien?

-Como a ladronas de gallinas, con preguntas absurdas. Nos trasladaron a Capitanía General y un capitán muy educado nos mandó a la cárcel con acusación de violencia y pendientes de un Consejo de Guerra. Nos tuvieron dos meses en la Trinitat, y nos pasaron a acusación de orden público, fuimos a juicio y nos condenaron a seis meses que no cumplimos, prestamos servicios comunitarios.

-¿Cómo era la cárcel franquista?

-Las carceleras eran monjas y nos trataban mal, incluso con acoso, nos consideraban terroristas. Hay un libro sobre ello que ha escrito Carlota Falgueras, una de las compañeras con las que me atraparon, con el historiador César Lorenzo, se titula 'Trinitat. La presó de dones oblidada'. A la mínima que decíamos algo inconveniente, nos amenazaban, o nos enviaban a las celdas de castigo.

-¿Qué significó para su generación el final del franquismo?

-Una liberación, pero también un descoloque. Durante la dictadura teníamos las reivindicaciones muy claras. 'No a Franco' era la base, pero al entrar en la primera fase de la Transición no veíamos los cambios reales y eso decepcionaba, era lento. Hubo detenciones muy importantes aun muerto Franco.

-¿Cómo era la universidad en los 70-80?

-Con profesores de una calidad excelente y muy mal pagados, lo que no significa que ahora estén bien pagados. Daba gusto ir a sus clases, pero eran personas con situaciones complicadas. No podían publicar sus tesis, ni competir con otras universidades europeas. Recuerdo ir a un concurso de Biología y como mucho se podían presentar una o dos publicaciones para optar a una cátedra, no teníamos recursos.

-¿En qué nota más el cambio de entonces a ahora?

-Desde el punto de vista científico se ha dado un salto histórico, aunque lento. Hoy para concursar se precisa un proceso científico, investigaciones en marcha, logros. Por eso tenemos científicos de mucho nivel. Desde el punto de vista político, el cambio sustancial. Durante el franquismo estábamos en huelga todo el rato, discutíamos el sexo de los ángeles, nos íbamos incluso de un examen que cuestionábamos por estar fuera de temario, había objetivos comunes de libertad y democracia. Hay un momento en la Transición, después de los primeros años, que eso ya no sucede.

-¿Cómo ve hoy la Universidad?

-No hay posturas críticas que se transformen en debates, apenas hay participación, gana lo individual frente a la conciencia social. Esto hace que sea un ente más administrativo, cuando ha de ser una institución que ayude a las personas a formarse no solo en lo académico porque es una época muy importante de la vida. La gente ha de reivindicar y tomar una posición, pero hay tantas opciones que no se concreta. Por un lado es positivo, hay diversidad, pero es difícil. Hay casos en que sí se unen, como por ejemplo en el tema medioambiental.

-Pero nadie está dispuesto a abandonar la comodidad.

-Porque hay mucho desconocimiento, hay gente que vive en la superficialidad de los titulares, se profundiza poco y en la Universidad eso está muy arraigado. La ultraderecha se pasea ahora por las aulas y salen los anti-mafia para bloquearlos, pero son minorías.

-¿Cómo vivió la huelga de los PNN en el curso 75-76?

-Fui representante de la UAB e iba a Madrid a negociar. Hicimos tonterías como el aprobado general de 1976, pero yo aprendí mucho. Conocí al que fue mi marido en el encierro en el Paraninfo. Había un nivel de gente increíble, estaban Javier Solana como negociador desde el Parlamento y Alfredo Pérez Rubalcaba por la Complutense.

-¿El futuro tiene color...?

-Negro, mire lo que ha ocurrido en Argentina con Milei, o con Trump en EEUU, solo ofrecen lemas y 'fake news' y así mueven a la gente. Pero soy optimista, quiero un país libre y apuesto por la juventud que crea y empuja. Hay gente con grandes ideas, tendrán fracasos pero muchos triunfarán. Me preocupa que no tengan los recursos.

-¿Es necesario el fracaso?

-Absolutamente, aprendes si eres capaz de buscar el porqué del fracaso. Si siempre triunfas el peligro es que te subas a la nube y no aterrices. Deberíamos ser capaces de que la juventud sepa qué ocurrió con la dictadura y que no se repita. Nos costó mucho lograr victorias, no nos las regalaron, y podríamos ir hacia atrás.

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