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Asignatura pendiente

La paridad se impone por primera vez en la dirección de los partidos en el Parlament tras el ascenso de Mònica Sales

Las presidentas de los grupos parlamentarios siempre habían estado por debajo del 40% de representación

Las mujeres vuelven a ser mayoría en el Parlament de Catalunya

Mónica Sales, Jéssica Albiach, Pilar Castillejo y Sílvia Orriols

Mónica Sales, Jéssica Albiach, Pilar Castillejo y Sílvia Orriols / EPC

Gisela Boada

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Barcelona
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En 2003, la socialista Manuela de Madre se convirtió en la primera mujer en liderar un grupo parlamentario en Catalunya desde la restauración de la institución en 1980. Pasaron 23 años y más de una treintena de hombres en las presidencias de los grupos para ver una imagen de una diputada asumiendo el liderazgo de sus filas. Lo hizo durante ocho años, dos legislaturas, cuando su relevo lo asumió Alicia Sánchez Camacho, en este caso al frente del PPC, ya en 2010. Desde entonces, ellas han tenido representación en las presidencias, pero siempre han estado en minoría y sin paridad, hasta ahora. El ascenso de Mónica Sales al mando de las filas parlamentarias dibuja por primera vez en la historia una paridad en la dirección de los partidos en el hemiciclo. Actualmente, hay cuatro presidentes y cuatro presidentas.

La legislatura arrancó con tres mujeres al frente de ocho formaciones: Jéssica Albiach (Comuns), Laia Estrada (CUP) -sustituida en septiembre por Pilar Castillejo- y Sílvia Orriols (Aliança Catalana). Representaban entonces el 38% de los liderazgos, una cifra aún por debajo de la paridad pero igualmente histórica: nunca antes había habido tantas mujeres en este cargo. La llegada de Sales eleva ahora ese porcentaje por encima del 40% por primera vez.

Francesc Boya conversa con Manuela de Madre, ayer, en el Parlament.

Francesc Boya conversa con Manuela de Madre en el Parlament. / EP

En conjunto, desde la restauración de la democracia hace 45 años, solo nueve diputadas han ocupado este cargo, frente a más de 80 hombres a lo largo de las 14 legislaturas. La ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres de 2007, que estableció la paridad (un mínimo del 40%) en las listas electorales, permitió que esta se reflejara en el hemiciclo a partir de 2010. Pero la norma no se aplica a los puestos de liderazgo político, como las presidencias de grupo, y esa brecha ha tardado aún en cerrarse.

Un "problema de oferta y demanda"

Marta Lois, doctora en Ciencias Políticas y autora del libro '¿Han conquistado las mujeres el poder político?', explica a EL PERIÓDICO que la baja presencia femenina en los liderazgos parlamentarios responde a un problema de oferta y demanda. Por un lado, hay menos mujeres disponibles para ocupar estos cargos por factores sociales y culturales. "Las mujeres reciben menos estímulos para considerarse líderes naturales", señala Lois. Además, las carreras políticas requieren tiempo, redes y recursos. Históricamente, detalla la experta, ellas han tenido menos disponibilidad por la división sexual del trabajo y las responsabilidades familiares. Las redes de poder, dominadas por hombres -en partidos, bares o cenas informales- siguen siendo clave para acceder a posiciones de mando. "Tienen menor disponibilidad de tiempo libre para dedicar a la política", declara.

A esto se suma la "autoexigencia" y la subestimación de competencias y una constante puesta en duda de su papel. "Muchas mujeres creen que no están suficientemente preparadas para asumir puestos altos, mientras que los hombres tienden a sobreestimarse", indica Lois. Un hecho que todavía se cronifica más ante la "falta de referentes femeninos" y la presión por cumplir estándares rígidos. Por ello, muchas mujeres en posiciones de liderazgo acaban cayendo en el "síndrome del impostor" que da la falsa sensación de que no son capaces, recuerda la experta.

La portavoz de Junts en el Parlament, Mònica Sales, este lunes.

La presidenta de Junts en el Parlament, Mònica Sales. / Nico Tomás / ACN

Esa segregación vertical, la dificultad de las mujeres para acceder a los puestos de poder, explica un desequilibrio que avanza lentamente. En 45 años de democracia, Catalunya nunca ha tenido una presidenta de la Generalitat, solo cuatro presidentas del Parlament y ocho mujeres al frente de grupos parlamentarios, de las cuales solo una, Inés Arrimadas (Ciutadans), llegó a ejercer como jefa de la oposición. Arrimadas asumió el cargo tras la marcha de Albert Rivera al Congreso y lideró la oposición a los gobiernos de Carles Puigdemont y Quim Torra. Hoy, esa figura no existe -Puigdemont renunció a ejercerla desde el extranjero-, pero tampoco recaería en una mujer.

Todo ello, de acuerdo con Lois, tiene que ver con que a la falta de oferta se le suma que las estructuras partidarias y las culturas organizativas siguen estando masculinizadas, lo que hace que se suela promover, indirectamente, candidaturas de hombres. "Los líderes tienden a buscar perfiles competitivos, con máxima disponibilidad de tiempo y estilos de liderazgo tradicionalmente masculinos. Esto limita la promoción de mujeres, incluso cuando hay talento disponible", puntualiza. La rigidez de los mecanismos de poder, los prejuicios sobre la competencia femenina y los "incentivos electorales percibidos" -la creencia errónea de que candidatos masculinos atraen más votantes- perpetúan la lógica de los liderazgos masculinos, añade la politóloga.

Sales, Albiach, Castillejo y Orriols

Con el reciente nombramiento de Sales como presidenta del grupo parlamentario de Junts -y el paso de Salvador Vergés a la portavocía del partido en la Cámara-, el mapa de liderazgos femeninos se amplía en los grupos mayoritarios. Hasta ahora, las presidencias recaían en los tres grupos minoritarios: Comuns, CUP y Aliança Catalana. Frente a ellas, los presidentes de PSC, ERC, PP y Vox -y hasta este cambio, también Junts- eran hombres. Y en dos de los partidos con más peso -PSC y ERC- se reproduce la misma lógica: ellos presiden y ellas ejercen de portavoces. Algo que también ocurría con el grupo parlamentario posconvergente hasta ahora.

Este último factor no es casual. "Cada vez es más obsceno no respetar la paridad en los puestos de liderazgo y, por eso, se buscan equilibrios", apunta Lois. Pero si se pone la lupa sobre este reparto, sale a relucir que las "figuras confrontaciones" y los "liderazgos combativos", como los define la experta, los siguen encarnando hombres, como los presidentes del grupo parlamentario que hacen las sesiones de control al president. En cambio, ellas adoptan posiciones más "dialogantes" o "negociadoras", un trabajo a menudo "invisible", que suele recaer en las portavoces.

Inés Arrimadas

Inés Arrimadas en el Parlament. / EPC

Tras De Madre, Sánchez-Camacho y Arrimadas, llegaron más nombres femeninos, sobre todo de la mano de la CUP, como Mireia Boya, Dolors Sabater, Estrada y Castillejo. Entre todas las anticapitalistas, suman casi la mitad de las presidentas de grupo que ha tenido Catalunya. También Albiach, que encadena tres legislaturas al frente del grupo parlamentario de los Comuns y Orriols, cuyo partido debutó en 2024, cierra la lista. Por un corto período de tiempo en 2018, la exsecretaria general de ERC, hoy retirada de la política, Marta Rovira, también lideró las filas de su formación en el hemiciclo. Y el último movimiento de Junts hace que Sales se convierta en la primera presidenta del grupo parlamentario de la historia de la formación.

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