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Un ejemplar del resguardo que entregaba el banco con el dinero incautado por el franquismo

Un ejemplar del resguardo que entregaba el banco con el dinero incautado por el franquismo / ALBERT BERTRAN

Ona Sindreu Cladera (Verificat)

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“Con Franco se vivía mejor” es un tópico que todavía aparece en redes y comidas familiares cuando se critican problemas del presente. El mito de la gran economía franquista ha calado en una parte importante de la población: según el último barómetro del CIS, casi el 30% de los hombres jóvenes y los mayores de 55 años piensan que los años de la dictadura fueron buenos

¿Es cierto que los niveles de vida eran mejores durante la dictadura? “Rotundamente no”, coinciden tres expertos consultados por Verificat.

La economía franquista fue una de las más atrasadas de Europa. Tras la guerra civil, tardó 13 años en recuperar los niveles de PIB de la Segunda República y las dictaduras española y portuguesa fueron prácticamente las únicas excepciones al gran crecimiento europeo de posguerra.

Pobreza, represión y hambruna caracterizaron este periodo, explica Antonio Cazorla, catedrático de Historia en la Universidad de Trent (Canadá) y uno de los mayores expertos en la dictadura. Si el PIB tardó mucho en recuperarse, los salarios de los trabajadores tardaron todavía más, analiza el profesor de economía política de la Universitat de Barcelona Sergio Espuelas en 'La historia económica del Estado del Bienestar Español'. “Los beneficios empresariales crecieron mucho más rápidamente”, explica el experto a Verificat.

En aquel periodo, las ayudas sociales eran prácticamente inexistentes: España era de los estados europeos con menos gasto público. Las pocas ayudas de la posguerra eran más propagandísticas que efectivas y pronto se configuraron como un factor de ordenación familiar: obligaban a la mujer a quedarse en casa y cuidar de sus hijos.

Que la madre no trabajara era el principal requisito del subsidio familiar, el más importante de la época, que aseguraba la división patriarcal del trabajo a través de una particular redistribución de la riqueza: una parte de los sueldos de los trabajadores sin hijos iba a sus compañeros con descendencia. Un subsidio que escalaba con el número de hijos y que desmiente, en parte, el mito del padre proveedor.

Si la frase “con Franco viviría mejor” ya es falsa en términos económicos para el grueso de la población, todavía lo es más si no eres un hombre. Además de la represión política y social contra las mujeres, su libertad económica era nula: estaban de facto obligadas al trabajo reproductivo y necesitaban el permiso del marido para recibir herencias, trabajar o abrir una cuenta bancaria.

Un “milagro económico” nacido del desastre

Las personas que alaban la economía franquista solo se pueden agarrar a los últimos diez años de la dictadura (aunque la economía española se ha duplicado desde entonces). La política desarrollista de los años sesenta, cuando el régimen invirtió en sectores estratégicos y liberalizó el mercado para atraer inversiones extranjeras, levantó la economía. “El nivel de partida de este proceso de crecimiento era extraordinariamente bajo”, recuerda la profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Halle (Alemania) Anna Catharina Hofmann, autora de 'Una modernidad autoritaria'.

Aunque el crecimiento económico mejoró el nivel de vida de la población y abrió la veda al consumismo, “no se tradujo en una redistribución a favor de las clases menos acomodadas”, explica Hofmann a Verificat, que señala además la enorme brecha campo-ciudad. El éxodo masivo a las ciudades “puso de manifiesto las carencias en infraestructuras, servicios públicos y vivienda”.

El mito del “paro inexistente”

Existe el mito de que durante el franquismo no había paro: según el INE, la tasa masculina era del 1 al 2%. La plena ocupación era prioritaria para Franco, y lo consiguió tras la masiva emigración laboral a Europa y mediante estadísticas dudosas, señala Hofmann. Un estudio publicado en la revista académica 'Historia Social' explica que el paro se limitó “a través de la forzosa inactividad de las mujeres y su exclusión del registro de paro”.

Si la tasa se calcula dividiendo los parados entre la población activa, solo hace falta registrar las personas sin empleo como “inactivas” para ocultarlas de la estadística. Un análisis de Verificat a partir del censo indica que la proporción de adultos con empleo es mayor ahora que en 1970, uno de los mejores años de la dictadura. Entre las mujeres, se ha más que duplicado.

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