De la política, ¿se sale? (IX)
Xavier Domènech, exlíder de los Comuns: "Me han sondeado de distintos espacios políticos, pero no me planteo volver"
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El exlíder de Catalunya en Comú, Xavier Domènech, en la cocina de su casa / JORDI COTRINA

"Xavi, todo está yendo mal y tengo la sensación de que tú eres el principal responsable". Quien estaba al otro lado del auricular pronunciando esta frase era Pablo Iglesias. Agosto de 2015, precampaña de las elecciones catalanas. El independentismo las había planteado como un plebiscito y los Comuns, con Ada Colau ya como alcaldesa de Barcelona, se desentienden de la campaña y de la candidatura de Catalunya Sí que es Pot. Xavier Domènech (Sabadell, 1974) encajaba esa diagnóstico del entonces líder de Podemos en una casa fuera de Barcelona con poca cobertura. "Me cayó un chaparrón encima", recuerda.
La afirmación no debe tomarse solo en sentido metafórico porque acabó con la ropa empapada en el periplo de intentar que no se cortara la llamada. Pero sí, el aguacero tuvo también derivada política. Entonces él, historiador y profesor de universidad, era una persona implicada en política hasta la medula desde su juventud, pero también un desconocido para el gran público. Aunque su trayectoria y su talante encandilaron rápido a los principales líderes de la izquierda rupturista fraguada al calor del movimiento del 15-M.
"Exhausto y vacío" cual Guardiola de la política
Casi sin darse cuenta, tres meses después, Domènech se subía al carro del "asalto a los cielos" y ganaba dos veces consecutivas las elecciones generales en Catalunya. "No sabía entonces que ese sueño acabaría como el de Ícaro, con las alas quemadas", apostilla. Empezó un periplo de tres años, un tiempo corto en la primera línea, pero que fueron suficientes, asegura, para quedar "exhausto y vacío" cual Guardiola de la política. Más por el golpe emocional que supuso el 'procés', la cárcel y la diáspora de los líderes del 1-O, así como las "tensiones" internas en el intento de construir la confluencia de Catalunya en Comú, que por la tarea parlamentaria como diputado en el Congreso, que reconoce que disfrutó.

Domènech estuvo en la primera línea de la política desde 2015 hasta 2018 / JORDI COTRINA
Llegó a firmar por escrito ante su familia el compromiso de no ser "nunca" candidato a la presidencia de la Generalitat. Acabó siendo papel mojado. Porque lo fue en las "elecciones más complejas del siglo XXI", bajo el yugo y la convulsión del 155, Oriol Junqueras entre rejas, Carles Puigdemont en Waterloo e Inés Arrimadas imponiéndose en las urnas. Y nueve meses después, el 4 de septiembre de 2018, se fue sin hacer ruido con Quim Torra en la Generalitat y Pedro Sánchez habiendo ganado la moción de censura
El frente de izquierdas es una propuesta casi natural por decantación. Es una opción que no se ha probado y yo no lo veo como una apuesta de resistencia, sino de transformación
Amistad con Tardà entre cigarrillos
Eso sí, de ese paréntesis se lleva una gran amistad: la del exportavoz de ERC en Madrid, Joan Tardà. "Nos hicimos amigos fumando cigarros en el patio del Congreso", asegura con una sonrisa de oreja a oreja. Ocho años después no solo mantienen el vínculo personal, sino que comparten aproximaciones políticas. "El frente de izquierdas es una propuesta casi natural por decantación. Es una opción que no se ha probado y yo no lo veo como una apuesta de resistencia, sino de transformación", opina después de que Gabriel Rufián haya puesto en órbita ese planteamiento, abrazado también por Tardà.
Pero no lo dice, aclara, porque tenga aspiraciones de volver al ruedo, aunque pretendientes no le han faltado. "Me han sondeado de distintos espacios políticos, todos muy educados, pero no me planteo volver", asegura. Y revela que, tras su retirada, han sido varios los dirigentes que han acudido a él ante dudas de tirar la toalla y buscando consejo para hacer frente a choques internos en sus formaciones. "Mis tutorías a veces se han convertido en un confesionario de partidos", bromea.
Para quienes deshojan la margarita sobre si dan o no el paso, más aún en tiempos de desafección, su única recomendación es que se muevan por la "convicción". Para él, el tiempo de partirse la cara en primera línea, ya fue. "Las aulas siempre me han llenado, me apasiona la enseñanza y la investigación. Lo disfruto mucho", reconoce acariciando el lomo de 'Capitalismo y democracia 1756-1848: Cómo empezó este engaño', libro de su admirado y añorado Josep Fontana. "Lo importante es la segunda parte del título", hace hincapié. Porque de ese "engaño" partió su militancia y su papel ya imborrable como arquitecto del espacio de los Comuns.

Domènech tiene 50 años, es historiador y da clases en la universidad / JORDI COTRINA
Osobuco, espaguetis 'frutti di mare' o lomo a la sal. A Domènech le gustan los fogones, sea cocinar un partido o sartén en mano cuando el tiempo se lo permite, sobre todo para su hijo de 10 años. En los tres años en la cresta de la ola apenas hubo tregua para ello y pasó factura también a nivel de salud en forma de úlcera. Como historiador, es más de fuego lento, de reflexión, aunque, eso sí, con cuatro o cinco cafés por día.
Sigo siendo una persona política. No lo puedo evitar, pero no soy el de antes de 2015
Ahora también hace deporte y, más allá de la lectura, siempre refugio para él, también goza de la placidez que supone no ser una persona pública. "La mayoría de mis alumnos tenían 12 años cuando yo dejé la política, así que no me reconocen de esa etapa. Y no me está mal, porque quedas marcado de por vida por una foto de hace unos años", relata. No obstante, se sigue considerando una persona política. "No lo puedo evitar, pero no soy el de antes de 2015", admite con una taza de 'I love New York" en la mano.
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