CATALUÑA
¿ERC ha enterrado su guerra interna? Junqueras, la estructura b y otros apuntes del congreso

Oriol López, Diana Riba, Elisenda Alamany y Oriol Junqueras en el congreso de ERC. / Marc Asensio Clupés
Esquerra lleva prácticamente un año abierta en canal. Oriol Junqueras fue reelegido como presidente del partido con la pretensión de cerrar las heridas abiertas por la pérdida de la Generalitat y por la estructura b que emitió campañas de contrapropaganda como la de los carteles difamatorios contra los hermanos Maragall. "Hoy sí empieza una nueva etapa", decía sonriente un fiel 'junquerista' el domingo, durante el congreso de los republicanos celebrado en Martorell. Y es que Junqueras salió del cónclave reforzado, con las corrientes críticas reconocidas -pero sin fuerza para imponer sus tesis-, con una estrategia clara de seguir hurgando en los pactos con los socialistas -también con Junts- y con la mirada puesta en recuperar el pulso local en las elecciones municipales de 2027. Pero, ¿ERC ha pasado página a los más de 10 meses de convulsión interna, como defiende el núcleo duro de Junqueras?
El liderazgo de Junqueras
Varios dirigentes de peso del partido se han arremangado en persona para pactar las enmiendas antes de la celebración del congreso. Solo llegaron 'vivas' 11. Nova Esquerra Nacional, la corriente encabezada por Xavier Godàs, se propuso ya en diciembre actuar como una suerte de contrapoder a la nueva dirección, pero decidieron retirar las enmiendas más combativas con Junqueras. Tampoco Joan Tardà, líder de Àgora Republicana, ha conseguido introducir la que pretendía que ERC dejara de ser un partido exclusivamente independentista para abrirse también a los soberanistas. Lo que sí han conseguido estos dos colectivos y el de Foc Nou es cambiar los estatutos de la formación para que a partir de ahora ERC reconozca a sus corrientes internas. Eso les dará derechos, pero también deberes. El objetivo final, que el debate interno se canalice de la forma más civilizada posible.
La estructura b
Junqueras prometió en la campaña para recuperar el liderazgo de ERC que iba a crear una Comisión de la Verdad, un órgano paralelo a la comisión de garantías, y que esta iba a esclarecer el origen de los carteles difamatorios contra los hermanos Maragall. Pero, cuando ganó, esta promesa se convirtió en un quebradero de cabeza, porque no podía tener potestad para identificar ni para sancionar a los responsables. Las conclusiones se presentaron a última hora del sábado, cuando Junqueras ya había conseguido prácticamente un 90% de apoyo a la ponencia estratégica y a la estatutaria. No fue casual, ya que el texto sobre la estructura b era meramente informativo y no podía rendir cuentas ni dar carpetazo al asunto, porque la investigación y los expedientes quedan igualmente en manos de la investigación del responsable de cumplimiento, Lluís Mombiela.
En el informe que presentó a la militancia Joan Tardà se señala como responsables de lo ocurrido a dos exresponsables de Comunicación y Estrategia de ERC entre 2019 y 2023 que, si bien no cita los nombres, solo los cargos -porque no tenía la potestad para hacerlo-, en esa época dos de las personas que tuvieron esa función fueron Sergi Sabrià y Marc Colomer. La maniobra de la nueva dirección enervó a los críticos, especialmente a Nova Esquerra Nacional, que encarna buena parte del aparato entonces dirigido por la exsecretaria general Marta Rovira, y a Foc Nou, que lo tachó de "escarnio". La polémica continúa e impide dar por cerrada la guerra interna.
Los pactos con Sánchez e Illa
"Se ha acabado la ERC acomplejada", espetó la secretaria general, Elisenda Alamany. Y ese mensaje no era solo una advertencia a los socialistas, sino a las propias filas republicanas, tras no haber podido capitalizar electoralmente su gestión al frente de la Generalitat con Pere Aragonès al frente. El partido reivindica ya como 'logros' la mesa de diálogo, la reforma del Código Penal, los indultos y la amnistía; carpetas de las que preferían no sacar pecho cuando compartían ejecutivo con Junts.
La nueva dirección se prepara para normalizar los pactos con los socialistas, ya que están cumpliendo de forma "moderadamente positiva". Junqueras ya abonó el terreno en su discurso de cierre al tender la mano a las dos bancadas, con la mirada dirigida a Lluïsa Moret (PSC) y a Jordi Turull (Junts), presentes en el cierre del cónclave. Moret captó la voluntad de forjar nuevos acuerdos, y Turull entendió que había la voluntad de tratar de llegar a una tregua, aunque la desconfianza persiste y Junts va por delante en la disputa electoral, a su juicio, sacando mayor rédito al choque entre los partidos independentistas.
Pese a que tanto Pedro Sánchez como Salvador Illa asumen que este año no habrá nuevas cuentas, sí pueden contar con una Esquerra dispuesta a forjar nuevos acuerdos y a dar estabilidad siempre que se cumpla con lo acordado. Las dos carpetas principales, la financiación singular y Rodalies, requieren de una mirada a largo plazo, y de ir estrechando la alianza, pero los equipos negociadores están en sintonía y comparten los acuerdos, como ya ha sucedido a la hora de lidiar con los sindicatos de los trabajadores de Renfe.
La independencia y el pulso con Junts
ERC quiere dejar de estar aferrada a la independencia, sin renunciar a ella. Los republicanos quiere ser reconocidos por el electorado como el partido "del trabajo y de los trabajadores", para marcar distancias con el PSC y Junts, con mayor complicidad con la patronal. Y, desde ahí, ofrecer el proyecto de desconexión como una conjunción entre "liberación nacional y justicia social".
El horizonte se fija ahora en el año 2031, cuando ERC debería haber logrado una "mayoría social sólida y estable" a favor de la independencia tanto las instituciones como en la calle. Pero, ¿y después qué? No dan pistas, pero ya no se abonan a la vía unilateral. Los republicanos creen que, después de la DUI fallida, poco cabe concretar porque dependerá del contexto político del momento, y del trabajo previo en el ámbito internacional, pero añaden que Junts se centra ya en la mejora del autogobierno, y tampoco tiene un plan para la secesión. Y es que no solo depende de ser más, sino de los compañeros políticos de viaje y de quién ostente el poder en el Govern y en la Moncloa.
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