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RENOVACIÓN EN VOX

La caída anunciada de Monasterio: ocho años intentando marcar el paso al PP en Madrid

Ha pasado de ser la baronesa más notable de Vox a no tener influencia en la política madrileña tras el 28M

El presidente de VOX, Santiago Abascal y la portavoz de VOX en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio.

El presidente de VOX, Santiago Abascal y la portavoz de VOX en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio. / Ricardo Rubio

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Elena Marín

Madrid
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Rocío Monasterio volverá a sentarse en su escaño de la Asamblea de Madrid. Volverá a ejercer de portavoz de su partido y hablará de tú a tú a su hasta ahora máxima adversaria, Isabel Díaz Ayuso. Pero su voz ya no sonará con la misma fuerza. Sus rivales, en realidad, están dentro del partido y llevan más de un año intentando apartarla de la presidencia de su formación en Madrid. Este miércoles, por fin, Santiago Abascal ejecutó lo que era una caída anunciada.

Su salida empezó a darse por descontada cuando Iván Espinosa de los Monteros, su marido y portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados la pasada legislatura, dio un portazo y se marchó el pasado otoño. Pero ya antes el ruido de sables sonaba en Madrid "por varias causas", explican quienes la conocen. La todavía portavoz del partido ultra en el parlamento madrileño ha sido siempre uno de los rostros más conocidos de Vox, uno de los pocos con poder institucional durante los últimos cinco años. Monasterio hacía apretar mandíbula a Díaz Ayuso porque tenía en su mano la llave de todos sus proyectos en la Asamblea. Pero antes incluso de que ese poder desapareciera con la mayoría absoluta del PP, Monasterio ya peleaba por su supervivencia en el partido.

Condicionar la política madrileña

"Hace tiempo que llevan detrás de ella", reconocen en la formación. Pero es demasiado "rocosa" para dejarse apartar a la primera, apuntan. Siempre al frente de las manifestaciones, rodeada de cubanos o venezolanos antes de que el PP lograra quitarle esa bandera, Monasterio llegó a Vox en 2014, justo tras su fundación en diciembre de 2013, y preside la formación regional desde 2016. En 2020, cuando las diferencias internas en Vox apenas se escuchaban fuera, logró sin problemas revalidar el cargo como única candidata y todos los avales.

Entró con fuerza en la Asamblea de Madrid y ha logrado en ocasiones marcar el paso al PP regional. Echó por tierra los presupuestos de 2023 de Ayuso cuando aún parecían socias parlamentarias, frenó su proyecto estrella sobre los incentivos fiscales para atraer patrimonio extranjero, forzó el compromiso por un cambio en la ley trans y provocó, en definitiva, que el PP en Madrid haya estado mirándoles de reojo durante la última década.

Condicionar la política madrileña la hacía relevante para su partido a pesar de la distancia que le separaba de quienes iban imponiéndose como hombres fuertes en la dirección nacional: el vicepresidente Jorge Buixade, ultracatólico, ligado al Opus Dei y pasado falangista; Ignacio Garriga, secretario general del partido y portavoz en el parlamento catalán, pero sobre todo asesores de Abascal e ideólogos como Kiko Méndez Monasterio o Ignacio de las Hoces.

"Ella tiene un perfil muy válido, pero no quieren darle más peso" interno decían hace más de un año en el partido. "Se quedó sin oportunidades" en el momento en el que la balanza se inclinó en la formación hacia perfiles más conservadores y duros, que reducían el poder de decisión del ala más liberal que representaban ella y Espinosa de los Monteros. Y luego llegó el 28M y la baronesa más notable de Vox vió cómo su influencia menguaba. Perdió 85.000 votos y dos escaños. Sus 11 de ahora son irrelevantes frente a Ayuso. Ahora Abascal confía en el discurso del nuevo presidente de Vox en Madrid, José Antonio Fúster, que ya tiene la portavocía nacional como plataforma.

Salto fallido al Congreso

Antes y después del 28M en la dirección quisieron apartarla, pero no se dejó. Su caída no se debe solo a cuestiones ideológicas o a luchas de poder interno, eso se ha visto acrecentado porque se cuestiona su capacidad para arañar votos al PP.

Quiso saltar a la arena nacional como diputada en el Congreso, pero le frenaron. La idea de tener a "otro matrimonio" en el hemiciclo no casaba en Vox. "Eso lo hacen en Podemos, no nosotros", ironizaban en referencia a Pablo Iglesias e Irene Montero, apuntando que esa combinación "no funciona". Después le propusieron una salida hacia Bruselas, pero no prosperó.

Hasta ahora, cuando se le preguntaba por su continuidad y si terminaría la legislatura como portavoz, ella respondía que su partido tiene mucho trabajo por delante su partido en la Comunidad, pero siempre con evasivas. Sin desmerecer al nuevo presidente de Vox en Madrid, José Antonio Fúster, en el partido explican que Monasterio "es incómoda y eso en el Comité Ejecutivo Nacional (máximo órgano del partido donde está el núcleo duro de Abascal) no gusta", explican en el partido. Por ahora, se le ha cesado de su cargo orgánico y quedan aún tres años de legislatura.

Fuente: El Periódico de España

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