'Onze de Setembre'
El independentismo avisa a Illa de que Catalunya "no está pacificada" en la Diada menos concurrida
La manifestación en Barcelona, que reúne a 60.000 personas, según la Guàrdia Urbana, exige la aplicación de la amnistía a todas las causas y la celebración de un referéndum
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Manifestación convocada en Barcelona por las entidades independentistas con motivo de la Diada 2024. / FERRAN NADEU
Era la Diada más difícil de la última década para el independentismo. Fuera del Palau de la Generalitat, sin mayoría en el Parlament -ni siquiera de los favorables al referéndum- y con las diferencias entre partidos más patentes e irreconciliables que nunca. Ante este contexto, nada favorable a nivel institucional, las entidades independentistas han querido aprovechar este 'Onze de Setembre' para exhibir una cierta unidad, al menos de la sociedad civil, y para demostrar que la reivindicación sigue viva. Sin embargo, la manifestación ha sido la menos concurrida, con permiso del covid, desde 2012, cuando se celebró la primera Diada masiva del 'procés'. Poco más de 70.000 personas, según cifras de los cuerpos de seguridad, entre los cinco emplazamientos elegidos.
Hacía algunos años que la manifestación era patrimonio casi en solitario por la ANC. Aunque la organización de este año la ha seguido liderando la entidad ahora dirigida por Lluís Llach, también ha contado con Òmnium Cultural, la Associació de Municipis per la Independència (AMI), el Consell de la República, la Intersindical y el Centre Internacional Escarré per a les Minories Ètniques i les Nacions (CIEMEN). Todos ellos han aprovechado la ocasión para apelar unidad y también para reclamar autocrítica a los partidos independentistas, a quienes han acusado de ser "incapaces de ponerse de acuerdo y trazar una estrategia compartida para hacer efectiva la autodeterminación", a pesar de la movilización constante de la ciudadanía.
Sin embargo, el parlamento unitario de todas las entidades una vez finalizada la manifestación también ha servido para mandar un mensaje al nuevo Govern de la Generalitat, liderado por Salvador Illa. "Salimos a las calles porque ni estamos pacificados ni nos han pacificado", han exclamado los convocantes ante 60.000 personas que se han concentrado en Barcelona, según la Guardia Urbana, y tras recordar que la ley de amnistía aún no ha sido aplicada a todos los posibles beneficiarios y, en especial, al expresident Carles Puigdemont. Así han advertido de que no habrá "normalidad" hasta que se exoneren a todos los encausados por el 'procés' y se celebre un referéndum en Catalunya. "¿Dónde está la normalidad cuando un golpe de estado se niega a aplicar la amnistía? ¿Es normal que la ciudadanía no pueda expresar su voluntad a través de un referéndum?", se han preguntado.
Finalmente, han reclamado al conjunto del movimiento "dejar de lamerse las heridas" y "luchar juntos hasta la independencia". "Aquí no se rinde nadie", han rematado.
Una manifestación sin incidentes
La manifestación ha empezado cerca de las cuatro de la tarde delante de la Estació de França y ha trascurrido por el paseo de Picasso y el de Lluís Companys hasta llegar al Arc de Triomf, un itinerario que se ha hecho sin demasiadas estridencias y durante el cual no se han escuchado muchas proclamas, más allá de algunos gritos de "independencia". También se han podido ver alguna pancarta contra ERC por haber pactado con el PSC, pero la presencia de varios dirigentes republicanos en la manifestación se ha saldado sin incidentes.
La manifestación ha estado lejos de colapsar el centro de Barcelona como lo había hecho en anteriores ocasiones, pero sí ha llenado el cuerpo central del paseo Lluís Companys entre Arc de Triomf y el Parc de la Ciutadella. A la protesta han acudido representantes de ERC -Raquel Sans y Marta Vilalta-, de Junts -Laura Borràs y Jordi Turull- y de la CUP -Laia Estrada y Carles Riera-. Lo han hecho por separado y evidenciando de nuevo la división del movimiento.
El único que ha hecho declaraciones al inicio ha sido Turull que ha reivindicado este 'Onze de Setembre' como la Diada de la "reafirmación" y ha asegurado que ni el rey Felipe VI ni el president Illa podrán acabar con el independentismo. Aliança Catalana, que este martes estuvo al centro de la polémica por las declaraciones de Llach, no ha asistido a la manifestación. El presidente de la ANC, aunque no ha hecho referencia directa al partido de Sílvia Orriols, sí ha señalado el creimiento "del discurso del odio" y la "antipolítica" como una "amenaza" a "combatir", porque "pone en peligro la cohesión social".
La presencia de los políticos en la marcha ha transcurrido sin incidentes, pero sí que se han llevado una sonora pitada cuando, desde el escenario, uno de los oradores ha lamentado la desunión de estas formaciones. "Unidad, unidad, unidad" ha sido una de las proclamas más repetidas entre los asistentes. Una unidad que hace mucho que no ven en los representantes institucionales del movimiento. También se han escuchado pitidos al nuevo Govern de la Generalitat y algún "puta España".
Diada descentralizada
Más allá de Barcelona, también ha habido manifestaciones en Girona (con 6.500 asistentes), Tarragona (2.800), Lleida (3.000) y Tortosa (1.200), cada una con su reclamación, recordando el formato descentralizado de 2016. Entonces, sin embargo, la manifestación consiguió reunir a más de medio millón de personas en la capital catalana y casi 875.000 en total.
Barcelona ha llevado la voz cantante de la defensa del derecho a la vivienda, cargando contra las leyes tumbadas por el Tribunal Constitucional. Girona ha defendido que el "espolio fiscal menoscaba el sistema sanitario catalán", Tarragona ha reivindicado el corredor mediterráneo y la denuncia de un "sistema de Rodalies insuficiente", Lleida, la agricultura como "una estructura de Estado"; y, finalmente, Tortosa ha expuesto la "expropiación de agua" y el "desequilibrio territorial".
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