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El Parlament activa la cuenta atrás

Catalunya se aboca a un pacto en dos meses que evite una repetición electoral

ERC carga contra Illa y Puigdemont por no presentarse a la investidura y avisa: "No den por descontados nuestros votos porque seamos de izquierdas e independentistas"

¿Cuándo será el debate de investidura en Catalunya? ¿Habrá repetición de elecciones? Calendario y fechas clave

El Parlament activa hoy la cuenta atrás de dos meses hacia una repetición electoral

PSC y ERC negocian avances en el catalán y contra la extrema derecha a la espera de una oferta de financiación

Los diputados del Parlament en el hemiciclo.

Los diputados del Parlament en el hemiciclo. / Zowy Voeten

Barcelona
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La cuenta atrás hacia una repetición electoral está activada y Catalunya se aboca a un pacto 'in extremis' en pleno verano para tratar de evitarlo. El Parlament ha certificado este miércoles que la legislatura tardará en arrancar porque por ahora no hay un candidato dispuesto a optar a la investidura, y el presidente de la Cámara, Josep Rull, ha firmado un acto equivalente a un intento fallido para poner en marcha el reloj. Si antes del 26 de agosto no hay president, los catalanes volverán a ser citados a las urnas de forma automática el 13 de octubre.

El hemiciclo ha exhibido la maratón de dos meses que se avecina: Salvador Illa (PSC), ganador de las elecciones, parte con más opciones -tiene una mayoría absoluta a su alcance si pacta con ERC y los Comuns- que el segundo en la 'pole', Carles Puigdemont (Junts), que alienta su regreso y exige una abstención socialista que ya le han negado por activa y por pasiva. El líder del PSC, a sabiendas de que esta va a ser una dura carrera de fondo, ha prometido trabajar "sin prisas pero sin pausas" y quemarse las pestañas para lograr atar los apoyos para ser president. Su señuelo, ha anticipado, va a ser poner encima de la mesa una oferta progresista "ambiciosa" que los republicanos no puedan rechazar.

"Es la única aritmética viable. Así son las cosas, gusten más o gusten menos", ha subrayado Illa para remarcar que Puigdemont no tiene ninguna opción de convertirse en president por más que Junts insista en mantener viva esta posibilidad. La clave está en cómo se concreta la financiación "singular" para Catalunya, una concesión que requiere del concurso del Gobierno del PSOE, pero que estará a la espera de que la militancia republicana, inmersa en una crisis interna por los varapalos electorales y con una presidencia del partido vacante tras la dimisión de Oriol Junqueras, lo avale.

ERC aprieta las tuercas

El presidente parlamentario de los republicanos, Josep Maria Jové, uno de los negociadores, ya ha verbalizado que la factura de su 'sí' a la investidura será alta. "No den por descontados los votos de ERC en sus supuestas mayorías, ni por ser independentistas ni por ser de izquierdas", ha alertado, y ha vuelto a poner sobre la mesa las condiciones para un acuerdo: el derecho a la autodeterminación, la financiación, el estado del bienestar y el refuerzo del catalán.

Jové ha cargado tanto contra Illa como contra Puigdemont por "no tomar en serio al país" al no presentarse a este primer intento, y ha criticado que les haya faltado la "valentía y el coraje" que sí que tuvo el president en funciones Pere Aragonès, que en 2021 sí se presentó pese a saber que en el primer intento no saldría elegido. "Rehúyen su responsabilidad y nos duele porque ustedes han puesto en duda nuestra responsabilidad a la hora de liderar el país", ha rematado.

A sabiendas de que sus 20 parlamentarios son indispensables para Illa, ha tratado de sacudir el papel protagonista de los republicanos, cortejados por todos, defendiendo que hay una suma con más apoyos: la del PSC y Junts, achacándoles así la responsabilidad de un posible regreso a las urnas en octubre. La "sociovergencia" en la que muy especialmente ha hurgado la CUP, que ha lamentado que compartan "el mismo programa". "Es imposible apoyaros, no facilitaremos el regreso de la sociovergencia", ha despejado la diputada Laia Estrada.

Junts da alas a Puigdemont

En el turno de Junts, Albert Batet, ha defendido que Puigdemont puede ser investido aunque no haya ganado las elecciones, como lo fue Pedro Sánchez o Jaume Collboni. No obstante, ambos dirigentes lograron recabar una mayoría absoluta sin posibilidad de que hubiera una alternativa y nunca el primero en el escrutinio dio sus votos al segundo. Batet ha vuelto a presionar al PSC para que facilite la reelección de su candidato, sugiriendo que el acuerdo entre el PSOE y Junts en Bruselas puede quedar en jaque; eso es, dejar de apoyar al presidente del Gobierno. "Seriedad, humildad y discreción", se ha recetado para las negociaciones.

Los Comuns han sido los más severos a la hora de tratar de desmontar que la investidura de Puigdemont sea posible. "O hay un acuerdo entre el PSC, ERC y los Comuns o una repetición electoral. Que no se disfrace la realidad, que no se engañe a la ciudadanía", ha espetado la presidenta del grupo, Jéssica Albiach, que ha aprovechado la ocasión para recordar a Illa y que es quien tiene la "máxima responsabilidad" y que, por lo tanto, el que "más tiene que moverse". Su exigencia es que el nuevo Govern se centre en la construcción de vivienda pública.

Ajeno a la dinámica de las negociaciones, el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, ha defendido que el PSC "ha vuelto a engañar" porque se inclina por pactar con ERC y ha cargado con dureza, pero siempre con su tono irónico, contra los acuerdos entre socialistas e independentistas en el Parlament y en el Congreso.

Rull advierte contra los discursos de odio

La sesión parlamentaria se ha iniciado con el estreno en el atril de la líder de la extrema derecha independentista de Aliança Catalana, Silvia Orriols: "Ya estamos aquí", ha espetado, asegurando que su partido no investirá "ni a españolistas ni a procesistas". Exhibiendo sin tapujos su discurso islamófobo, ha puesto como condición para sus votos a una investidura una ley de extranjería "potente" y una Constitución "catalana". Rull ha tenido que advertirle de que la libertad de expresión no ampara el discurso de odio que incita a la violencia, el mismo mensaje que ha tenido para Vox.