Crisis en la policía catalana

El retorno de Eduard Sallent, el comisario de los Mossos d'Esquadra que se opone a Trapero

  • El nuevo jefe mantuvo con Oriol Junqueras diversas reuniones extraoficiales, al menos una de ellas en la cárcel de Lledoners, previas al relevo del mayor

El comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent.

El comisario jefe de los Mossos, Eduard Sallent. / EFE

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

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Eduard Sallent ingresó en los Mossos d’Esquadra a finales de los noventa. Como agente raso, patrulló por localidades de la Costa Brava y por zonas más complejas, como la Font de la Pólvora de Girona. Pero dada su sólida formación académica, enseguida le fueron encomendadas tareas de gestión que le alejaron de la calle, a donde no regresaría, tal como le reprochan sus detractores. 

"Tiene una cabeza bien amueblada con una gran capacidad para planificar", le reconoce un antiguo jefe. "Es muy inteligente, culto y domina el lenguaje", añade. Afilando esto último, otra persona que ha trabajado junto a él varios años, matiza que "es muy persuasivo, capaz de hacerte cambiar de opinión en pocos minutos. Y no resulta fácil saber qué piensa él en el fondo". "Podría dirigir cualquier empresa, tiene visión", añade una tercera voz consultada para este reportaje.

En la universidad, donde cursó la carrera de Filosofía, había llegado a ser secretario general de la Federació Nacional d’Estudiants de Catalunya (FNEC), una cuna independentista de la que habían salido políticos como Quim Forn u Oriol Junqueras. Una de las críticas más frecuentes que se oyen en los Mossos sobre Sallent es que adora reunirse con los políticos, que vive para satisfacerlos. Ese retrato se sustenta sobre un pasado de estudiante fuertemente politizado.

Un ascenso sin precedentes

En 2004, Sallent fue destinado a Barcelona para preparar el despliegue de los Mossos en la capital catalana. Después, se incorporó a los servicios centrales, en la comisaría de relaciones institucionales. Fue varias veces al programa El Club, que presentaba Albert Om, a dar consejos policiales y, quienes le conocen, aseguran que salir en la televisión le gustaba.

Ascendió a intendente y desarrolló su facilidad para hacer nuevos contactos, con instituciones tan dispares como la Casa Real, con la que sigue manteniendo una buena relación, o el Opus Dei, con el que ha colaborado en charlas para estudiantes de sus centros. También con políticos del espectro independentista, más con los de la antigua Convergència i Unió que con los de ERC.

Más adelante, dio el salto a una unidad de inteligencia policial que se creó en la comisaría de Información. Y la célula de Ripoll atentó en La Rambla. Sallent nunca ha investigado casos criminales como policía. Pero, tras los ataques yihadistas, participó muy activamente en la causa conjunta que la Audiencia Nacional instruyó para resolver aquellos atentados en colaboración con la Policía Nacional, la Guardia Civil y el CNI

En junio de 2019, Sallent fue promocionado a comisario. Y el mismo día, el 'conseller' d’Interior, Miquel Buch, lo nombró jefe de los Mossos d’Esquadra. La decisión pilló por sorpresa a todos los mandos, también a Miquel Esquius, que solo llevaba diez meses en el cargo. Aquel ascenso sin precedentes estuvo siempre acompañado de la sospecha de que Sallent, que no había dejado de cuidar de sus amistades, había convencido a políticos independentistas de que era la persona adecuada. La insólita decisión de Buch admitía con dificultad otras explicaciones.

Investigación a Buch

Meses antes, con Esquius al frente, el intendente Toni Rodríguez había arrancado una investigación contra Buch que afectaba a un pariente del comisario. Pero Esquius ordenó que se investigara a fondo y que no se le informara del cauce de unas pesquisas judicializadas. El objetivo era comprobar si Buch había prevaricado al crear una plaza ficticia en el departamento para que un sargento que, en realidad, hacía de guardaespaldas de Puigdemont. Al poco tiempo, sin embargo, Buch echó a Esquius y colocó a Sallent. Según Rodríguez, Sallent pidió toda la información disponible del caso. Rodríguez se negó a entregársela y acabó reclamando el amparo del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya por temor a que Sallent le apartara de la investigación.  

Como comisario jefe, Sallent tuvo que afrontar los peores disturbios que se desencadenaron tras la sentencia contra los líderes del ‘procés’. Dos semanas antes de que comenzaran, Andreu Joan Martínez había abandonado la dirección general de la policía catalana y había sido substituido por Pere Ferrer. Sallent y Ferrer se hicieron inseparables tras la tensión de aquellos días. 

El mando de Trapero

En octubre de 2020, el mayor Josep Lluís Trapero fue absuelto por la Audiencia Nacional. Trapero había sido destituido como comisario jefe en aplicación del artículo 155 y, tras ser declarado inocente, la mayoría en el seno del cuerpo policial creía que era de justicia que fuera restituido. Sallent no estaba de acuerdo. Y no puso su cargo a disposición del ‘conseller’ de Interior, Miquel Sàmper, que a las tres semanas, devolvió al mayor el puesto de comisario jefe. Sallent fue enviado por Trapero a dirigir la región policial metropolitana sur. 

Trapero no se fiaba de Sallent desde hacía años. Antes de ser nombrado mayor por el Govern de Carles Puigdemont, en la primavera de 2017, Sallent y un comisario se reunieron en un domicilio con Junqueras para convencerlo de que, ante el reto independentista que perseguían, Trapero no era el más indicado. Puigdemont estuvo a punto de relevarlo, de común acuerdo con Junqueras. Pero cambió de opinión en el último instante. Y lo nombró mayor, meses antes del 1-O. Otras fuentes consultadas acerca de esta reunión aseguran que fue tan solo un encuentro sindical de Apesme durante el que se habló de "políticas de seguridad".

El mayor se enteró de lo ocurrido y, viendo por primera vez a Sallent como un mando capaz de influir al más alto nivel políticamente, evitó que fuera ascendido a comisario. En la siguiente convocatoria, cuando Trapero ya había sido apartado, Sallent fue nombrado comisario y jefe del cuerpo el mismo día. 

Más reuniones, en la cárcel

Sallent quería volver a mandar y, durante los trece meses del segundo mandato de Trapero, se movió para lograrlo de nuevo, junto a su amigo, Pere Ferrer, con quien también comparte la misma simpatía hacia Trapero: ninguna. En la primavera de 2021, cuando Sàmper estaba a punto de dejar de ser 'conseller', acudió a la cárcel de Lledoners para visitar a Josep Rull, con quien le une una amistad personal. Y al entrar tuvo que pestañear en repetidas ocasiones para aceptar lo que estaba viendo: Sallent y Ferrer estaban en una de las cabinas, hablando con Junqueras. Sallent le dijo esto a Sàmper: "Le agradecería que esto no se supiera". Fuentes de Interior aseguran que ese día Ferrer y Sallent "no se reunieron únicamente con Junqueras" sino que también lo hicieron con "otros presos".

Sàmper se había pasado aquella mañana con Ferrer y este no le había informado de su intención de reunirse con el líder de otra formación política. Y Sallent, por su parte, como miembro de un cuerpo jerarquizado, le debía lealtad a Trapero y no podía estar con Ferrer, manteniendo una reunión secreta con Junqueras, sin informar a su superior.

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A las pocas semanas, ERC tomó el control de Interior y Junqueras colocó a su hombre de confianza en el departamento: Raül Murcia. Según las fuentes policiales consultadas, Sallent, Ferrer y Murcia prepararon durante meses el relevo del mayor, que se hizo efectivo en diciembre de 2021, y crearon una prefectura que defendieron por su "coralidad" que encomendaron liderar a Josep Maria Estela con Sallent de 'número dos'. Y tras enviar al mayor a hacer trabajos de análisis, fueron a por Rodríguez, enemistado con Sallent desde que este había intentado informar a Buch de la marcha de una investigación que le afectaba personalmente, y lo mandaron a Rubí.

Nueve meses más tarde, Estela, un policía al que los agentes perciben como ejemplo de integridad, ha roto el hechizo. No había ningún liderato colectivo: quien mandaba era Sallent y pidió al ‘conseller’ de Interior, Joan Ignasi Elena, que lo sacara de la prefectura si realmente creía en su liderazgo. Pero Elena le respondió que Sallent era intocable. Este lunes, Elena destituyó a Estela, y nombró a Sallent jefe de los Mossos, por segunda vez.