Las cábalas en la Generalitat

Estos son los escenarios que se le abren a Pere Aragonès tras la consulta de Junts

El veredicto de las bases posconvergentes, sea cuál sea, provocará cambios en el Govern

Pere Aragonès.

Pere Aragonès. / MANU MITRU

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

Escribe desde Barcelona

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El 'president' Pere Aragonès y su núcleo de confianza se hallan inmersos en secretas deliberaciones sobre qué hacer en función de los resultados que se den en la consulta. El jefe del Executiu ya ha desechado públicamente uno de los posibles escenarios, el de la convocatoria de elecciones anticipadas. Todo el resto es posible, aunque no igualmente probable.

Junts decide salir del Govern

Con 33 diputados sobre 135, Pere Aragonès precisa, en el momento económico más delicado desde que es ‘president’, garantizarse algo parecido a una mayoría parlamentaria. Ni que sea variable, ni que sea precaria.

Siempre bajo ese escenario de salida de Junts, Aragonès puede tratar de convencer a los ‘comuns’ para que entren en el Govern, de manera inmediata o más adelante. Hay sintonía estratégica entre ambas fuerzas basada en dos patas: establecer como prioridad la lucha contra los efectos de crisis inflacionaria y la vía canadiense. Cuéntese, además, que en mayo hay unas elecciones municipales donde ambos partidos han sido los más votados en laos comicios precedentes, Ada Colau (2015) y Ernest Maragall (2019). Sin pasar de mera cábala, el dibujo de pactos globales no es descartable.

Si los ‘comuns’ no entrarán en el Executiu, a buen seguro seguirán siendo el socio prioritario del Govern monocolor republicano. Los últimos dos presupuestos, y posiblemente los del 2023, contarán con el plácet posecosocialista. 

De hecho, el papel de los ‘comuns’, y sus ocho diputados, tampoco se antoja decisiva numéricamente. Sí en cuanto a imagen. Pero para sacar adelante los puntos claves de una legislatura, ERC precisa otro grupo parlamentario numeroso.

Es decir, habría que ver en qué términos se produce la separación con Junts y si es posible llegar a acuerdos puntuales en cuestiones del ‘procés’, pero para el resto, entendiendo que el cisma con los posconvergente será mayúsculo, aún varios meses después de su salida, los republicanos deberán afrontar la posibilidad de borrar la línea roja que han fijado, desde 2017, que no es otra que la de alcanzar grandes pactos, de calado, con el PSC.

JxCat decide quedarse en el Executiu

La vida no seguirá igual en el Govern, aun cuando Junts se quede. La principal preocupación de ERC es hallar una forma de impermeabilizar el Executiu del huracán interno que vivirá Junts. La situación de debilidad posconvergente ante Aragonès será evidente. No solo no ha cedido un milímetro ante los ultimátum y exigencias de Junts, sino que esa inmovilidad ha acabado por dibujar un partido que se mantiene en el Govern contra los designios tanto de su padre-fundador y banderín de enganche electoral, Carles Puigdemont, y el de su presidenta, la también carismática Laura Borràs.

La primera prueba fuego, de ese escenario, será la elección por parte de Junts de un sucesor a Jordi Puigneró en la vicepresidencia del Govern. Aragonès puede hacer valer la fuerza acumulada en este embate contra Junts para influir en la elección. Y hacerlo, además, con el apoyo soterrado de los ‘consellers’ que conservan sus cargos y se hayan manifestado por la continuidad. Iniciada la remodelación por fuerza, no es disparatado que el republicano se cobre la cabeza de los posconvergentes que se hayan puesto de perfil, en un intento de nadar y guardar la ropa.