El futuro gasto militar

Defensa prepara al Ejército para combatir con armas robotizadas

Artillería autónoma, máquinas combatientes y drones nodriza protagonizarán el presupuesto aumentado de Defensa

La ministra de Defensa, Margarita Robles, visita la base militar El Copero de Sevilla, uno de los principales centros de guerra electrónica del Ejército. Detrás, un lanzacohetes autónomo.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, visita la base militar El Copero de Sevilla, uno de los principales centros de guerra electrónica del Ejército. Detrás, un lanzacohetes autónomo. / José Manuel Vidal / EFE

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Juan José Fernández

Una nube de drones precediendo a la ofensiva, observando y emitiendo imágenes o cargando bombas de precisión. Por detrás, el ataque de escuadrones de cazabombarderos de última generación. Desde aguas cercanas, misiles disparados desde fragatas con miras informáticas regidas por inteligencia artificial. Y por tierra, carros de combate y blindados ligeros con ametralladoras autónomas, lanzacohetes de control remoto y tropas a pie vestidas con exoesqueletos y apoyadas por robots de carga y combate… todo intercomunicado por satélite.

Ese es el campo de batalla que prevén los expertos del Ministerio de Defensa, y no a largo plazo, sino para su implementación entre 2024 y 2035. El ejército tecnificado que planea Defensa pasa por más gasto en tecnología, que será parte del paulatino incremento del presupuesto –hasta el 2% del PIB- acordado con la OTAN; pero ya aflora, desde antes de la cumbre de la Alianza, en las contratas de las Fuerzas Armadas.

Esquema de la futura cooperación de drones y vehículos blindados 8x8 para hacer fuego a diversas distancias a objetivos señalados previamente, según los describe el plan Fuerza 35 del Ejército / EPC

/ Ejército de Tierra

Los enrutadores de voz IP, por ejemplo, dan pistas. El 4 de julio se adjudicó a una UTE informática una compra por 325.000 euros. Es una de las decenas de compras menores para el Sistema de Mando y Control del Ejército SC2NET, en el que se integra y que Defensa describe en sus manuales como “la base de datos táctica desplegable de todas las comunicaciones”.

Santiago el espía

Esa constelación de máquinas y hombres interactuando en las guerras próximas precisa un sistema de inteligencia y comunicaciones hacia el que se orientan pequeños y grandes contratos.

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Entre los más importantes del año está, por 11,1 millones de euros, un programa de adecuación de dispositivos contra la intrusión en las comunicaciones y captación de señales terrestres. Se llama COMINT SCATER SUR,  se resolvió el 2 de marzo y se integra en Santiago.

No es una persona, ni una ciudad, sino el sistema de adquisición de inteligencia para guerra electrónica. Se empezó a concebir en 1991 y ya es una red de sensores por satélite, en aviones, tierra o mar, que se usa para escuchar y prevenir.

Dron Searcher, del programa UAV PASI (Plataforma Autónoma Sensorizada de Inteligencia) de las Fuerzas Armadas.

/ Ministerio de Defensa

De la contrata COMINT SCATER cuelgan otras, para mantenimiento y compra de equipos, por ejemplo. Los del área de Canarias y Levante integran un encargo formalizado el 22 de junio por 1,6 millones.

Están por venir otros contratos para un sistema ya encargado de email y mensajería móvil militar: se llama XOMail y lo desarrolla la firma Thales.

Ametralladoras autónomas

Esas redes no solo informan y ponen en contacto a los militares de carne y hueso, también a las armas más nuevas del Ejército y la Armada. El 27 de abril adjudicaba Defensa por 1,2 millones de euros el mantenimiento de un eje de la robotización de las Fuerzas Armadas. Pertenece a la familia RCWS, siglas en inglés del Sistema de Armas de Control Remoto. Son torres instalables en navíos o vehículos de tierra, que operan una ametralladora o cañón sin un humano apretando el gatillo. El último adjudicatario es la firma madrileña Pap Tecnos, ligada a la israelí Rafael. 

Un soldado de la UME desinfecta una estancia proyectando luz ultravioleta con el robot Teodor en junio de 2020. Los robots militares fueron probados por el Ejército durante la pandemia.

/ Luis Rodríguez de Lara

Combinadas con los sistemas Fire Weaver, del mismo fabricante y de otros en la industria española, estas armas autónomas alcanzan el cien por cien de precisión. Los Fire Weaver son sobre todo software, programa informático. Utilizan inteligencia artificial para coordinar a tiradores (carros, lanzacohetes, drones, helicópteros, baterías artilleras… ) con sensores ópticos con los que un soldado selecciona objetivos desde la distancia. Pueden, según los logros que declara la empresa, coordinar “todos los elementos de tiro del campo de batalla”.

La Armada también tiene torres de disparo autónomo, ametralladoras pesadas y cañones que giran, apuntan y disparan (sin fallo) por sí solas. Se llaman Sentinel, son de la española Escribano y van a bordo de buques en el Índico y cercanías del Mar Negro.

Torre Sentinel de Escribano. Dispara por control remoto con una ametralladora de grueso calibre. Fotograma de un vídeo corporativo de la empresa.

/ Escribano

Estas torretas autónomas ya han sido probadas en vehículos de tropa en el escenario más exigente en que se han visto las actuales fuerzas armadas: Afganistán. Dieron, apuntan las fuentes militares consultadas, “resultado sobresaliente”.

Esas torres están pensadas para vehículos 4x4 que rodarán solos por el campo de batalla. Pero ya los vehículos de exploración VERT del Ejército están preparados para incorporar en breve estaciones de armas de control remoto. Su capacidad de alcanzar a personas o blindados a distancia se ha multiplicado. Según ha difundido Defensa, esas estaciones tienen “capacidad de localizar e identificar personal a pie al menos a 4.050 metros, y capacidad de localizar e identificar vehículos al menos a 7.050 metros”. Pero de momento son las ametralladoras Mini-Samson las únicas de control remoto instaladas en vehículos del Ejército.

Robots mula y robots soldado

Puede que la principal ventana al futuro que planea Defensa esté en el informe ‘Fuerza 35’ del Ejército. Redactado en 2019, describe el desarrollo de nuevas brigadas y grupos de combate en torno a tecnologías que prevé en el “entorno operativo”, y enumera estas: "inteligencia artificial, robotización, proliferación de medios remotos y autónomos, nuevos materiales, proliferación de sensores, internet de las cosas y avances en biometría, realidad aumentada y ocultación".

La Fuerza 35 es el exponente de los objetivos de tecnificación de las Fuerzas Armadas. En su previsión hasta culminar la “fase de implementación”, el informe prevé que en 2024 la inteligencia artificial, la nanotecnología y la robótica pasen de estar en empleo “incipiente” (hoy) a “perfeccionada”, “en sistemas de armas” o “implantada” respectivamente.

El Vehículo de Exploración VERT el Ejército está preparado para montar armas de control remoto.

/ Ejército de Tierra

Entre la robótica cuya compra contempla Defensa están las RPAS, aeronaves tripuladas a distancia, drones específicos para proporcionar inteligencia y mapas a “robots de apoyo a secciones de maniobra, robots de apoyo de fuego conjunto, robots de inteligencia, reconocimiento de interiores y plataformas de combate, vehículos-robots inteligentes...”, dice el informe. O sea, armas hablando con armas.

Entre los RPAS, el Ejército planea contar en el futuro con “robots nodriza” que transportarán a otros robots al campo de batalla.

Drones logísticos de transporte de material, según los prevé el plan Fuerza 35 del Ejército.

/ Ejército de Tierra

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El mismo informe militar fija 2024 como año en el que los soldados de Tierra tengan robots para llevar cargas pesadas; para a partir de ese año prevé que se dote al personal de exoesqueletos parciales, que serán totales en 2030.

Hasta 2035 el Ejército se hará con cañones y vehículos autónomos, no tripulados, y robots armados para combate urbano, el más duro de los escenarios, así cómo robots camilleros que evacuarán, entre los tiros de otras máquinas, a los humanos heridos.

El Ejército busca un detector de virus y bacterias para repeler ataques biológicos

Tienen la forma de un periscopio, o de una antena algo gruesa, solo que en su cabezal hay un dispositivo capaz de sacar del aire partículas mínimas, casi nanométricas, invisibles pero letales. Comúnmente lo llaman “detector NBQ”, aunque la jerga del Ejército lo bautiza más concretamente como “detector muestreador de alarma biológico”.

Defensa busca 18 de esos aparatos para empezar a dotar al Ejército de un instrumento con el que saber si una ciudad, o una base, o un campo de batalla, están siendo objeto de ataque con virus o esporas. Es uno de los escenarios de guerra futura para el que se preparan las Fuerzas Armadas.

El gasto previsto por el Ejército para cada uno de estos sensores es de 54.425 euros, que sube a 56.000 si se le añaden las herramientas para mantenerlo y el kit de comprobación de su funcionamiento.

Este 25 de agosto comienza la búsqueda entre los postores de un mercado consciente de que los encargos se incrementarán, hasta que al menos cada futuro grupo de combate cuente con este tipo de alarmas.

El pliego de prescripciones de esta herramienta militar exige que el equipo “tenga la capacidad de detectar esporas, bacterias, virus y toxinas” en aerosoles tanto a campo abierto, en la calle o en el interior de edificios. El Ejército se plantea que la máquina sea capaz de oler el aire a entre -10 y 50 grados de temperatura, y medir la presencia de esas partículas venenosas en diez minutos, activando la alarma en no más de 60 segundos.

Cada una de estos detectores debe ser capaz de emitir por GPS dónde se encuentra, así como transmitir a un ordenador el resultado de su análisis.

Hasta el momento, las principales armas robóticas contra virus y bacterias del Ejército pueden ser portadas por dos robots, Avenger y Teodor. Ambas máquinas forman parte del proyecto Atila de Defensa. El nombre se forma con siglas para Antivirus por Iluminación de Luz Ultravioleta Autónomo. El sistema fue probado por las Fuerzas Armadas en las desinfecciones de la Operación Balmis, durante los meses más duros de la pandemia de covid.

La preocupación militar por escenarios de guerra NBQ (Nuclear, Biológica o Química), latente desde el uso de armas químicas por el régimen sirio en 2018, se ha disparado este año con la invasión rusa de Ucrania, y las acusaciones cruzadas de Rusia y Estados Unidos sobre la posibilidad del recurso a este tipo armamento.