JUEGO DE TRONOS

Feliz verano, porque lo de después puede ser el Apocalipsis

El líder del PSC, Salvador Illa, durante su intervención en el consell nacional celebrado en Terrassa.

El líder del PSC, Salvador Illa, durante su intervención en el consell nacional celebrado en Terrassa. / CAROLA LÓPEZ

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Albert Sáez
Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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La vida se organiza cada vez más por cursos académicos y no por años naturales. El mes de julio es una especie de Apocalipsis en el que parece que se acaba el mundo y septiembre una natividad en la que empieza todo. Políticamente, esta sensación es más bestia este año, porque después del verano estaremos (aún más) en una campaña electoral de largo recorrido que tendrá una primera meta en mayo con las municipales y otra en diciembre con las generales. En Catalunya, el mapa político sigue organizándose en torno al independentismo, aunque cada día con menos intensidad. Los partidos acaban exhaustos de tanta gesticulación y tienen urgencia de que pasen cosas. 

Placidez en el PSC 

Que el adversario reconozca que vas por delante es uno de los escenarios más favorables en política. Le pasa al PP en España cuando el CIS le da ganador. Y le ha pasado esta semana al PSC con la encuesta del CEO en la que le llegan a dar hasta 42 diputados, un resultado de escándalo en la era de la fragmentación. Es cierto que el bloque independentista sigue sumando la mayoría, pero dada la inestabilidad de Junts, se abren muchas posibilidades para Illa. En los cuarteles de Pallars, cundía esta semana la satisfacción por el resultado de muchas horas de carretera y por el efecto de arrastre para las candidaturas municipales. Deberían sacar más pecho en Ferraz de un hecho insólito: Catalunya es el único territorio donde el hundimiento de Ciudadanos alimenta el crecimiento socialista. Eso no pasa en el resto de España donde los fugados a los naranjas acaban apoyando al PP. Solo ese indicador debería bastar a la Moncloa para no meter sus garras en la candidatura del PSC en Barcelona.

Esquerra, inquieta

Los republicanos catalanes son muy sensibles a las encuestas. La del CEO tranquiliza por un lado, incrementan la ventaja con respecto a Junts, pero ven como el PSC se consolida en cabeza. Se aleja el sueño de aumentar la base por la izquierda. Eso puede frustrar a las bases del área metropolitana y de Barcelona que esperaban aumentar o consolidar el sorpaso. En el caso de Ernest Maragall, ese efecto puede sumarse al de una cierta recuperación de Junts de la mano de Xavier Trias. Una tormenta perfecta. Esquerra se consolida como el partido más organizado del independentismo pero empieza a notar la falta de épica y de liderazgo fuera de la gestión. La fórmula de Junqueras haciendo de Arzalluz no funciona en la era de las redes y Rufián, al que algunos quieren convertir en la estrella de la campaña municipal, suma en muchos sitios pero resta en otros. Nervios. 

Junts ‘is back’

El asesinato político homeopático de Laura Borràs pasará a los anales del maquivelismo. La presidenta del Parlament se ha inmolado como las víctimas de la mafia siciliana a las que ataban por las manos y el cuello y al intentar desligarse lo que hacían era ahogarse. Borràs ha caído a manos de sus incondicionales que la han llevado en procesión hasta el patíbulo. Turull, un culo di ferro tradicional, ya hace y deshace en Junts, 15 días después de ganar el congreso sin necesidad de enfrentarse con la candidata sino contemplando su salida de escena, plácidamente, sin una gota de sangre. Despejada esta incógnita le quedan algunas más relevantes: a quién promueve en la presidencia del Parlament, a quién convierte en la persona fuerte del partido en el Govern, quién será el candidato/a en Barcelona y quién encabezará la lista al Congreso. Uno de esos cuatro acabará de líder electoral de Junts en la próxima contienda autonómica. Apuesten. 

Díaz y Feijóo

El CEO daba bajas expectativas a En Comú Podem y muy buenas al PP. A los de Albiach no les sienta bien el alineamiento con Yolanda Díaz o, mejor dicho, que su apuesta no arranque. Mientras que a Alejandro Fernández, Feijóo le pone por delante de Vox. Cara y cruz. Los primeros dependerán de Colau que solo será alcaldesa si es la lista más votada. Y el segundo, tiene que pagar el pecado de apoyar a Casado y renunciar al mando orgánico para seguir en el cartel lectoral. Todo muy cogido con alfileres para resistir la tormenta perfecta de otoño: precios disparados, escasez energética y tipos altos. En Estados Unidos, ya es recesión.