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Lastra o el enésimo cuestionamiento de una política embarazada

Su renuncia evidencia la incompatibilidad de las exigencias de la política actual con los cuidados

Lastra o el enésimo cuestionamiento de una política embarazada

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Violeta Molina Gallardo
Violeta Molina Gallardo

Periodista

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Adriana Lastra ha renunciado a su puesto de responsabilidad en el PSOE por la "dificultad de compaginar" el reposo y los cuidados que exigen su embarazo con la "intensidad" de su trabajo. Los motivos de su dimisión han sido criticados por voces que denuncian que el embarazo aún sea un motivo de abandono y desigualdad laboral para las mujeres, ¿pero se hubiera producido la misma respuesta si quien renunciara a su carrera para dedicarse a la paternidad hubiera sido un hombre? ¿Son compatibles política y cuidados?

El escrutinio y cuestionamiento de las mujeres embarazadas que tienen funciones políticas es habitual en España. Carme Chacón, Soraya Sáenz de Santamaría, Begoña Villacís o Irene Montero pasaron por ello. Que si cogen completa la baja de maternidad, que si se incorporan muy pronto al cargo tras dar a luz, que si trabajan hasta un avanzado estado de gestación... Esta vez, las críticas se han cebado con Lastra. En esto, los tiempos se resisten a evolucionar.

"¿Que hay machismo a la hora de juzgar el cuerpo de las mujeres en la política? Claro, en la política y en todas las esferas de la vida", indica la escritora y periodista Nuria Labari.

"A las mujeres siempre se nos va a criticar, hagamos lo que hagamos, decidamos lo que decidamos: o bien por no cumplir con los roles de género establecidos, por alejarnos de ellos, o bien por acercarnos a ellos. (...) La cuestión que plantearía es si este mundo del ámbito de lo político, que es el mundo de la relevancia pública, está construido para todas las personas o bien ha sido construido y está funcionando, por tanto, con arreglo a un tipo de sujetos dominantes, que son los hombres; si tiene cabida en ese mundo quien no tenga esa condición o no se comporte como manda la normatividad masculina clásica", se pregunta la profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante María del Mar Esquembre Cerdá.

Compaginar cuidados y responsabilidad

La hasta hoy número dos del Partido Socialista ha decidido dimitir de su puesto alegando "cambios importantes" en su vida personal que le exigen "tranquilidad y reposo" y que la han obligado a "tomar una baja laboral que se va a prolongar aún un tiempo". Tras explicar que ser vicesecretaria general es una tarea "muy exigente en tiempo, esfuerzo y desvelos", anunciaba su renuncia: "Por todo ello, y ante la dificultad de compaginar las exigencias de reposo y cuidados, imprescindibles en mi situación actual, con la intensidad que exige la dirección del Partido, he presentado mi dimisión".

Era el presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, quien hacía público que la dirigente socialista está embarazada. A partir de aquí, se han sucedido críticas a la decisión de Lastra, una de las figuras feministas más importantes de su partido.

Las tensiones de la política

"La gente no conoce lo que significa un cargo orgánico de la responsabilidad que tenía que desarrollar: está lleno de tensiones por definición. No es comparable con el mundo laboral, que a las tres o a las seis desconectas. No hay fines de semana, el teléfono no deja de sonar, no hay tiempos muertos. Y estamos hablando de un embarazo de riesgo", justifica la profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca Soledad Murillo.

"Otra cosa es que, después, la maternidad es absolutamente compatible con ejercer un cargo orgánico, el tema es que es muy importante saber que esta decisión responde a una situación concreta y que tiene una dimensión temporal. Supongo que en el futuro volverá a ocupar un cargo orgánico, no digo en el mismo puesto, pero sí en uno equivalente, con ese rango y ese estatus", señala la exsecretaria de Estado de Igualdad.

Desde otro lugar, la politóloga Verónica Fumanal estima que no es la salud, sino que han sido otras las razones que han llevado a Lastra a dimitir, por lo que cree que esta despedida "desmerece su trayectoria" y es "tremendamente injusta para ella": "No le hace justicia porque efectivamente Adriana Lastra es una de las mujeres referentes en feminismo, en igualdad, en la lucha de los derechos de las mujeres sin peros. Y precisamente que dimita del segundo puesto más importante del PSOE por la maternidad envía un mensaje contraproducente", afirma Fumanal.

Esta politóloga reflexiona, a raíz de la marcha de Lastra, sobre lo difícil que es para las mujeres romper los techos de cristal. "Estamos hablando de perder el sitio, con lo que nos cuesta llegar, madre mía, para dejarlo así", añade.

Juzgar una decisión personal

Nuria Labari considera es imprescindible no confundir las decisiones individuales con la comunicación política: "La decisión individual no le corresponde a nadie juzgarla, pero la comunicación política de esto ha sido nefasta. (...) Para la institución creo que es una torpeza vincular la salida de una mujer con responsabilidad con un embarazo", argumenta la autora.

A su juicio, las organizaciones con un discurso por la igualdad y abiertamente feminista han de tener un especial cuidado con los modelos de conciliación que ofrecen. Opina la escritora de 'La mejor madre del mundo' que en un contexto en el que las mujeres no están en una situación de igualdad en el mercado laboral, el caso de Lastra se tendría que haber comunicado mejor: "Si no hay ninguna presión, hay que explicarlo detalladamente".

"Cualquiera puede dimitir si le da la gana, lo que no puede ser es una decisión que venga provocada, la hayan forzado a tomarla o tenga que ver con el hecho de que para su partido o sus jefes el embarazo sea incompatible con el trabajo", insiste Labari, que recuerda que en 2022 aún hay en España muchísimas mujeres que renuncian a su trabajo.

¿Pero tan incompatibles son cuidados y política?

Esquembre denuncia que el ejercicio político exija una dedicación de 24 horas los siete días de la semana y los 365 días del año, "unas exigencias que son inhumanas". "No voy a entrar a valorar su decisión, que lo suyo le habrá costado tomarla, es algo muy duro. Ojalá haya sido su decisión, a lo mejor no es la que que hubiera tomado si las circunstancias hubieran sido otras, si las reglas de acceso y permanencia no obligasen a apartarse totalmente de la escena o le garantizasen una vuelta", dice la profesora de Derecho Constitucional.

En este sentido, Murillo apunta a la necesidad de pensar en qué mecanismos tiene la política para desactivar tensiones, para buscar un trabajo colaborativo y para ser más propensa a los acuerdos que a la competitividad. "Pero no solamente para las mujeres, también para los hombres. La política es muy difícil, está llena de tensiones -que no siempre son explícitas- y en lo que hay que pensar en por qué el ámbito político no es más colaborativo y menos intenso en el sentido de esa competencia", reitera.

¿Y si hubiera sido un hombre?

La evaluación que se hace de las decisiones personales de las figuras políticas continúa marcada -¿y qué no lo está?- por el género. Si en lugar de asistir a la renuncia de la vicesecretaria de organización del PSOE, este lunes la noticia hubiera sido la dimisión de un político para dedicarse a los cuidados de su familia, la respuesta de la opinión pública hubiera diferido.

Así lo ven tanto Fumanal como Esquembre.

"Hubiera sido algo tremendamente positivo para el hombre, no una crítica. Lo que nos han mostrado siglos de humanidad es que quienes tradicionalmente han renunciado a sus carreras por los cuidados han sido las mujeres. Un hombre que lo hace sería una rara avis y estaríamos todas aplaudiendo con las orejas", cree la politóloga.

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"Si hubiera sido un hombre, gran aplauso y ovación. Cuando renuncian a sus privilegios y asumen mínimamente la responsabilidad que les corresponde se vive con un premio. A nosotras se nos castiga", lamenta Esquembre.

Para pensar y revisarse.