Relaciones entre socios de Govern

La 'viejoven' obsesión de Junts por Madrid

  • Los posconvergentes echan de menos su papel de 'conseguidor' de su época dorada y martillean a ERC para que les permita volver al ruedo de la influencia política

Dos portavoces de CiU ( Miquel Roca y Josep Antoni Duran) y la actual de Junts, Míriam Nogueras.

Dos portavoces de CiU ( Miquel Roca y Josep Antoni Duran) y la actual de Junts, Míriam Nogueras.

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

Escribe desde Barcelona

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Una de las principales características del gen convergente, en sus buenos tiempos, fue convertirse en la voz de Catalunya en Madrid. CDC y CiU fueron durante años los ‘conseguidores’ (en el sentido positivo del término) de leyes, medidas e inversiones y eso les dotaba, no solo de largos minutos en televisión, si no de una pátina de utilidad al ciudadano que se veía recompensado en las urnas. Y sus portavoces, sobre todo Miquel Roca, y Josep Antoni Duran Lleida, adquirían, inmediatamente, tanta notoriedad que incluso hacía torcer el gesto a sus líderes de Barcelona.

En las dobles elecciones del 2019 la ERC liderada por Gabriel Rufián superó con creces a la marca electoral que el PDECat, sucesor de CDC, había creado. La candidata de esa marca, Junts per Catalunya, fue Laura Borràs. En el derbi independentista, ERC ganó por 13 escaños a 8. En las elecciones del 2015, los republicanos ya habían vencido a los posconvergentes, pero por un ajustado 9 a 8. Además, el papel de ERC como clave para la estabilidad no eclosionó hasta la moción de censura de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy.

A ese 13 a 8 hay que sumarle una decisión táctica de Carles Puigdemont. En su voluntad de desmarcarse de todo vestigio convergente, se escindió del PDEcat y formó un nuevo partido, precisamente la marca electoral elegida en el 2019, Junts per Catalunya. Los ocho diputados se repartieron salomónicamente entre JxC y la matriz PDEcat. El resultado de todo ello es que, aun hoy y seguramente durante todo el 2023, el guarismo del derbi es de 13 a 4. Y lo que es peor para los posconvergentes, los votos de Junts en el Congreso no sirven para nada.

Así pues, Junts, que en Catalunya se disputa la hegemonía independentista con ERC carece de toda influencia en el Congreso. ¿A dónde se dirigen hogaño aquellos que antaño iban a la sede de CDC para pedir, reclamar o proponer medidas que ayuden a su empresa, gremio, sindicato o club de bádminton?

Segundo aniversario

El partido político, como tal, cumple este julio dos años. Y en apenas 24 meses, los intentos por tierra, mar y aire de los posconvergentes por atar a los republicanos a una estrategia conjunta, que les permita opinar y decidir sobre un ‘grupo’ de 17 ha sido tan constante que parece que llevan ya años presionando. 

El argumento formal nace, de hecho, de una frase de ERC: "EL PSOE no hace, se le obliga a hacer". A lo que los posconvergentes arguyen que nada como un trabajo de zapa en el Congreso y una inestabilidad constante para que los socialistas cumplan sus promesas. Problema: con cuatro diputados no alcanza.

No hay sesión de control a Pere Aragonès en el Parlament en la que el presidente del grupo de Junts, Albert Batet, no reclame la coordinación de las fuerzas en el Congreso y el mando estratégico conjunto. En la negociación para la formación del Govern, la alianza en Madrid fue uno de los temas que Aragonès tuvo que esquivar.

La última intentona se produjo el pasado jueves en el Parlament. A cuenta de la mísera ejecución de la inversión prevista para Catalunya en los Presupuestos Generales del Estado, el ya famoso 36%. Presentaron los posconvergentes una moción de ocho puntos, en la que en el primero se insta al Govern “ a exigir al Gobierno que liquide de manera urgente los importes no ejecutados del 2021”. 

Seis puntos después de glosa, en la línea que también hace ERC, del memorial de agravios catalán ante la desafección histórica del Estado a invertir, en el punto ocho, la moción rezaba lo siguiente: “El Parlament manifiesta la necesidad de que los grupos que apoyan el punto 1 se comprometan a no apoyar los PGE del 2023 hasta que no se liquiden las inversiones pendientes”.

Ironía y estupefacción

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La reacción de ERC fluctuó entre la ironía y la estupefacción. “¿Qué partidos votaron los PGE del 2022? Los dos del Gobierno (PSC y los ‘comuns’) y ERC. ¿A quién busca Junts? A ERC. Hacen mociones contra nosotros”, se explayó una voz.

Una segunda voz señaló que ERC iba a votar a favor de los siete primeros puntos (incluido el 1) y, en contra, en el 8 porque, más allá de todo, “es bastante fantástico que un Parlament decida lo que debe de votar un partido soberano en otra Cámara”. Y añadió un sucinto “el 13 a 4 se cambia en las urnas, no en los ‘despachos’”. Y un personaje con memoria recuerda que nunca CiU pidió frente común alguno a ERC, por ejemplo en el 2004, cuando los republicanos, con Josep-Lluís Carod-Rovira como cabeza de cartel obtuvieron ocho escaños. En esa legislatura, Artur Mas y Josep Antoni Duran i Lleida se plantaron en la Moncloa para cerrar el Estatut del 2006.