Relación entre fuerzas

ERC-PSC: diálogo sin mesa en Catalunya

  • Aragonès opta por la bilateralidad con los socialistas y rehúye de foros que alienten el marco de una fractura social

Salvador Illa y Pere Aragonès.

Salvador Illa y Pere Aragonès. / EFE / MARTA PÉREZ

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Si existe un aspecto en el que el catalanismo ha porfiado siempre es en lograr una relación bilateral con el Estado. Los sucesivos gobiernos estatales, sin embargo, siempre han tratado de diluir el conflicto territorial catalán en el magma de todos los territorios de España. Llámese Conferencia de Presidentes, Consejo de Política Fiscal y Financiera o cualquier otro foro análogo. La creación de la mesa de diálogo y negociación fue recibida por ERC como un auténtico hito justamente por eso, más allá de que, sobre todo, se reconociera la existencia de un conflicto.

En Catalunya, como sucede en otros aspectos (el PP que arrasa hegémonicamente en Andalucía apenas ocupa el grupo mixto del Parlament), la imagen aparece invertida. El primer partido de la oposición, el PSC, tiene un diálogo bilateral franco con el 'president' Pere Aragonès. Hay reuniones a dos y, en asuntos clave, una buena entente con el Govern, como se demuestra con el acuerdo a cuatro (con ERC, Junts y 'comuns') por la ley del catalán en las aulas y en la renovación de los organismos que dependen de la Generalitat, singularmente la CCMA.

Pero lo que no concede Aragonès a Salvador Illa es su reiterada demanda de creación de una mesa de partidos catalanes. El Govern, con su trato preferente al líder socialista, quiere demostrar que no es una cuestión de diálogo o no, sino del mensaje que se transmite con la forma en que realiza dicho diálogo.

Hay una afirmación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que siempre ha causado escozor en el independentismo y no es otra que que la reivindicación secesionista, y los actos que la acompañaron, "fracturó" a los catalanes. Tomando esta premisa como cierta, Illa reclama una mesa de partidos para "hallar soluciones conjuntas" que recosan esas sociedad eventualmente abierta en canal.

Aragonès niega la mayor y ve en los intentos del PSC un intento de diluir la mesa de negociación con el Estado. En sus inicios, incluso hubo quien señaló que esa mesa de partidos catalanes es la que debería elevar las propuestas en la negociación del Estado por incluir a todos los ciudadanos del territorio.

El 'president' siempre se ha negado a ella recordando que en todo el mundo el gobierno es el máximo representante de un territorio, empezando por España, donde el Ejecutivo acude a negociar con la Generalitat sin consultar sus puntos con, pongamos por caso, el PNV. De ahí nacen, también, sus problemas con Junts, cuando les exige que sean 'consellers' los que participen en ese foro.

Modulación bilateral

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Con todo, el tono de la exigencia de Illa ha ido cambiando. Sigue reclamando una mesa catalana, sí. SIn ir más lejos, y como suele ser habitual, el pasado miércoles en la sesión de control al 'president'. Ese día, Aragonès le retó a presentar una lista de posibles temas a tratar. Apenas cuatro horas después el socialista le renvió los 43 puntos que ya le hizo llegar en la última reunión pública a dos, en febrero.

Otra cosa es el calado de los acuerdos a lo que puedan llegar ambas fuerzas. Del análisis de los hechos se puede extraer una matriz de comportamiento de ERC. Pactos para renovar cargos, sí. Sobre todo porque la fuerza del PSC en el Parlament no deja otra salida. Pactos transversales en cuestiones de 'país', como es el catalán, también. Y se buscó con ahínco. Pactos, que siempre incluyen cesiones, sobre la hoja de ruta del Govern (como los presupuestos), no. La ruptura de bloques es aún algo futurible a este nivel. Y menos a poco de las municipales donde el PSC podría dar lustre a lo conseguido.