Defensa

Del 'OTAN no, bases fuera' a la cumbre de Madrid: 40 años de relación atlántica

La apuesta de los diferentes gobiernos por el 'atlantismo', el 'europeísmo' o el equilibrio entre ambos ha marcado la política exterior de España en los últimos 40 años. Ahora, y tras las reticencias iniciales, siete de cada diez españoles apoyan la pertenencia a la OTAN

Manifestación contra la OTAN frente al Congreso de los Diputados, en abril de 2001.

Manifestación contra la OTAN frente al Congreso de los Diputados, en abril de 2001.

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Alberto Muñoz

Cuarenta años después de su ingreso, y a las puertas de la cumbre de la OTAN en Madrid, que será clave por el escenario abierto por la guerra en Ucrania, España redefine, una vez más, su relación con la organización. Nuestro país ha pasado por diferentes etapas en las que se ha ido alejando o acercando -dependiendo del gobierno de turno- de una alianza militar que ha cobrado especial relevancia a raíz de la amenaza rusa a la estabilidad occidental.

En las últimas décadas España ha ido basculando entre el ‘atlantismo’ —la cercanía a las posturas de la OTAN y Estados Unidos—, y el ‘europeísmo’ —la búsqueda de peso en Bruselas alineándose con los postulados defensivos de la Unión Europea-. El proceso de adhesión a la Alianza Atlántica se inicia en1981, cuando el presidente Leopoldo Calvo Sotelo incluye el ingreso en su programa de gobierno. Casi de forma inmediata se inician las negociaciones y en mayo de 1982 España se convierte en el miembro número dieciséis de la Organización.

González: ‘OTAN, de entrada no’

Su incorporación a la OTAN coincide con la presidencia del socialista Felipe González, que se encargó, no sin riesgo, de lidiar con las reticencias de las formaciones de izquierda de la época. Aunque cuando llegó al poder hizo popular el eslogan ‘OTAN, de entrada no’, logró que se apoyara el ingreso en el referéndum convocado en 1986 con un 52% de los votos a favor. Ese año España entró en la OTAN y en la Comunidad Europea.

“González consiguió integrar con éxito las dos posturas del ‘atlantismo’ y el ‘europeísmo’ en España manteniendo una línea media entre ambas, y, a nivel internacional, aumentó el perfil político de nuestro país tanto en la OTAN como en Europa”, explica Borja Lasheras, investigador senior del Centro de Análisis sobre Política Europea (CEPA).

Aznar, en brazos de Estados Unidos

Cuando José María Aznar llega al Gobierno en 1996, la opinión pública española estaba ligeramente más interesada por el proyecto europeo, que ayudaba al funcionamiento de la democracia y la modernización del país, que por las relaciones con la OTAN. En su primera legislatura, Aznar apostó por una política exterior continuista y por mantener un equilibrio entre su apuesta por Europa y por la Alianza Atlántica. “Una política exitosa, pues en aquel momento España era un país atractivo que empezaba a formar parte del panorama internacional”, apunta Lasheras.

Sin embargo, en su segundo mandato las cosas cambiaron. Su acercamiento a Estados Unidos, su presencia en "la foto de las Azores' junto a George W. Bush y Tony Blair avalando la invasión norteamericana de Irak en 2003 escoraban por primera vez a España hacia una relación estrecha con los Estados Unidos en detrimento de los postulados europeos y el eje franco-alemán. España desequilibró así su política exterior, según el investigador del CEPA.

Zapatero y la retirada de Irak

Fue el siguiente inquilino de La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero, quien prometió el regreso de las tropas españolas desplegadas en Irak y centrar a España de nuevo en el proyecto comunitario. “Quiso volver a Europa, pero con la decisión unilateral de retirar las tropas hizo tanto daño a nuestra credibilidad internacional como el que hizo antes Aznar”, explica el experto.

Rajoy: ‘Menos Siria y más Soria’

Su sucesor, Mariano Rajoy, inmerso en 2011 en la gestión la grave crisis financiera que había estallado tres años antes hizo célebre la idea de ‘Menos Siria y más Soria’, para ilustrar que el esfuerzo gubernamental se centraría en la política doméstica. “Rajoy tuvo un perfil bajo. No estaba muy interesado en la política exterior, pero consiguió que España cumpliera con sus compromisos y eso nos devolvió parte de la credibilidad perdida”, apunta Lasheras. España cumplió con las misiones de la OTAN y asumió, en la Cumbre de Cardiff de 2014, el compromiso de dedicar un 2% del PIB a Defensa, aunque nunca llegó a cumplirlo.

Sánchez, la versión moderna de González

El actual presidente, Pedro Sánchez, ha apostado por reclamar para España el peso internacional que le corresponde por su tamaño. "Es una síntesis entre el ‘europeísmo’ y el ‘atlantismo’. Apoya una UE más fuerte en seguridad y defensa pero también tiene muy clara la importancia de apostar por una OTAN de 360 grados que sea capaz de hacer frente a todas las amenazas independientemente de su origen. Es una versión moderna de González”, apunta Lasheras.

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Sánchez, que se ha comprometido a aumentar el gasto en Defensa para llegar al 2% del PIB prometido antes de 2030, podría aprovechar la cumbre de Madrid a finales de junio para reforzar su compromiso con la organización atlántica. España ha pasado del 0,91% del presupuesto de Defensa en 2019 al 1,03% actual.

Ahora, y en el contexto actual de guerra provocado por la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el apoyo de los españoles a la pertenencia a la OTAN está, según una reciente encuesta de YouGov, en más del 64%, y solo el 12% estaría manifiestamente en contra. Ahora mismo, España participa en seis misiones y tiene alrededor de 1.380 efectivos desplazados. A España siempre se le ha considerado una potencia que ‘pega por debajo de su peso’, es decir, con menos importancia en la esfera internacional de la que le correspondería por su tamaño.