1 año del Govern Aragonès: la hemorragia social no se cura con tiritas

Como una arteria abierta en canal, la desesperación y la exclusión social sangra incesantemente en Catalunya. Lo demuestran los 25 desahucios diarios, el barraquismo que ya se ha cobrado seis vidas este mandato, las cifras crecientes la pobreza infantil o las largas listas de espera para las ayudas a la dependencia. La conselleria de Drets Socials no niega la realidad y ha empezado a tomar medidas al respecto. Pero no llegan, ni de lejos, a atajarla.

Diamata Gheorghe arropa a su hija Raisa, en la antigua oficina de un banco ocupada donde vive con el resto de su familia

Diamata Gheorghe arropa a su hija Raisa, en la antigua oficina de un banco ocupada donde vive con el resto de su familia / Ferran Nadeu

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Cuando la 'consellera' Violant Cervera tomaba posesión de su cargo en el Govern, EL PERIÓDICO publicaba un reportaje sobre las 92 personas que viven en el raso y en coches, en L'Hospitalet de Llobregat. Solo en el Área Metropolitana se calculan más de mil personas en esta situación. Un año después, allá siguen estas almas.

Se les ve en las colas del hambre que no desaparecen y que la inflación está poniendo en aprietos. Sube el pan y la luz ahoga a los hogares. Especialmente los que sobreviven con prestaciones sociales que no dan para pagar los gastos. Cada día hay 25 desahucios en Catalunya, la comunidad donde más se registran. También somos líderes en listas de espera para la dependencia: entrar en una residencia de ancianos, de discapacidad o salud mental cuesta dos años en la cola. Y las muertes en los geriátricos por el covid, casi 10.000, señalan demasiados fallos.

La pobreza ha matado a seis personas durante este año. Hace apenas seis meses acabó en un incendio con una familia con dos niños que vivían en una antigua oficina bancaria en Barcelona. Volvió a carbonizar a una pareja que vivía a las orillas en el río Besòs. Un reguero de muertes que es crónico, que se viene arrastrando desde la fatídica muerte de una señora de 80 años en Reus en 2016.

A diferencia de otros mandatos, la 'conselleria' no se esconde y admite que llega tarde. Tampoco estrangula con recortes. Ha iniciado un programa para conseguir vivienda social, ha rescatado del cajón el plan para acabar con el sinhogarismo y se ha sentado en la mesa con el ayuntamiento de Montcada para acabar con las vergonzantes chabolas a orillas del río. Está ayudando a los cuidadores de familiares. Ha iniciado una agencia para repensar la atención en los geriátricos y está apostando por el modelo nórdico contra el maltrato infantil.

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Mientras, la pobreza entre niños ya supera el tercio de catalanes. Las residencias siguen con las mismas carencias que antes. Y las chabolas no han desaparecido, allí siguen.

Una tirita no puede frenar la hemorragia. Hay riesgo de gangrena.