Crisis migratoria

Un año de la peor crisis con Marruecos: 12.000 migrantes entraron en Ceuta

España y Marruecos vuelven a tener trato diplomático tras un año marcado por la crisis migratoria en Ceuta, aunque el caso del espionaje con el programa Pegasus vuelve a poner en duda al país vecino

Todo listo en el lado marroquí del paso fronterizo del Tarajal para su apertura este lunes a medianoche después de dos años cerrado por la pandemia y la crisis entre España y Marruecos. La reapertura coincide con el aniversario de la entrada a Ceuta por esa frontera de 10.000 migrantes ante la pasividad de las autoridades marroquíes. EFE/María Traspaderne

Todo listo en el lado marroquí del paso fronterizo del Tarajal para su apertura este lunes a medianoche después de dos años cerrado por la pandemia y la crisis entre España y Marruecos. La reapertura coincide con el aniversario de la entrada a Ceuta por esa frontera de 10.000 migrantes ante la pasividad de las autoridades marroquíes. EFE/María Traspaderne

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EFE

En unas horas España y Marruecos reabrirán sus fronteras terrestres, justo el mismo día que hace un año se vivía la mayor crisis migratoria de la historia con el país vecino: más de 12.000 personas -muchas de ellas, menores- entraron en Ceuta en un episodio que sonó a represalia por la acogida en un hospital de Logroño del líder de Frente Polisario Brahim Gali.

Nada hicieron las fuerzas de seguridad marroquíes por impedir esa gran avalancha de inmigrantes en una población de apenas 85.000 habitantes.

Fue "el momento más difícil" de la historia reciente de la ciudad autónoma, como lo resumía este fin de semana su presidente, Juan Jesús Vivas, en una entrevista con Efe, en la que aseguraba que los ciudadanos percibieron desde el primer momento que se trataba de "un intento de desestabilizar Ceuta como medio para presionar a España y, por ende, a Europa".

Y, efectivamente, esto provocó una crisis diplomática que solo se zanjó casi un año después, tras la visita a Rabat el pasado 7 de abril del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y después de que España explicitara su apoyo a la propuesta de autonomía del Sahara Occidental bajo soberanía marroquí.

Entre tanto, la entrada secreta de Gali en España para tratarse de un cáncer y aquejado de covid acababa en los tribunales, en una causa que aún sigue su proceso.

Aunque las aguas de las relaciones entre ambos países parece que han vuelto a su cauce, el anuncio de que los dispositivos móviles de Sánchez y los ministros de Defensa, Margarita Robles, e Interior, Fernando Grande-Marlaska, fueron infectados por el programa de ciberespionaje Pegasus -muy usado por Marruecos-, entre el 19 de mayo pasado y el mes de junio, ha girado la mirada hacia el país vecino.

La avalancha

Mohamed Mustafa es taxista y recuerda esos días como si hubiesen sucedido este domingo, según confiesa a Efe. Y esto fue lo que sucedió.

Madrugada del 17 de mayo de 2021: unas 200 personas entran en la ciudad autónoma bordeando el espigón de la frontera norte de Benzú. Pero "lo peor estaba por llegar", como recuerda a Efe un agente de la Guardia Civil.

Ya por la mañana de ese día la entrada de inmigrantes se traslada a la otra frontera -la del Tarajal- con el acceso de cientos de marroquíes que no pueden ser contenidos por los efectivos del instituto armado. Por la tarde, la situación se agrava con nuevos accesos clandestinos.

El 18 de mayo la avalancha se repite y se trasladan hasta la zona unidades del Ejército de Tierra, que se ven desbordadas para contener a las más de 12.000 personas que entran en la ciudad y echan a correr en dirección al centro o a la cercana barriada del Príncipe.

Desde última hora de ese día, el amplio despliegue de efectivos policiales y militares posibilita que se devuelva ya a Marruecos a todos los que siguen queriendo entrar ilegalmente, muchos de ellos a bordo de pequeñas embarcaciones.

"Fueron momentos duros, que no olvidaremos. Un compañero salvó la vida a un marroquí que apenas sabía nadar", relata a Efe un militar del Ejército de Tierra, perteneciente al Grupo de Regulares número 54, que estuvo destacado en la zona de la playa.

Como él, muchos ceutís pudieron ver a miles de inmigrantes deambulando por las calles de la ciudad sin saber qué hacer. Era como si en Madrid entraran de golpe 500.000 personas, decía Vivas gráficamente en su entrevista con Efe.

Una situación que dejó a los alumnos en casa. De hecho, las ausencias en los colegios e institutos de la ciudad alcanzó el 70 por ciento.

"Yo no llevé a mis hijos al colegio porque las calles estaban llenas de inmigrantes, no sabíamos si traían covid o no y opté por dejar a mis dos niños en la casa", explica a Efe José Luis García, propietario de un comercio en el centro de la ciudad.

Un SOS a la lealtad institucional

Ante esta situación, el Gobierno de Ceuta que preside Vivas (PP) lanzó un SOS y apeló a la lealtad institucional para reclamar el apoyo tanto del Estado como de las instituciones europeas.

El Ejecutivo tuvo que habilitar hasta cinco naves industriales, así como un albergue provisional, donde se acogió a más de mil inmigrantes, la mitad menores, que se habían quedado en Ceuta.

Días después, muchos de los que habían entrado -más de 3.000- optaron por regresar voluntariamente a Marruecos tras varias jornadas deambulando por Ceuta sin saber dónde ir, mientras que otros decidieron establecerse en asentamientos ilegales en los montes o playas.

En el caso de los menores, la ciudad acogió a más de 1.000 niños de forma inicial, aunque la cifra fue oscilando. Un año después de la avalancha todavía quedan en la ciudad 35 adultos acogidos en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), así como 320 menores, la mayoría en el centro de realojo de La Esperanza.

El periplo judicial de la repatriación de los menores

Casi tres meses después, España comenzó a repatriar a los menores no acompañados que permanecen en Ceuta, una medida criticada por las ONG, algunos partidos, el propio Defensor del Pueblo y la Fiscalía y que finalmente llegó a los tribunales.

Así, el 16 de agosto un juzgado de Ceuta ordenó suspender la repatriación de nueve menores, mientras el Ministerio del Interior defendía que las devoluciones se estaban llevando a cabo de forma legal y primando el interés del menor.

Vivas se puso del lado de Interior, pero no así algunos miembros del Gobierno de coalición, como la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, que llegó a enviar a Marlaska una carta pidiéndole la suspensión de las repatriaciones.

El asunto llegó a la Audiencia Nacional, que el 18 de agosto rechazó suspender las devoluciones de menores porque entendía que con ellas no se estaban violando derechos.

Ceuta mira al futuro

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La crisis migratoria ha marcado un antes y un después para Ceuta, una ciudad que ahora se afana en avanzar en su desarrollo con un plan estratégico diseñado para tal fin. Como resaltó en una visita a la ciudad el secretario de Estado de Política Territorial, Alfredo González, el plan nace para garantizar "un futuro de seguridad, estabilidad y prosperidad" y asegurar el progreso económico y la cohesión social en el territorio ceutí.

Además de los fondos estatales y europeos, el desarrollo de la ciudad cuenta con otro aliado: su propio presupuesto para este año y el mayor de su historia: 389 millones de euros.