Investigación

Sánchez y Robles nombran a "uno de los nuestros" al frente del CNI

Tres pájaros de un tiro: entrega de la cabeza de Paz Esteban a los partidos independentistas, aviso a navegantes para los espías más recalcitrantes con la nueva directora y jaque a Podemos en defensa de la ministra de Defensa

Margarita Robles.

Margarita Robles. / JOSÉ LUIS ROCA

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Ernesto Ekaizer
Ernesto Ekaizer

Escritor y periodista.

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La carambola de las escuchas cruzadas ha funcionado.

Pedro Sánchez, en una operación de prestidigitación y bonapartismo puro, se ha elevado por encima de todos y ha utilizado la bala que guardaba en la recámara desde el momento en que envió al ministro de Presidencia, Félix Bolaños, a denunciar que su teléfono y el de la ministra de Defensa, Margarita Robles, habían sido espiados, ¡también!, tras conocerse que los móviles de 63 dirigentes y activistas independentistas fueron 'hackeados' con el sistema Pegasus.

La confirmación posterior de que, además, entre los 18 independentistas espiados por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) con autorización del magistrado del Tribunal Supremo Pablo Lucas se incluía a Pere Aragonès, cuando era 'vicepresident' y 'conseller' de Economia, según informó Paz Esteban, la directora cesada este martes, a la Comisión de Secretos Oficiales el pasado jueves, facilitó la carambola.

Triple carambola

El presidente de Gobierno ha matado tres pájaros con el tiro a la cabeza de Esteban.

En primer lugar, les ha dado a los independentistas, y en especial a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), su trofeo.

En segundo lugar, con la destitución ha enviado un aviso a navegantes dentro del CNI sobre la existencia de límites.

Y, 'last but not least', ha nombrado a “uno de los nuestros”, Esperanza Casteleiro, al frente de la agencia de inteligencia, entre otras cosas, para garantizar la vigencia de líneas rojas de aquí en adelante, y como mensaje a Podemos de que se olviden de tumbar a Margarita Robles.

La ministra de Defensa ha tenido el proyecto de nombrar a Casteleiro, con dilatada trayectoria de acción como espía en el exterior, directora del CNI, hace tiempo.

Relaciones tensas

Las relaciones entre Robles y el general Félix Sanz Roldán, nombrado por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, no fueron buenas. En julio de 2019, cuando venció su segundo mandato, podía ser la ocasión. Pero no. Porque el Gobierno estaba en funciones y no podía proponer el nombramiento de un nuevo director. Paz Esteban, número dos del CNI como secretaria general, asumió la dirección de forma interina.

Robles contó desde el momento en que asumió el ministerio de Defensa, en junio de 2018, con Casteleiro como jefa de su gabinete. Y en enero de 2020, la ministra de Defensa y el presidente Sánchez decidieron que era más conveniente confirmar a Paz Esteban como directora.

Pero, al tiempo, la carrera de Casteleiro dio un salto, pasando de jefa de gabinete de Robles a secretaria de Estado de Defensa, número dos de la ministra, en julio de 2020.

Era evidente que el camino de Casteleiro hacia la dirección del CNI estaba expedito. Solo era cuestión de tiempo y de oportunidad.

"Una persona de acción"

“Se puede decir que, por primera vez en su historia, el PSOE cuenta con una directora del CNI de toda confianza que procede de La Casa y que, además, es una persona de acción. También es relevante que haya hecho sus pinitos en la política y la acción gubernamental”, explica a EL PERIÓDICO una fuente cercana al Gobierno de Pedro Sánchez.

Casteleiro ya fue número dos del CNI, en su calidad de secretaria general entre 2004 y 2008, cuando el ministro de Defensa Pepe Bono colocó como director a Alberto Sáiz, quien salió en medio de grandes tensiones de la agencia, situación que dio lugar al general Sanz Roldán.

“Es una espía de carne y hueso”, señala otra fuente consultada. “Ha trabajado mucho en el exterior y también en temas de terrorismo en el CITCO (Centro de Inteligencia y contra el Terrorismo Organizado)”, añade.

Precisamente, su rostro trascendió a los medios el 15 de enero de 2021 cuando tuvo que testificar a petición de la defensa del excomisario José Manuel Villarejo en el juicio de injurias y calumnias instigado por la Abogacía del Estado en nombre del general Sanz Roldán. El excomisario acusaba al CNI de haber filtrado una fotografía suya de una presunta operación antiterrorista en Melilla.

Casteleiro declaró que ignoraba la presunta misión y que no había despachado con Sanz Roldán sobre el asunto.

Trabajo a tres bandas

La destitución de Paz Esteban ha sido una operación que ha requerido una división del trabajo a tres bandas en el Gobierno.

Por una parte, la información del Citizen Lab, el grupo de expertos de la Universidad de Toronto, sobre la intervención de los teléfonos de 63 dirigentes y activistas independentistas sacudió la estabilidad del Gobierno en el momento en que debía votarse el plan anticrisis para atajar los efectos de la guerra de Ucrania.

Enseguida, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, y la ministra Robles aparecieron enfrentados en relación con la responsabilidad sobre el pinchazo de los teléfonos del presidente Sánchez y el de la propia ministra, según el informe del Centro Criptológico Nacional (CCN), dependiente del CNI.

Sin embargo, el cierre de filas entre Bolaños y Robles, el pasado viernes 6 de mayo, auguraba una reconducción de los problemas con una política de control de daños a expensas de la directora del CNI, Paz Esteban.

Robles, fortalecida

“Era impensable que Sánchez fuera a prescindir de la ministra de Defensa precisamente durante la crisis de Ucrania”, señaló la fuente cercana al Gobierno.

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Paz Esteban ha caído sin que nadie ofrezca una explicación de fondo. “Es que en 1995 los pinchazos eran ilegales. Y no solo cayó el director Emilio Alonso Manglano, sino que dimitieron el ministro de Defensa, Julián García Vargas, y el vicepresidente Narcís Serra. Aquí hay que imaginarse por qué ha sido apartada Paz Esteban y, además, quienes parecían tocados por el escándalo, como era el caso de Margarita Robles, salen con mayor poderío”, dice la fuente.

Es la prestidigitación de Sánchez, ¡estúpido!